Devilman: pobre diablo, llora

Esta no es una caricatura para niños. Ni esta columna tampoco. Dicho eso, diré que en Devilman te toparás con sexo, drogas, violencia extrema y blasfemias; en técnica, con música fascinante, narrativa innovadora y una paleta de colores que sale del común denominador. Psicodelia y herejía como no la habías visto antes.

Pero esto es entretenimiento, nada más, no promueve los malos hábitos ni quemar iglesias por aquello de los entusiastas. ¿Por qué verla entonces? Porque invita a que te cuestionés acerca de lo que creés estar seguro. Solo es una historia de excesos, batallas cósmicas y escenarios apocalípticos.

Devilman ha salido a la pantalla en varias ocasiones, pero no te confundás, yo hablo de Devilman, crybaby, la más reciente serie de Netflix. Son 10 episodios, y si te picás los verás en un día. Es adictiva. Es justo el título para gente irreverente que busca historias no convencionales.

El argumento es simple: los demonios dormitan en el mundo desde hace eones, resultado de un castigo divino. Eventualmente, despiertan y poseen a los humanos. Akira, un niño de alma pura, tiene una tarea de su amigo Ryo. En medio de una fiesta conocida como Black Sabbath (imaginá lo más mórbido y sórdido… pues así) la misión de Akira es fusionarse con una de estas criaturas. Luego, aniquilar a todos los que encuentre para salvar a la humanidad. Combatir fuego con fuego.

Pero a mitad de la saga, las referencias a lo erótico y a las drogas disminuyen y pasan a un plano más filosófico al indagar en la naturaleza humana y lo que el orbe es capaz de hacer ante lo desconocido. La humanidad llega a ser mucho más violenta que los propios demonios. Difícil de ver y creer; por eso es que el título vale la pena y nos hace preguntarnos: en un universo como el que la serie plantea, ¿seríamos capaces de tanta miseria?

“El amor no existe. No hay tal cosa como el amor. Por tanto, no hay sufrimiento”, Ryo.

Con referencia a clásicos japoneses como Akira y Evangelion, esta serie corona por todo lo alto al anime actual. Es una de esas historias que hacen que occidente vea para otro lado. La posibilidad del Juicio Final en forma de hecatombe nuclear parece más la manera de la salvación en un mundo tan miserable para una historia que se intuye circular. La humanidad siempre está condenada a repetirse, y Devilman llorará por eso, llorará por nosotros.

Decepción fílmica: Una mujer fantástica.

Esta cinta me interesaba mucho. Pensé que sería una historia rotunda de lucha, aceptación y redención, pero es una pérdida de tiempo. Creo que no se siente honesta y está hecha a medida, justo para buscar premios. Hay un momento específico en que llegué a pensar: “Por esta escena le dieron el Óscar”. Pero nada más. Lo que se prestaba para ser un relato humano en busca de la trascendencia, se convierte en algo complaciente. Estoy seguro de que la vida de Marina es mucho más complicada.

Gabriel Arana