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COLUMNAS

Necesarias correcciones

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En su columna del matutino Prensa Libre de la semana anterior nos dice Carolina Escobar Sarti que Manuel Barquín, recientemente fallecido en prisión preventiva –ingrata forma de morir– se encontraba en esta situación ligado a proceso por los delitos de asociación ilícita, financiamiento electoral ilícito y tráfico de influencias, pero Alejandro Balsells, por su parte, en columna del mismo matutino nos dice que lo estaba por un proceso muy serio (no existen procesos que sean divertidos) ligado a lavado de dinero.

La verdad es que no sé quién de los dos tenga razón –podrían tenerla ambos o ninguno– pero no es dilucidarlo, finalmente, la razón de ser de esta columna, sino la de señalar errores en que ambos incurren y que merecen corregirse.

Nos dice Carolina Escobar Sarti que el problema de la prisión preventiva en Guatemala está íntimamente relacionado con el litigio malicioso y con la mora judicial, afirmación que no nos conduce al fondo del asunto, puesto que el litigio podría ser virginal, sin malicia alguna, sin acciones dilatorias de ninguna naturaleza, y podría no existir mora judicial alguna, todos los plazos atendidos con el máximo rigor y atendidos por igual todos los casos que –de todos modos– subsistiría el problema de la prisión preventiva, puesto que este problema –el de su aplicación indebida– se origina en un error conceptual.

La prisión preventiva, me explico, debe ser la excepción y no la regla y –en consecuencia– aplicarse única y exclusivamente en los casos en que la Ley así lo exige, y son únicamente tres, los que a continuación me permito compartir:

El primero, cuando la Ley así lo manda, lo que ocurre en un muy limitado grupo de delitos, delitos tales como el secuestro o el asesinato.

El segundo, cuando no se trate de delitos en los que la Ley exige, pero que, a pesar de no exigirlo, existe peligro de fuga, caso este en el cual debe probarse tal peligro (la existencia de razones fundadas para temerlo) y, el tercero (caso que exige sustentación similar al anterior) que exista peligro de que la libertad de la persona pueda obstaculizar las investigaciones (la acción de la Justicia) .

Ni un solo día, pues, debería estar ningún ser humano en prisión preventiva, a menos que se dé alguno de los tres supuestos citados, lo que nada tiene que ver con el litigio malicioso o con la mora judicial.

Que el citado litigio malicioso y que la mora judicial agudizan el problema constituyen una observación correcta (propician que se prolongue) pero no son estos la causa que lo origina; decretarla o sostenerla contra lo establecido por la Ley.

La intención que se esconde en quienes promueven la prisión preventiva – que se decrete o se sostenga (los fiscales) o en quienes la decretan y la sostienen (los jueces) puede ser maligna y, generalmente, lo es: aparentar una eficiencia que no existe, eficiencia en la persecución penal y en la administración de justicia que son inexistentes, usándosela para aparentar que, con ella, se llegó a los culpables y a la pena, lo cual no es cierto.

En el caso de Manuel Barquín, murió en prisión preventiva –no solo un inocente, este tan solo hubiera podido dejar de serlo si se le hubiera condenado judicialmente, en sentencia firme, lo que nunca ocurrió– sino un ser humano que no debió de estar sufriéndola, no evidenciado su peligro de fuga o de que a estas alturas –años después de estar en esta situación, aprisionado– podría obstaculizar las investigaciones.

La pasión impide el pensamiento claro, y no debe en esto privar sino la razón, puesto que a nada bueno conducirán las pasiones encontradas, ni del pacto de corruptos ni del pacto de farsantes, pésimos los dos.

Coincido con Carolina Escobar Sarti en que es preciso cambiar el sistema penitenciario, y lo que ocurre en el ámbito de la prisión preventiva –cambios por razones correctas y no por razones espurias– el principal de los cambios, sin embargo, aunque esto parezca absolutamente conservador y que no fuese ninguno: el estricto cumplimiento de las leyes.

En el caso de Alejandro Balsells, nos habla de una “prisión provisional”, como si se tratara de sinónimo de prisión preventiva, lo que no es correcto, puesto que esta última –la prisión preventiva– aunque mal aplicada, se encuentra establecida por la Ley, en tanto que la otra –la prisión provisional– nos la hemos inventado para legalizar la detención de una persona por varios días –incluso hasta más de 108– sin que sea interrogada por un juez, lo que debería ocurrir dentro de las veinticuatro horas siguientes a que se le haya detenido. ¿El más importante de los cambios que podría haber entre nosotros? el estricto cumplimiento de las leyes, la Constitución Política de la República, la primera.

Si no se cumple esta, ¿por qué se habría de cumplir las otras?

Solución propuesta –la del estricto cumplimiento de la Constitución y demás leyes– que en otros países podría verse como muy conservadora –archiconservadora– pero que, en el nuestro, resulta audaz e –incluso– revolucionaria.

¿Manuel Barquín? ¿Quién era Manuel Barquín? Pocos días han pasado y –si no le hemos olvidado ya– empezamos a olvidarlo.

Acisclo Valladares Molina
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COLUMNAS

Juventudes y derechos humanos

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Marcos Ramírez

Director Ejecutivo

[email protected] 

La promoción y cumplimiento de los derechos humanos en la juventud es un aspecto esencial para lograr su desarrollo integral, lo cual se logrará a través del abordaje de sus necesidades y problemáticas específicas, así como trabajar en la disminución de los obstáculos que enfrentan las y los jóvenes. 

El 10 de diciembre de cada año, se conmemorará el Día de los Derechos Humanos, con el objetivo de promover la Declaración Universal de Derechos Humanos, la cual fue proclamada en 1948 y que contiene garantías inalienables que corresponden a todas las personas. Es importante destacar que los derechos humanos son normas que reconocen y protegen la dignidad de todos los seres humanos, además de regir la manera en que los individuos viven en sociedad y en relación entre sí y con el Estado. 

La Declaración Universal de Derechos Humanos ha dado paso a la construcción de un marco universal, el cual es el conjunto de instrumentos jurídicos que establecen las obligaciones internacionales a las que se han comprometido y están sujetas los Estados. En este marco universal, hasta la fecha, no existe un tratado específico sobre las personas jóvenes; sin embargo, todos los convenios, convenciones y tratados, entre otros documentos legales, son aplicables a las y los jóvenes.

 La Herramienta para la promoción de los derechos humanos de las personas jóvenes puede ser descargada en www.conjuve.gob.gt. 

Para el Consejo Nacional de la Juventud (Conjuve), este tema es de gran importancia, y durante el proceso de construcción de la Política Nacional de la Juventud 2022-2032, promovió que el tema de derechos humanos sea un pilar fundamental de este documento. 

Asimismo, se promueven desde el Consejo ejes estratégicos que son demandas de las juventudes guatemaltecas; entre ellos, la prevención de la violencia, la educación, la salud, el trabajo y la participación, entre otros, los cuales contribuyen a que las y los jóvenes disfruten de sus derechos y libertades fundamentales. 

Finalmente, en coordinación con la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (Oacnudh) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), se trabajó en la “Herramienta para la promoción de los derechos humanos de las personas jóvenes”, el cual presenta elementos fundamentales para el planteamiento de propuestas con este enfoque. 

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Ama a tus personajes (I)

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Ana Sánchez de la Nieta

Revista Nuestro Tiempo

En la vida, como en el cine, querer a quienes pueblan el guion es la única forma de hacerlos humanos, creíbles, auténticos. Aunque las comparaciones son odiosas, Los perdonados y La isla, de Bergman, nos enseñan cómo construir un buen personaje y cómo echarlo a perder.

Ama a tus personajes. Con esta frase resume el gurú del guion Robert McKee el método más eficaz para construir papeles creíbles y con gancho. Es imposible pensar que Indiana Jones, E.T., el Mago de Oz o incluso Vito Corleone hayan salido de un escritor indiferente y desganado. No se puede crear un buen personaje si no se le quiere, si no se le respeta. Pensaba en la frase de McKee porque he visto recientemente dos películas, en cierto modo parecidas y que, sin embargo, están a años luz en su capacidad de conmover. 

Los perdonados se estrenó en España en julio, y adapta la novela homónima de Lawrence Osborne: la historia de un matrimonio maduro (él médico y ella escritora) que viaja a Marruecos para participar en una fastuosa fiesta llena de excesos. Pretenden, de paso, recuperar su maltrecha relación. En el trayecto atropellan y matan a un joven marroquí y este suceso trastocará sus vidas.

Los espectadores les hemos temido e incluso hemos llegado a odiarlos.

La película esgrime dos protagonistas de lujo (Ralph Fiennes y Jessica Chastain) y, sin embargo, recibió un potente y merecido varapalo por parte de la crítica, porque el guion naufraga en un aspecto clave: el diseño de los dos protagonistas. En ningún momento llegamos a entender sus motivaciones ni sus metas, las razones por las que actúan. Lo que se cuenta es dramático, pero resulta casi imposible empatizar con ese drama.

Pocos días antes, Mia Hansen-Løve (guion y dirección) estrenó La isla, de Bergman, una historia escrita y dirigida por ella y protagonizada por otro matrimonio (esta vez de cineastas americanos) que viaja a la isla de Faro, el lugar donde Igmar Bergman escribió la mayoría de sus películas, en busca de inspiración. Tenemos una pareja en crisis, aunque de menor intensidad, y otro viaje exótico. Sin embargo, la indefinición de los protagonistas de Los perdonados y la falta de empatía que produce en el espectador se vuelve todo lo contrario en La isla, de Bergman. Conocemos y comprendemos a los personajes, a pesar de que el incidente detonador (el primer punto de giro que hace avanzar la acción) es mucho más fuerte en el primer filme que en el segundo. ¿Qué hace diferente la cinta de Hansen-Løve? 

Robert McKee señala la importancia de que el guionista saque de su propia experiencia, de su intimidad, de su autoconocimiento, la interioridad, las razones de los personajes, su vulnerabilidad y su valía. Eso hace Hansen-Løve: un trabajo muy cuidado de desarrollo de los papeles y, sobre todo, la cineasta se ha enamorado de sus protagonistas. De la pluma de autores enamorados han salido Hannibal Lecter, el Joker o Darth Vader

                                                                                         Continuará…

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Una estrategia alineada a los objetivos de negocio

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Patricia Orantes Alarcón 

[email protected]

Es importante mencionar que para toda organización que busca posicionarse y ser visible para su grupo meta, es crucial lograr que la estrategia de negocio y la de comunicación estén alineadas. Pero la mayoría de las empresas se centra en establecer la estrategia de negocio y se olvida de generar una de comunicación que contribuya a su logro. 

Por ello, cuando la comunicación logra establecer un trabajo cooperativo y, por ende, una plataforma de trabajo, los resultados se trasladan fuera de sus fronteras físicas o virtuales y de esa manera alcanza a sus públicos; desplazándose más allá del tiempo. 

Cualquiera que sea la acción comunicacional en una empresa, esta no puede estar divorciada de la estrategia. Se puede definir esta como una serie de acciones sistemáticas y planificadas que combinan métodos, técnicas y herramientas para lograr un objetivo, usando los recursos disponibles en un tiempo determinado.

Entonces, se puede decir que una estrategia de comunicación es una serie de acciones planificadas que se proponen lograr objetivos por medio del empleo de métodos, técnicas y enfoques de comunicación. También se puede definir una estrategia como una serie sistemática y bien planificada de acciones que combinan diferentes métodos, técnicas y herramientas para lograr un cambio concreto u objetivo, utilizando los recursos disponibles en un tiempo determinado.

Los objetivos determinan el cómo enfrentar los problemas y son la base de la estrategia. Una vez definidos los objetivos, se evalúan los recursos disponibles para implementar la estrategia de comunicación.

Por lo que el término estrategizar se refiere a la función de la comunicación que busca descubrir problemas y plantear soluciones, pero aplicando una lógica global y totalizadora. 

Una organización deberá tomar en cuenta al momento de desarrollar una estrategia de comunicación los siguientes aspectos: a) objetivos de comunicación, b) mensajes clave, c) grupo meta, d) canales de divulgación, e) implementación de acciones de comunicación y e)
indicadores de resultados. 

La estrategia de comunicación debe ser: a) consistente en el marco de referencia del proyecto, entidad o marca, b) viable con relación a los recursos disponibles y con el tiempo determinado y c) efectiva, es decir, hacer el mejor uso de los recursos para lograr los objetivos alcanzados.  

Ante lo expuesto con anterioridad, una empresa elegirá una estrategia de comunicación debido a que: a) dedica recursos y competencias para asegurar el éxito en el desarrollo de la estrategia de comunicación, b) ofrece valor agregado y ayuda a crear intangibles para la empresa como confiablidad y reputación entre sus audiencias, c) desempeña procesos complejos y alcanzar los rendimientos deseados con mayor precisión y bajo costo, d) genera conocimiento del giro de negocios en su grupo meta y e) establece alianzas estratégicas en pro del logro de un objetivo de la estrategia de comunicación.

Por lo tanto, la comunicación estratégica debe ser un componente trascendental a la hora de alcanzar el éxito en los negocios y crear valor en las instituciones. Su meta es aprovechar los recursos comunicativos (internos y externos) y así alcanzar los objetivos estratégicos propuestos.

Además, es un aliado en la transmisión de información de interés para su público objetivo y un instrumento para alcanzar sus metas. Por lo que se hace necesario contar con la asesoría externa como una agencia de comunicación y relaciones públicas, a fin de promover tanto la imagen de la empresa como su reputación, por medio de una estrategia comunicacional. 

Una organización debe proyectar una imagen positiva ante sus audiencias por lo que gestionará una estrategia de comunicación que sea proyectada y sostenida en el tiempo, consecuente con su visión, misión y valores.

Colaborador DCA
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