Bodas de Oro del Instituto Daniel Armas

En 1968, el municipio de La Democracia, en Huehuetenango, escribióuna página de su historia, por iniciativa del profesor Luis Octavio Tovar, un visionario, líder y buscador de desarrollo de su pueblo, quien compartió su idea con otros profesores que se entusiasmaron  y se lanzaron a la aventura de fundar el instituto de educación básica, al cual denominaron Daniel Armas, para ofrecer la continuidad de los estudios en el ciclo básico, que no existía en casi ninguno de los municipios del departamento, y quien deseaba continuar sus estudios en ese nivel debía trasladarse a la cabecera departamental de Huehuetenango a Quetzaltenango y en el mejor de los casos, a la ciudad capital. Han sido miles de jóvenes y señoritas que han pasado por sus aulas durante cincuenta años.

La modalidad para realizar los estudios en ese centro educativo constituye un esfuerzo de varios actores, a saber: Ministerio de Educación, municipalidades y padres de familia, quienes se organizaron para hacer posible el funcionamiento de dicho centro.

Evitan, a partir de iniciativas como estas, que los jóvenes se estanquen, y logren metas mayores en su formación. Si preguntamos cuántos pasaron por las aulas del Instituto Daniel Armas, estoy seguro de que son muchos, y cuántos de ellos lograron continuar y graduarse en una carrera del nivel medio o, más aún, continuar sus estudios a nivel universitario. Yo soy producto de esa iniciativa, realicé mis estudios del segundo grado básico allí; recuerdo a mis profesores: Luis tovar (+), Ogden Villatoro, Abelardo Villatoro, Luis Otoniel Castillo, Fernando Cano Recinos, Heberto Camas Chávez (+) Magdaleno Mendoza, Rolando Herrera, de quienes tengo especiales recuerdos. Tuve el grato placer de haber participado en los inicios de la conmemoración del cincuenta aniversario, las bodas de oro de fundación; fue un acto tan especial que no se olvidará nunca. Volver al lugar 34 años después fue de muchos recuerdos.

Ver casi a todos los profesores que me impartieron docencia aquellos años fue un sentimiento muy especial; algunos todavía trabajando en  favor de la educación de su pueblo, es encomiable. Pero algo que me generó un cúmulo de sentimientos fue ver a mis amigos, con quienes no solo convivimos en las aulas, en el deporte y en las distracciones de aquellos años, si no que forjamos una amistad que ha perdurado por más de dos décadas, alimentada por el recuerdo y el sentimiento sincero de amistad. Saludar, estrechar la mano y dar un abrazo profundamente sentimental a mis amigos Uriel Monzón, Mary Villatoro, Mildred del Rosario, Esaú Morales, Osmín Ottoniel, Gildardo Figueroa y Sergio Villatoro, entre otros, no tiene precio; cualquier esfuerzo valió la pena. Pocos momentos en la vida son tan sensibles y llenos de ternura; sentimiento y gratas descargas de afecto, como ver  y saludar al amigo, a la amiga, que nunca dejó de estar en nuestra mente, a pesar del tiempo.

Oscar Hugo López