Un sentimiento de todos

La patria es una, es el esfuerzo de todos para bienestar de todos.

Cuántos acontecimientos han transcurrido en 195 años de independencia política, si tomamos en cuenta que apenas hace poco más de un año el país fue sacudido por un acontecimiento político social que conmovió las raíces más sensibles de la nación. Desligarnos de España fue ponerle fin a un sistema diferente de esclavitud, porque a los días ya estábamos sometidos a otro yugo, luego fuimos invadidos y como agradecimiento a nuestro opresor le pusimos su apellido a un parque en la capital y a varios poblados del interior del país. Así en la vida le ponemos nombre a lo que nos hace daño en la vida civil, espiritual y moral.

Esta fecha no debe pasar inadvertida y el sentimiento cívico debe hacerse con fervor, pero no solo con un desfile, sino inculcando los valores, que en un día, en patrio ardimiento izaron la bandera de la libertad, para que desde ahí se construyera una patria en prosperidad. Cimentemos el respeto a los padres, la educación de los hijos para hacer de ellos verdaderos patriotas que cuando sirvan en un cargo público demuestren esos principios y sean parte del proceso de edificar una gran nación.

No es una celebración elitista. Que el pueblo se involucre en el festejo, como en aquellas loas en los barrios, los conciertos en la antañona ciudad de Guatemala, y luego se continúen impartiendo las enseñanzas de civismo en las escuelas, de los héroes como Víctor Zavala, en el campo militar de Juan José Arévalo, humanista, quien legó al pueblo conquistas, que unas se siguen disfrutando, como el acceso a la educación, otras penando como el caso del IGSS y las menos haciendo uso y abuso de ellas, como la libertad sindical.

La patria es una, es el esfuerzo de todos para bienestar de todos. Cuando pensemos cambiarla, cambiemos como ciudadanos cumpliendo nuestras responsabilidades, pagar impuestos, educar a nuestros hijos, comportarnos dentro del bien, cumplir las leyes y, sobre todo, los mandamientos de la ley de Dios que están contenidos en todos los códigos civiles, solo que ahí están los castigos para las malas acciones.

Hacer lo que la ley no prohíbe tiene sus límites y esas son morales, éticas, si no, causan daños al prójimo. Busquemos el fruto del amor: la paz y la tranquilidad. Compartamos el amor que todo lo puede y lo soporta.


Jorge H. López