Split: el regreso triunfante de un Shyamalan fragmentado

Aunque su nombre suena a conjuro, Manoj Nelliyattu Shyamalan es un director que nos cautivó con su magia desde su primera película. Con The Sixth Sense (1999) llegó a recibir dos nominaciones al premio Oscar a mejor director y guionista.

Allá en 1999 su cinta era la joya del cine de drama y misterio. Catapultó la carrera de Bruce Willis como actor dramático y sería el debut y despedida de Haley Joel Osment (pese a ser buena, la cinta Artificial Intelligence: AI no pudo hacer nada por este chico). Luego vino a Shyamalan un escalón más al estrellato: Unbreakable (2000), junto con Signs (2002) y The Village (2004), tres cátedras de suspenso de un director que consolidaba su carrera. Pero no duró mucho tiempo en la cima.

Aunque Lady in the Water (2006) es una cinta a la que le tengo aprecio, sucedió que la taquilla y la crítica repudiaron al director. Lo mismo ocurrió con The Happening (2008), que no es de sus mejores apuestas, pero el tiro de gracia llevó por nombre The Last Airbender (2010), mala por donde se mire, y la siguiente cinta, After Earth (2013), era la exequias del cadáver en que se había convertido la carrera de Shyamalan.

Pero sin tanto ruido llegó a las salas de cine Split, que no fue promocionada como trabajo de Shyamalan. Por el contrario, se ensalzó que James McAvoy interpretaba a un sujeto atormentado de personalidad múltiple y por ello la fui a ver. No negaré que me dio desconfianza al ver que este malogrado director era el responsable de la historia. Pero el resultado me dejó mudo de la emoción.

En pantalla vemos la interacción de Anya Taylor-Joy (Casey Cooke) con McAvoy, y volvemos a sentir como este director indio nos lleva cuadro a cuadro por una historia demasiado oscura. El guión es sumamente ingenioso, hace que el espectador presencie como el personaje de McAvoy pasa a ser Patricia de ser Dennis, luego Hedwig, Barry, Orwel, Jade y termina como un exhausto Kevin Wendell Crumb. Ver los cambios de personalidad en pantalla realmente asustan. Si es de las personas que se meten en la película, disfrutará esta producción.

A 15 minutos de empezada la proyección, el suspenso comienza. La historia se encierra, presagia un final aterrador y, esto no es un spoiler, el giro final revienta en el rostro del espectador. Si es seguidor de este director de cine, agradecerá la conexión de esta cinta con una de sus comienzos.

 

Gabriel Arana