Rustrián: “El ídolo soy yo”

El ciclismo está arraigado en Benigno Rustrián: la corbata azul con pedalistas estampados sobresale en su atuendo compuesto por una camisa gris a cuadros, pantalón negro y saco beige. Conquistó la Vuelta a Guatemala en 1967, sin ganar una etapa.

A él le será dedicada la edición 57 de la vuelta, a disputarse del 23 de este mes al 1 de noviembre. Por ese motivo acaba de recibir una placa como reconocimiento, que aprecia como a sus recuerdos, prende un cigarrillo y las anécdotas empiezan a aflorar.

Para Rustrián, fumar en su período de ciclista era como una especie de revulsivo; le daba empuje, especialmente en las montañas. “Ahí es en donde se puede medir la capacidad de un verdadero pedalista”.

El mal estado de carreteras no era impedimento en su época; el pedalista se las ingeniaba para sortear la adversidad. “Si había un hoyo, el ciclista veía cómo lo esquivaba. A veces corríamos en partes que parecían terracería.”

Entre su biblioteca de remembranzas figura el sobreesfuerzo que debió hacer una vez durante el ascenso de la Cumbre de Alaska, en Quetzaltenango, cuando iba junto a sus compañeros de equipo cuidando que los rivales extranjeros no se les escaparan.

“Me di cuenta de que iba solo junto a los colombianos. Regresé y encontré a mi hermano (Saturnino) y le dije que se agarrara del tubo donde va el sillón y lo subí remolcado. Cuando íbamos llegando a la meta le regalé la etapa”, relata entre sonrisas.

Dice que Edin Roberto Nova, otro de los históricos escaladores chapines, “era tan bueno como los cremas, que cuando salía al exterior no pasaba nada”. “Ese era el principal problema, que afuera no ganaba”.

Rustrián vive en Nueva York, Estados Unidos, desde hace 49 años, y se jacta de haber estado como aficionado en el Tour de Francia, Vuelta a España y  Giro de Italia. “Me gusta el Tour de Francia;  tuve la suerte de entrenar a George Hincapié, quien corrió 17 ediciones”. “Un deportista no nace, sino se hace. Necesitan un entrenador que sepa adiestrarlos, orientarlos, alimentarlos. Hay muchos factores”, responde sobre la interrogante de cuáles han influido para que Guatemala no gane la Vuelta desde 2000.

En el entorno de Rustrián, de 72 años, no hay alguien mejor que él, aunque subraya que no es egolatría, es la realidad, y lanza: “No tengo ni tuve ídolo. El ídolo soy yo”.

 

Max S. Pérez