Mark Lanegan ha sido una figura etérea y poco conocida en los últimos 40 años. Ha pasado desapercibido en el mainstream a pesar de sus innumerables colaboraciones con todos los pilares y héroes trágicos del grunge de los años 90. Entre los entendidos se le venera, pues el tipo no ha dejado de trabajar, no obstante las tragedias de las voces de su generación. Su feroz creatividad lo hace imparable. Su talento es tal, que ha grabado discos de cover y hecho suyas las canciones de otros.
Su carrera abarca bandas y colaboraciones con Screaming Trees, Mad Season, The Gutter Twins, Soulsavers, The Twilight Singers, Queens of The Stone Age, Nick Cave (otro demonio de quien pronto haré un perfil), Isobel Campbell, Nirvana, U.N.K.L.E, Josh Homme, PJ Harvey y Moby. Su extensa carrera, que alcanza 15 producciones, ha sido suficiente para hacer dos compilaciones de grandes éxitos, y pocos logran esto.
La marca personal de Lanegan recae en esa voz asolada por la nicotina, un gruñido fuerte que raya en lo prohibido y es casi seductor. Emergió del grunge, pero también coquetea con el blues y, por su enorme talento, es capaz de acoplarse a cualquier género. Ejemplo de ello es el melancólico y roquero álbum Bubblegum (2004) e, incluso, el tenebroso y experimental Blues Funeral
(2012). Yo lo conocí por el Hawk (2010), en el que hace dúo con Isobel Campbell, exintegrante de Belle & Sebastian, aunque en alguna parte de mi cabeza estaba guardada Nearly Lost You, con Screaming Trees.
Hawk es épico. Come Undone es una joya melódica en que armonías vestidas de desamor y las voces pintan dimensiones y recuerdos que se ven en fuego mientras arden en una orquestación inflamable. Snake Song es una canción romántica-wéstern y We Die And See Beauty Reign impacta por sus voces aterciopeladas en una atmósfera de expectación y un arpegio que sirve de escalera hacia un cielo que, si bien no es azul, es igual de hermoso.
Lanegan es un romántico-trágico empedernido con una ferocidad bíblica de crear, un monstruo que acecha todos los sentimientos sin miedo a caer o a arrastrarse. Dentro de ese paraje nos invita a no tenerle miedo a la muerte, a no hacerle asco a morder el polvo y a levantarse con dignidad.
Con todo y lo que ha hecho, Mark no pierde su sentido del humor, y es que, aunque está consciente de que es una estrella de rock, nunca tomó en serio el éxito masivo. Sabe que es un pilar, pero tiene tiempo de reírse de sí mismo, y no acude a una botella para destruirse. Calma, legado y un legítimo amor por la música son su fuerza diaria.
Es fácil conectar con Lanegan, y si por momentos es muy denso, no es pretensioso ni arrogante. Nada de eso hay aquí. Solo una buena dosis de rock, grunge y blues, letra de invernal añoranza y melancolía espesa.
Lanegan lanzará el 18 de octubre su 16 álbum de estudio. Somebody’s Knocking tendrá 14 canciones, y su primer sencillo, Sitcht It Up, salió con todo y video el 23 de abril. Como siempre, en mi caso, escucharlo es una adicción incontrolable. El nuevo single es rock adrenalizado y un video hilarante a velocidad de Uber.
Ya está programada una gira por EE. UU., que se iniciará la próxima semana, y para cuando llegue a España, en octubre, estrenará el disco. Mientras tanto nosotros, desde el tercer mundo, a esperar más sencillos para calmar la adicción y maldecir la región 4. ¡Larga vida a Lanegan!











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