El racismo en las letras

Pronto se publicará un libro acerca de la vida y obra del escritor Francisco Morales Santos, Premio Nacional de Literatura 1998. Mi colaboración a este título será un texto en el que intento explicar qué significan él y su generación para los que veníamos después.

Morales Santos nació en 1940 en Sacatepéquez y migró a la capital a principios de los años 60. Veinteañero que venía a trabajar para ganarse la vida, no dejó de lado sus inquietudes artísticas. Fue parte del grupo Nuevo Signo junto a otros importantes autores, la mayoría del interior del país.

Algo en lo que coincidimos con Francisco es que las condiciones no han cambiado mucho para los jóvenes de los departamentos. La vida productiva, y también la cultural, sigue centralizada en la ciudad. Cada día vienen muchos a estudiar y trabajar, o al menos a intentarlo.

En el caso de los escritores que traen sus letras, es una oportunidad para que conozcamos puntos de vista diferentes. Guatemala es más que esta incontrolable urbe, muchas otras realidades ocurren y también deben verse reflejadas en nuestra literatura.

Sin embargo, no pocos pierden su identidad original y la van reemplazando por la nueva que este medio les impone. Algo parecido a los que deben dejar sus trajes tradicionales para poder encajar mejor, incluso para no ser marginados.

Esto ocurre también en círculos literarios, aunque cada vez menos. La época en la que le tocó venir a Morales Santos era mucho más conflictiva en todo sentido, las actitudes racistas eran la norma y no constituían un delito. De esa cuenta había escritores que abiertamente se burlaban de colegas que venían del interior y de sus raíces indígenas. Les ponían apodos y trataban de ridiculizarlos.

Además del medio clasista en el que crecieron estos capitalinos, supongo que se sentían amenazados al ver que gente talentosa llegaba a “invadir” su pequeño círculo literario. De cualquier manera, aunque es comprensible, esto no tiene disculpa.

Con el paso de los años lo que quedó registrado en la historia no es esto, sino la obra que cada quien produjo. Sus actitudes racistas, machistas, clasistas y egocéntricas son detalles extraliterarios, anécdotas que se cuentan de boca en boca y que quizá se olvidarán poco a poco.

No todo tiempo pasado fue mejor, en muchos campos y temas hemos avanzado. Esperemos llegar al punto en que toda discriminación sea erradicada.

Jessica Masaya