El espejo de la vida

La vida se refleja a través de múltiples especies diseminadas en el planeta, con variedad de formas y cualidades. Las diversas manifestaciones de la vida toman su vestidura en función de la adaptabilidad al medio, subsistencia y necesidad de perpetuarse como especies. La cantidad vital se diversificó a través de determinadas cualidades donde el nacer, crecer y reproducirse representó el imperativo inicial.

Fauna y flora distinguen al tercer planeta del sistema solar, la Tierra  en el minúsculo punto de la Vía Láctea dentro de la vastedad del universo. Las conexiones vitales con sus procesos de síntesis, hicieron posible el surgimiento de microscópicas especies unicelulares, pluricelulares, hasta los seres más evolucionados y dentro de estos a los seres humanos.

¿Cómo fue que se diseñó la evolución en el Homo sapiens? Los seres humanos poseen la razón como algo distintivo, pero esta no aniquiló, afortunadamente, su parte emotiva, más bien la potencializó. No obstante, que su intelecto y conducta social fue lo que posibilitó su subsistencia, estos se irguieron como tales, gracias a la consolidación de nexos afectivos que constituye su espiritualidad.

Es más, fue a partir de su intelecto que mujeres y hombres construyeron estructuras lógicas por medio de la abstracción de elementos tomados de la realidad que posibilitaron la elaboración de un lenguaje articulado y, no solo eso, fabricaron también extensiones  a su naturaleza corporal, a través de herramientas que le permitieron ya no la adaptación al medio, sino que en cierta forma, que este se adaptara a sus exigencias.

No obstante, la razón permitió a los seres humanos su permanencia en el planeta, también al ser instrumentalizada por las emociones negativas, se convirtió en potencializador del mal, entendido este como cualquier acción en contra de la convivencia social, que pretenda con ello, un beneficio individual. A través de la subordinación de la razón a deseos primarios y egocéntricos, el accionar humano se transformó en perverso.

Así, para estos, los que no han comprendido el verdadero valor de la vida, el respeto a la misma ya no es esencial, lo fundamental es la preservación de deseos egoístas y soluciones pragmáticas a problemas emergentes. Su razón instrumentalizada no les permite analizar escenarios en los que lo humano también cuenta.

Miran solo causas y efectos, y la relación que existe entre ambas les es ajena. La vida con toda su complejidad, demanda soluciones racionales a problemas inmediatos que ponen en peligro la existencia de los seres vivos.

Lo cual significa que los seres humanos evolucionen en cuanto a su comportamiento, tanto en las relaciones sociales, como con el medioambiente.

El planeta lo demanda. ¿Será que los habitantes de la Tierra, que se dicen seres pensantes, cumplirán tal exigencia?

Jairo Alarcón