Claribel, nicaragüense heroica

Dialogar acerca de la producción textual centroamericana es una de las cuestiones que más feliz me hace. Sobre todo, porque cuando leo alguna novela, cuento, ensayo o poema, repaso la historia, la cultura y la riqueza espiritual que habita cada autor.

Para comenzar esta serie de abordajes, comentarios, análisis, acercamientos, reflexiones de producciones literarias, mencionaré a una de las autoras fundamentales de la narrativa contemporánea, fallecida este año. Me refiero a Claribel Alegría, una escritora nacida en Nicaragua en 1924, como diría Otto René Castillo, para la faz del mundo.

Antes de cumplir 1 año, la familia de Claribel, padre nicaragüense y madre salvadoreña, se trasladó a Santa Ana, El Salvador. A los 19 años se inscribió en la George Washington University, en Estados Unidos, país donde contrajo matrimonio con Darwin J. Flakoll.

Impactante la producción de Claribel, quien en algunos casos trabajó obras a cuatro manos con su marido, como en la traducción de Cien poemas, de Robert Graves. Publicó una veintena de libros de poesía, literatura infantil, novela, testimonios, ensayos, entre otros.

A mí me cautivó su producción testimonial, quizá porque lo que ella escribió, por ejemplo en No me agarran viva (1987), constituyó lo que siempre he considerado el aporte de América Central a la literatura: el testimonio. En este caso, relata la vida y muerte de Eugenia, la comandante salvadoreña, mediante la recopilación de cartas.

La historia construye la figura de una heroína que lucha por un ideal y se entrega a todo a pesar de la inminente muerte. Esas mujeres heroicas que también construyen Gioconda Belli o Gloria Guardia y que, a mi juicio, hoy forman parte del imaginario centroamericano.

Hace algunos años conocí en Nicaragua a Claribel. Me impactó su sencillez y humildad, contrario a muchas figuras que su ego les revienta en la cara. Además, su manera dulce de hablar, de leer su obra y de ser respetuosa frente a un público que se puso de pie dos veces para aplaudirle.

Me parece que su trabajo debe ser parte del pénsum de estudios de las universidades centroamericanas. Su obra puede abordarse desde las diferentes teorías, pero debido a la forma tan sencilla que elabora sus discursos, es accesible a lectores jóvenes.

Francisco Alejandro Méndez Castañeda