Sparky y Snoopy

Cuando uno se topa con una tira de fama espectacular, lo normal es esperar que la existencia de su autor también sea así de enorme, pero con Charles M. Schulz (1922-2000) sucedió lo contrario, pues siempre se concentró en las cosas pequeñas de la vida.

Schulz creció en St. Paul, Minnesota, donde su padre trabajaba de barbero. Desde chico su apodo fue Sparky, por un personaje de una tira cómica. Le encantaba jugar hockey y patinar, pero también se devoraba las historietas de los periódicos. Solía pasarse horas dibujando y entintando, y en 1937 uno de sus dibujos fue publicado en la tira Believe It Or Not! (Aunque Ud. No Lo Crea). El dibujo era de un perro, tal vez una señal de lo que vendría más adelante.

Peanuts no fue un éxito de la noche a la mañana: pasaron un par de años antes de que empezara a ganarse al público.”

Su adolescencia fue bastante dura pero su padre le costeó un curso de dibujo por correspondencia, gracias al cual, Sparky aprendió la importancia que tiene el entintado y la expresividad que puede lograrse con una línea. Al regresar de un breve servicio militar en Europa, Sparky envió propuestas de tiras cómicas a todos los periódicos y sindicatos de dibujantes que pudo. A pesar de recibir múltiples rechazos, no se desanimó.

En 1946 logró un puesto de instructor de dibujo en su antigua escuela de dibujo por correspondencia. Se compró una mesa profesional de dibujante y la instaló en el antiguo cuarto de su madre, el cual convirtió en su estudio. Allí creó Li’l Folks (gente menuda), una tira de un cuadro protagonizada por niños cabezones con pequeñas vivencias diarias.

Sparky fue contratado por United Feature Syndicate, uno de los sindicatos de tiras cómicas más grandes de la época, para publicar una tira diaria de cuatro paneles protagonizada por sus personajes. Sin embargo, los empresarios dispusieron rebautizarla como Peanuts (cacahuates), nombre que no gustaba nada a Schulz, pero que tuvo que aceptar. En octubre de ese año aparece por primera vez en la tira el perro Snoopy, que es hoy todo un ícono cultural.

Peanuts no fue un éxito de la noche a la mañana: pasaron un par de años antes de que empezara a ganarse al público. Pero una vez que la tira generó interés, no se detuvo. A finales de los años sesenta, ya tenía decenas de millones de lectores en todo el mundo y llegó a ser distribuida por más de 2,500 periódicos. La tira se adaptó al cine, a la televisión y al teatro. A la fecha ha generado miles de millones de dólares de ganancias.

A lo largo de su vida, Schulz se hizo acreedor a incontables galardones y reconocimientos, incluyendo el prestigioso Reuben de la National Cartoonists Society, el cual ganó dos veces. Durante los 50 años que duró el tiraje original, el artista dibujó cada cuadro de Peanuts personalmente: un verdadero artesano hasta el fin.

 

Alejandro Alonzo