Que tengas una buena vida

Cuando me dicen una frase como esa, no creo que realmente me estén deseando una buena vida. Al contrario, pienso que lo que anhelan es nunca más verme y que desaparezca, ya sea muy lejos o bajo tierra. No importa, la cosa es desvanecerse.  Irónicamente, hay un poco de ese sentimiento en la música del dúo de rock experimental Have a Nice Life.

Originarios de Connecticut, sus melodías son como la banda sonora para un acto de desaparición. Dan Barrett y Tim Macuga lo han entendido muy bien a lo largo de su trayectoria, y orquestan perfectamente los sonidos del shoegaze industrial. No dudo en asegurar que quien los escuche quedará en un estado comatoso, en el suelo, cerca de su tocadiscos.

A pesar de solo contar con dos álbumes de estudio, Deathconsciousness y The Unnatural World, el dueto ha adquirido una legión de seguidores de la tristeza, la soledad y el amor no correspondido. Fans que buscan ser arrastrados y aplastados por olas cargadas de existencialismo y del más puro y afilado dolor. Discípulos que no tienen miedo de llegar a lo más profundo de sus sentimientos.

Sea lo que sea que signifique para cada quien, y cómo lo busque, Have a Nice Life me resulta una experiencia que tendría que clasificar en algo que va más allá de la misma música. Por momentos no sé si lo es, porque es todo un ensayo que me lleva a sentir demasiadas cosas cuando profundizo en sus sonidos.

De antemano, puedo advertirles que definitivamente no es el tipo de música que a la mayoría de gente le gusta. Sin embargo, me parece que escuchar propuestas como esta es el equivalente a tomar el valor necesario para subirse a una montaña rusa de dudosa reputación.  Una en la que no se está seguro si va a sobrevivir a la primera bajada, sin antes sentir cómo el estómago emerge por nuestra boca y el pequeño vagón sale de sus carriles y vuela en picada por los aires hasta convertirse en añicos, con todo y nuestros huesos, al chocar en la tierra.

Si al final me atreviera a subirme, fácilmente puedo imaginar mi cuerpo aplastado entre las barras de acero y los restos de madera del carrito. Las personas se acercarían y formarían un círculo a mi alrededor, mientras se preguntan quién soy y qué pasó. De fondo, como soundtrack, The Big Gloom sonaría como una especie de réquiem para mi alma. Al mismo tiempo, alguien diría “Ojalá que haya tenido una buena vida”.

Para escuchar: Bloodhail, The Big Gloom, Guggenheim Wax, Defenstration Song, Burial Society y  Hunter.

Álvaro Sánchez