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OPINIÓN CULTURA

Que tengas una buena vida

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Cuando me dicen una frase como esa, no creo que realmente me estén deseando una buena vida. Al contrario, pienso que lo que anhelan es nunca más verme y que desaparezca, ya sea muy lejos o bajo tierra. No importa, la cosa es desvanecerse.  Irónicamente, hay un poco de ese sentimiento en la música del dúo de rock experimental Have a Nice Life.

Originarios de Connecticut, sus melodías son como la banda sonora para un acto de desaparición. Dan Barrett y Tim Macuga lo han entendido muy bien a lo largo de su trayectoria, y orquestan perfectamente los sonidos del shoegaze industrial. No dudo en asegurar que quien los escuche quedará en un estado comatoso, en el suelo, cerca de su tocadiscos.

A pesar de solo contar con dos álbumes de estudio, Deathconsciousness y The Unnatural World, el dueto ha adquirido una legión de seguidores de la tristeza, la soledad y el amor no correspondido. Fans que buscan ser arrastrados y aplastados por olas cargadas de existencialismo y del más puro y afilado dolor. Discípulos que no tienen miedo de llegar a lo más profundo de sus sentimientos.

Sea lo que sea que signifique para cada quien, y cómo lo busque, Have a Nice Life me resulta una experiencia que tendría que clasificar en algo que va más allá de la misma música. Por momentos no sé si lo es, porque es todo un ensayo que me lleva a sentir demasiadas cosas cuando profundizo en sus sonidos.

De antemano, puedo advertirles que definitivamente no es el tipo de música que a la mayoría de gente le gusta. Sin embargo, me parece que escuchar propuestas como esta es el equivalente a tomar el valor necesario para subirse a una montaña rusa de dudosa reputación.  Una en la que no se está seguro si va a sobrevivir a la primera bajada, sin antes sentir cómo el estómago emerge por nuestra boca y el pequeño vagón sale de sus carriles y vuela en picada por los aires hasta convertirse en añicos, con todo y nuestros huesos, al chocar en la tierra.

Si al final me atreviera a subirme, fácilmente puedo imaginar mi cuerpo aplastado entre las barras de acero y los restos de madera del carrito. Las personas se acercarían y formarían un círculo a mi alrededor, mientras se preguntan quién soy y qué pasó. De fondo, como soundtrack, The Big Gloom sonaría como una especie de réquiem para mi alma. Al mismo tiempo, alguien diría “Ojalá que haya tenido una buena vida”.

Para escuchar: Bloodhail, The Big Gloom, Guggenheim Wax, Defenstration Song, Burial Society y  Hunter.

Álvaro Sánchez
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ARTES

Relatos íntimos

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Guillermo Monsanto
[email protected]

Fernando Valdiviezo expondrá, el próximo 25 de mayo, en la galería Mayarí Rojas (zona 14). La colección, proveniente de su serie Hablando en plata, consta de 15 piezas inéditas creadas a mano alzada.

Este artista, cuya carrera comienza en 1983, es bachiller en Arte con especialidad en Pintura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP) y licenciado en Artes Visuales por la Universidad de San Carlos de Guatemala con otra especialidad en pintura, a lo que se suman varios talleres con diferentes autoridades en arte.

En el campo de la gestión ha destacado primeramente en la Dirección General de Cultura y Bellas Artes. Específicamente, como auxiliar del Departamento de Artes Plásticas bajo la dirección de Víctor Vásquez Kestler.

Su dibujo a mano alzada es preciso y certero en todo el aspecto plástico.

Desde esa locación organizó por 6 años 40 exposiciones anuales, entre otra serie de atribuciones que contribuyeron al registro y proyección de las artes chapinas contenidas en catálogos y otros documentos.

Fue miembro fundador (2005) del Colectivo Artistas de Maíz, el cual abandonaría poco tiempo después. En 2008 cofundó el Colectivo Artefacto, en donde promueve a artistas emergentes organizando exposiciones en diferentes espacios. También ha sido docente en la Universidad InterNaciones y la ENAP.

Valdiviezo pertenece a una generación en la que abundan creadores de renombre pero que, por la década en la que les toca darse a conocer, en los años ochenta, luce como dispersa y muy mal historiada. En un principio, sus pasteles y acrílicos poseían una paleta luminosa y vibrante, cosa que junto a su primera figuración, le da filiación con sus condiscípulos.

Valdiviezo pertenece a una generación en la que abundan creadores de renombre.

Al traspasar el entre siglo, en 2008, empieza a desarrollar su serie Hablando en plata en la que encontró un filón expresivo, que ya lo ha llevado por diferentes países del mundo. Como el mismo pintor lo indica, Relatos íntimos es una metáfora provocada por el encierro en nosotros mismos.

Cada trabajo abstrae el universo de diferentes sujetos cuya esencia se refleja en situaciones creadas a partir de un grabado de referencia. En este caso, diferentes billetes universales intervenidos y desde los cuales se explaya creando situaciones que surgen desde lo onírico. Es así como, domeñando la figura inicial, le otorga nueva y más amplia lectura.

Técnicamente demuestra una maestría particular con el dibujo y la tinta. Sus achurados hienden el papel con finura y precisiones vertiginosas. Es una concepción limpia, sobria y al mismo tiempo potente, fuerte y contundente.

Cada creación lo representa como un sólido dibujante con una capacidad expresiva que lo distingue entre los mejores. Es obvio que su obra se nutre de una cultura muy pulida.

El contenido brota desde una elegante y refinada estética. Todo el concepto es depurado y con una acertada composición en la que pesa lo plástico en toda su dimensión.

Colaborador DCA
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ARTES

TODO MARVEL, TODO EL TIEMPO

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Alejandro Alonzo

https://www.facebook.com/elcomicbuquero
Foto: Archivo

Hay escritores que deciden autoimponerse tareas increíblemente arduas con tal de ponerlas por escrito. Algunos viajan de aventón alrededor del mundo, otros deciden infiltrar organizaciones para analizarlas desde adentro. El escritor norteamericano Douglas Wolk eligió una tarea casi inverosímil para sí mismo: leer 27 mil cómics.

Wolk es un aficionado de la historieta con un par de libros sobre cómics en su haber, y para su obra All of the Marvels (2021) decidió que iba a leer todos los miles de cómics de superhéroes publicados por Marvel Comics a partir de 1961, como si fueran una sola narrativa.

Y es que precisamente eso es lo que dice la editorial, que todas las historias que ha publicado son parte de un solo universo, algo reforzado por los constantes crossovers entre sus diversos títulos.

El universo Marvel está compuesto de más de 27 mil cómics.

Desde muy temprano, Wolk decidió que no iba a caer en el error de muchos otros aficionados que han intentado ahondar en el universo Marvel: tratar de leer los cómics en el orden que fueron publicados, algo que puede resultar tedioso después de unos cientos de números.

En vez de eso, el escritor iba eligiendo de aquí y de allá, dependiendo de lo que le interesaba para ese día.
La lectura de más de medio millón de páginas tomó tiempo. Wolk menciona haber enfrentado la magna tarea leyendo en donde fuera: en sillones, en el bus, en el gimnasio.

También leyó cómics de todo tipo: desde historietas antiguas que había ido recolectando a lo largo del tiempo, hasta revistas que encontró abandonadas en un café. También ojeó ejemplares prestados y tomos maltratados en bibliotecas.

Pero principalmente, leyó mucho en su tableta digital. En general, la tarea fue abrumadora pero divertida, excepto cuando tuvo que obligarse a leer cómics que no le gustaban, como la serie de Punisher, demasiado sangrienta para su gusto.

Leer tantos cómics fue complicado, pero no tanto como escribir el libro. Wolk inicialmente produjo un manuscrito largo y enrevesado, que al final decidió desechar antes de empezar de nuevo.

Después de mucha deliberación, lo que lo orientó en su tarea fue darse cuenta de que estaba escribiendo básicamente una guía turística para lectores de cómic.

Wolk sabe que leer 27 mil cómics no es algo para cualquiera, pero para él fue un deleite, especialmente porque le sirvió para fortalecer su relación con su hijo, su compañero en buena parte de este largo viaje de lectura. Al final, Wolk se rehúsa a esbozar un canon de historias esenciales que cualquiera pueda disfrutar, pues tal cosa no existe.

Lo que el autor ofrece es una serie de senderos para conocer la Montaña Marvel y sugiere perspectivas para que cada lector disfrute esta descomunal historia a su manera.

Alejandro Alonzo
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ARTES

Moon Knight: La incompleta maravilla

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David Lepe

[email protected]

Una escena de cine que me encanta es cuando, en Memento (2000), Leonard Shelby (Guy Pearce) corre al lado de un tipo que carga una pistola. “¿Lo estaré siguiendo o yo estaré huyendo de él?”, se pregunta Leonard.

El otro sujeto comienza a dispararle, por lo que el protagonista se responde a sí mismo: “¡Okay, el que huye soy yo!” Leonard sufre de amnesia anterógrada, por lo que no recuerda muchas cosas y debe ir adivinando lo que sucede en su vida, incluidos los ataques y las defensas.

Esto tuve en mente durante el primer episodio de Moon Knight (2022), miniserie del Universo Cinematográfico de Marvel (MCU, en inglés), que protagoniza Oscar Isaac y que para mí se convirtió en una maravilla incompleta. ¿Por qué? Veamos.

Los críticos se han encantado con esta actuación.

(Alerta spoiler) En el primer episodio, cuando Steven (Isaac) despierta en un país desconocido y con la mandíbula dislocada, es admirable que, aunque no se ve cómo minutos después combate y destruye a un grupo de matones y solo nos muestran a los cuerpos aniquilados, sentimos que fue una gran escena de acción.

A veces, las mejores coreografías de peleas y batallas son las que no se presentan como tal y solo se dan a entender, y motivan a nuestras mentes a rellenar los espacios vacíos. “¡Los hizo pedazos!”, pensé emocionado, aunque no vi un solo golpe.

Durante los siguientes episodios vemos a Isaac lucirse como actor físico e interpretar a dos personajes (Steven y Mark Spector) que, según la historia, ocupan el mismo cuerpo. Esto, gracias al trastorno de identidad disociativo que sufre.

Los críticos se han encantado con esta actuación. Algunos hasta lo han imaginado como un gran artista del cine mudo, en esa época en que Chaplin, con miradas y posturas, debía representar y provocar emociones.

Puedes ver Moon Knight en Disney+.

El cuarto episodio es tremendo: una mezcla de las sagas de aventuras tipo Indiana Jones y Tomb Raider, con los finales de los mejores thrillers psicológicos de M. Night Shyamalan.

Pero el quinto episodio, tan revelador como devastador, me recordó a Joel Barish (Jim Carey) en Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004), recorriendo los pasillos de su memoria. No solo es espectacular en la manera en que lo relatan, también resulta asolador para el público que no quería que Steven se fuera. Nos deja en ruinas y no precisamente las de Egipto. ¿Llorar por una serie de Marvel? Siempre llega una primera vez.

Ojo, que todas estas referencias que he mencionado son, para mí, más homenajes que copias. Y con un episodio final genérico, con toda la fórmula de Marvel (pelea épica, atajos sin sentido al estilo “por el poder del guion”, regresos desde la mismísima muerte y mínimo una escena poscréditos) nos despedimos de esta serie. Ya deberíamos saber que no es recomendable calificar a una serie del MCU por su episodio final.

¡Ah, sí! ¿Y Moon Knight? Pues ahí estuvo el Caballero Luna. Tan monstruo como superhéroe. Las pocas veces que lo vimos lució imponente con sus trajes.

Como dice mi amigo Alex: cuatro buenos episodios (de seis en total) no hacen maravillosa a una serie. ¿Habrá una segunda temporada? Podemos esperar sentados, mientras nos preguntamos: ¿Un hipopótamo puede tener acento británico al hablar?

David Lepe
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