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COLUMNAS

Metacine y cinefilia (II)

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Pablo Echart
Revista Nuestro
Tiempo

Sea cineasta o espectador, el cinéfilo no concibe la vida sin el cine. Tan es así que, como ilustran El moderno Sherlock Holmes o La rosa púrpura de El Cairo, sus fronteras pueden llegar a diluirse. En After Life, Koreeda concibe la vida eterna como una recreación cinematográfica del instante más bello de cada vida.

A veces, la cámara se convierte en una práctica subyugante, como muestran Vida en sombras, El aficionado y otros títulos del género vampírico. Nada comparable a hacer cine, parece sostener Tim Burton en Ed Wood, su homenaje al tildado como peor director de la historia, pero a quien él redime por su entusiasmo y pasión enfebrecida.

El metacine es, en efecto, un espacio idóneo para el homenaje.

El metacine es, en efecto, un espacio idóneo para el homenaje (aunque cabe, también, el ajuste de cuentas). La sala de butacas rivaliza con el set de rodaje como espacio dominante. El tributo a los maestros y a las películas queridas se encauza en primer lugar a través de la cita, de la inclusión de un fragmento de otro filme en el propio, casi siempre con un propósito dramático añadido.

Ver una película en una sala de cine puede suponer una epifanía, una experiencia capaz de marcar una vida, como le sucede a la pequeña Ana Torrent en El espíritu de la colmena o a Sammy (Mateo Zoryan), en Los Fabelman. En Primer plano, Kiarostami recrea la noticia de un joven que engaña a una familia iraní al hacerse pasar por Mohnsen Makhmalbaf, el director que, afirma el farsante, “retrata mi sufrimiento en todas sus películas”.

Lo que El largo día acaba ejemplifica el valor de la sala de cine como refugio frente a un mundo grisáceo y hostil. Un espacio de propiedades catárticas: solo al ver bailar a Fred Astaire y Ginger Rogers al son de Cheek to Cheek podrá Cecilia, la desdichada protagonista de La rosa púrpura de El Cairo, volver a sonreír.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

¡Lengua de Señas, mi identidad!

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Consejo Editorial Conadi

En nuestro país, hay un grupo de personas que por medio de señas, por años han demandado las mismas oportunidades en igualdad de condiciones, como lo indica la Convención de Naciones Unidas Sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, instrumento adoptado por el Estado de Guatemala.

En su articulado hace referencia a los derechos fundamentales de toda persona con esta condición, dentro de estos destaca la igualdad y la no discriminación. Ante ello, el Consejo Nacional para la Atención de las Personas con Discapacidad (Conadi) incidió ante el Congreso de la República la aprobación del Decreto 03-2020, ley que reconoce y aprueba la Lengua de Señas de Guatemala como el medio de comunicación propia de las personas sordas y sordociegas; además, rige el cumplimiento al derecho a la comunicación a través de la inclusión de intérprete de lengua de señas.

Este Decreto también declara el 23 de septiembre como el Día Nacional de la Lengua de Señas, en este 2023, se cumple el tercer año de conmemoración y de promover la inclusión de las personas sordas, que según la Unidad de Lengua de Señas del Conadi viven cerca de 361 mil guatemaltecos con alguna dificultad para escuchar.

En este 2023, se cumple el tercer año de conmemoración y de promover la inclusión de las personas sordas. Cerca de 361 mil guatemaltecos con alguna dificultad para escuchar. 

Para este año, se promueve el lema Lengua de Señas, mi identidadcon el objetivo de resaltar el reconocimiento del uso y fomento de la Lensegua como el idioma oficial de la comunidad sorda.

Como compromiso social, todos y todas deberíamos aprender la lengua de señas para poder comunicarnos con las personas sordas que sin duda también tienen mucho que darnos a conocer. No obstante, mientras aprendemos la lengua de señas, también podemos interesarnos por conocer a esta población que forman parte de la comunidad e informarlos sobre los programas de inclusión. 

El Conadi hace el llamado para que todos nos unamos en apoyar y proteger la identidad lingüística y la diversidad cultural de las personas sordas, y como ente coordinador y asesor en la temática de discapacidad promueve la inclusión de todas las personas con discapacidad en la sociedad.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Equidad y gestión de riesgo a desastres

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Ana Leticia Aguilar Theissen

Secretaria Presidencial de la Mujer

[email protected]

Referirse a la gestión de riesgo en un país como Guatemala, con una alta vulnerabilidad y propensión a la manifestación de múltiples amenazas, hace imprescindible iniciar con una reflexión respecto a la gobernanza de la problemática, dados los escenarios y capacidades, que tienen las instituciones públicas en general, de anticiparse, responder y recuperarse. 

El Plan Nacional de Desarrollo K´atun Nuestra Guatemala 2032 plantea una serie de desafíos vinculados con debilidades institucionales, escasez de recursos y capacidades necesarias para abordar la gestión de riesgo en el antes, durante y después de la ocurrencia de un evento natural, socio natural o antrópico.

Al igual que con la equidad, considera la gestión de riesgo como un elemento transversal, que permite construir capacidades de resiliencia en las instituciones y en especial en la sociedad.

El propósito es generar conocimiento, identificar intervenciones y asignar recursos para abordar las causas y efectos de los fenómenos de manera integral, en la lógica que la equidad entre hombres y mujeres, así como la gestión de riesgo, deben ser asumidos como funciones del desarrollo.

El propósito es generar conocimiento, identificar intervenciones y asignar recursos.

Para el Estado y sus instituciones, la incorporación de esta noción en los procesos con los que se conducen el país y el desarrollo representan un enorme desafío en materia de la incorporación de acciones, medidas y normativas en el conjunto de políticas públicas, así como en los procesos institucionales previstos para la planificación, programación, presupuesto e inversión; de manera que las brechas de inequidad se puedan establecer y focalizar de manera cualitativa y cuantitativa, en los instrumentos y mecanismos políticos, técnicos y sociales, para una buena coordinación de las intervenciones públicas.

Ello redundará en la generación de capacidades de resiliencia de las niñas, jóvenes, mujeres adultas y adultas mayores y por su condición de ubicación, cultura y condiciones económicas.

Implica introducir cambios para contar con las mismas opciones y facilidades de acceso al bienestar de todas las personas, reconociendo que las mujeres, adolescentes y niñas rurales o ubicadas en zonas urbano-marginales, indígenas o con algún tipo de discapacidad, son el grupo que presenta mayor vulnerabilidad.

Desde el enfoque de sostenibilidad, promovemos condiciones que le permitan a la sociedad, la familia y las mujeres en particular, el despliegue al máximo de su potencial, propiciando una vida productiva y creativa de acuerdo con sus intereses y necesidades.

Ana Leticia Aguilar
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COLUMNAS

Historia de la comunicación en las organizaciones

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Patricia Orantes Alarcón 

[email protected]

La segunda mitad del siglo XX ha sido, con toda certeza, la etapa en la historia de la humanidad que mayores cambios ha experimentado, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo, y con profundas repercusiones en la sociedad mundial. El comienzo del nuevo siglo aceleró los cambios y los avances tecnológicos (Rebeil, 2006).

Asimismo, refiere que precisamente al despuntar la segunda mitad del siglo pasado, la comunicación aparece como una disciplina que empieza a ser tomada en cuenta en las organizaciones, aunque de forma muy incipiente, ya que sería a partir de la década de los años setenta cuando se le adopta de forma definitiva, sobre todo en Norteamérica.

Rebeil expone que, en el caso de México, algunos de los más grandes e importantes corporativos (transnacionales), replican los diseños estructurales de sus oficinas matrices, donde vieron al comunicador en un rol de hacedor de medios y organizador de múltiples eventos, sin que necesariamente toda esta actividad estuviera concatenada a un esfuerzo estratégico a través de la que se apoyara formalmente los objetivos de negocio de la organización. 

Es la visión integral la que permite al comunicador tener una mayor comprensión de los procesos de cambio y apoya el logro de las metas de la comunicación en una entidad.

La riqueza de los medios utilizados determinaba en muchos casos el buen hacer comunicativo.

Por otra parte, la globalización ha dado paso a una revolución en las comunicaciones y en la forma de comunicarse, lo que ha significado profundos cambios en la vida de las empresas. Las comunicaciones se han orientado cada vez más a los mercados, a los clientes y a la atención que le dan a estos, así como a las comunidades con las que tienen relaciones que no son
necesariamente negocios.

Esto también es abordado por Rodríguez y Opazo (2009, Pág. 14), ya que en el mundo globalizado actual resulta fundamental contar con múltiples medios para informarse de todo lo que ocurre en la empresa; por lo que la comunicación es un elemento central del entorno.

En este sentido, la comunicación permite coordinar las acciones, transmitir información para la toma de decisiones y distribuir las actividades resultantes entre los que deberán ejecutarlas. Por lo tanto, la ineficiencia organizacional es redefinida como ineficiencia comunicativa.

De acuerdo con Rebeil, en el entorno exterior es en el que se da una enorme cantidad de variaciones, la capacidad de comunicar el cambio ha sido definida como un atributo esencial en el liderazgo de las organizaciones.

La alta dirección de las empresas ha comprendido que los cambios se generan, en primera instancia, a través de los ejecutivos y entender el rol que estos deben capacitarse y actualizarse de manera permanente, y entender la función que deben desempeñar como comunicadores.

Las relaciones públicas en las organizaciones o empresas se ocupan de las relaciones de una institución, holding o colectivo determinado, con sus distintos públicos, para la visibilidad y consecución de unos objetivos previamente fijados las relaciones públicas, por tanto, son una parte indispensable en la dirección de cualquier entidad que se precie (Barquero, 2010).

Durante la última década del siglo XXI, la comunicación se ha logrado establecer como un elemento crítico de los proyectos de cambio que surgen en las organizaciones, que suelen ser de gran complejidad y decisivos para la consecución de los objetivos trazados, lo cual explica por qué en la actualidad la importancia de la comunicación en las organizaciones va en aumento, al ser apoyada en su instrumentación.

Al hablar de la evolución que ha experimentado la comunicación organizacional en las últimas décadas, se atribuyó una importancia especial al hecho de que el especialista en comunicación debe continuar su cambio al pasar de un rol reactivo a otro estratégico.

Patricia Orantes Alarcon
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Gobierno de Guatemala

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