Merecida condecoración

Hay enormes méritos de sacrificio cotidiano, dignos desempeños de agentes policíacos.

Antes de los primeros rayos de luz de la alborada empieza una extensa jornada laboral, y, regularmente, concluye muy tarde por la noche, con una familia que está a la espera de su regreso al hogar. El policía es el ciudadano encargado de proteger a la población, resguardando el orden público. Indudablemente, una labor complicada, delicada, polémica y de bastante riesgo, por los índices delincuenciales que mantienen en constante alerta a las fuerzas policiales del territorio nacional. Así también, su entorno está conformado de muchas adversidades, además de una legislación que restringe la capacidad operacional de los agentes. Su función primordial es la prevención de la comisión de delitos y el esclarecimiento de las ilegalidades, pues su labor está orientada a que se respete y se cumpla con lo establecido en las leyes del país.

Por ello, su comportamiento y su accionar deben enmarcarse en las normas vigentes, para que la sociedad reconozca su difícil y arriesgada tarea y, fundamentalmente, la apoye y la respalde. La representación de la institución policíaca está relacionada con el ejercicio de la seguridad ciudadana y la prevención del delito versus el aumento de la delincuencia y la capacidad de respuesta para enfrentarla. De hecho, cada vez que un agente transgrede la Ley se originan sobradas razones para preocuparse, no digamos si se multiplican las conductas delictivas protagonizadas por ese conglomerado, ya que esas acciones no solo desgastan la imagen de la entidad policial, sino hacen que se deteriore la credibilidad y la confianza de la población, impactando en las condiciones de seguridad.

En ese sentido, a la sociedad lo que le interesa son los resultados concretos que consigan los agentes en su lucha contra la delincuencia, para precisar la percepción del buen desem-
peño en cuanto a sus funciones en la seguridad ciudadana. No le importa saber si el incremento delincuencial se asocia a la pérdida de valores, al crecimiento acelerado de desempleo o a la casi inexistencia de oportunidades. A los guatemaltecos les interesa que puedan caminar con tranquilidad por las calles de la ciudad, municipios, colonias, aldeas, etcétera, sin correr riesgo de ser asaltado, extorsionado, herido o muerto. Si esto sucediera, la esperanza de los afectados y sus familias es que los policías capturen a los malhechores y que se les aplique todo el peso de la Ley.

Sin embargo, hay enormes méritos de sacrificio cotidiano, dignos desempeños y grandes intervenciones de agentes policíacos que han evitado que algunos ciudadanos que se dedican a sus diferentes actividades sean atacados por criminales, tal como sucedió el 17 de marzo de este año con Miguel Ac y Richard Pérez, quienes resultaron heridos de bala en el cumplimiento de su deber. Vale mencionar que los agentes antes mencionados serán condecorados con la máxima distinción que la institución policial otorga, por su entrega y compromiso demostrados en su labor. Combatir el crimen en nuestra sociedad requiere de una fortaleza más que loable, una gran convicción y mística de servicio hacia la ciudadanía y a los más nobles valores del ideal de sociedad.

Fernando Lucero