Las tiendas de barrio

Recuerdo en mi barrio, donde nací, crecí y aún es mi colonia, en ciudad de Quetzaltenango, colonia Doctor Roberto Molina, más conocida como la Col Mol, la tienda de doña Ninfa, la de doña Elvia, las Orquídeas de don Lencho, la última, la Panadol y otras, que sería una lista para nombrar. Uno crece con esos nombres y jamás se olvidarán. Al cierre del siglo pasado y en el inicio del presente, las tiendas de mi barrio, cambiaron su contenido y pertenencia. Ya las que conocíamos, la mayoría cerro por distintas razones, ahora hay más, porque son rentables. En ciudad de Guatemala y otros municipios, se conocen como la tienda de los Quichelenses. Personas que han llegado de las comunidades, con capital para invertir y han abierto su cadena de tiendas, no es una la que tienen, son dos o más negocios, en donde le dan trabajo a su propia gente, familiares y amigos del pueblo. Lo curioso es que buscan locales para arrendar que tengan servicio sanitario y el espacio para vivir. Instalan el negocio y viven allí. Es decir, que se ha convertido en un modo económico de inversión de capital para familias que migran, con el fin de buscar más ingresos y duplicar su capital.

El crimen callejero, en algunos casos organizado, en otros improvisado, han visto una fuente propicia para la extorsión, lo que se repudia desde cualquier punto de vista, porque no es justo que el esfuerzo de trabajo, la inversión en pequeñas empresas se frene por el comportamiento de grupos antisociales que buscan los espacios para acomodarse antojadizamente y de manera arbitraria, dañando la vida, el patrimonio de personas que con sacrificio dejan su casa para migrar a otros lugares en la búsqueda del progreso, desarrollo familiar y colectivo. Que por cierto, varias de esas organizaciones han sido desmanteladas por la fuerzas de seguridad, que han contado con el apoyo de las personas que denuncian. Varias tiendas de barrio han cerrado por prevención. Saben que si pagan una vez la extorsión ya no podrán evitar el cobro constante de los delincuentes. En barrios y colonias en donde los vecinos se han organizado con grupos de seguridad pacífica por medio de los Consejos Comunitarios de Desarrollo (Cocodes), ha sido difícil que esos grupos antisociales penetren a causar daño y destruir la tranquilidad de un vecindario, por la misma organización comunitaria que permite mantener alertas constantes entre los propios vecinos.

Tuve dos entrevistas en este tema. La primera fue con Máximo, el dueño de una tienda cercana a la casa, le pregunté que por qué había cerrado la tienda y la respuesta confirmó mi sospecha. Me querían extorsionar. La otra entrevista fue en una tienda de barrio en un municipio del departamento de Sololá, y me informó el propietario que no ha sido extorsionado porque los vecinos están organizados, y no permiten el ingreso de personas sospechosas. Los vecinos se reúnen constantemente, además mantienen constante comunicación con elementos de la Policía Nacional Civil. Tienen los números de teléfono de ellos y cualquier sospecha los llaman. Eso les ha permitido vivir y trabajar en paz, porque el patrullaje policíaco es permanente y la comunicación constante.

Rolando Castillo