Las lesbianas estamos en todos lados (II)

Por la dignidad de los pueblos originarios y las lesbianas. 

Como mencionaba en el artículo anterior, hoy jueves 13 de octubre es el día de las rebeldías lésbico-feministas. Las energías se juntaron para que me tocara escribir y continuar con la segunda parte de este enunciado. Así que celebro nuestra existencia y exijo el respeto a nuestra vida. Convoco las energías de todas las lesbianas que han sido asesinadas en el mundo, invoco sus energías para la justicia. Este día reivindicamos las rebeldías en nuestras vidas, nos conectamos las lesbianas del Abya Yala para salir a la calle, en un acto de valentía, y gritamos a los cuatro puntos cardinales nuestra existencia. 

Y, ¿por qué gritamos? Hace varios años nos compartieron una campaña de organizaciones en Ruanda para visibilizar la vida de lesbianas negras y evidenciar las violencias sexuales por grupos de hombres hacia ellas, pues cada vez eran más las denuncias de este acto aberrante.  Me asusté. Me congelé. Me integré a la denuncia desde estas tierras.

Un año después, en un encuentro, escuché el testimonio de una compañera que había pasado por eso aquí en un lugar de Guatemala; las “descubrieron” y de castigo fueron violadas por un grupo de hombres de su barrio y fueron expulsadas. 

Junto a la violencia sexual, se da el rechazo social o comunitario, cuando una evidencia su forma de amar y vivir, los círculos sociales se cierran: la familia, escuela, trabajo, universidad, amigas, amigos, iglesia, organizaciones; cualquier círculo social. En un primer momento hablan a las espaldas y se riega la “bola”, después se atreven a cuestionar tu decisión. Me recuerdo de determinadas  preguntas que me hicieron: ¿algún hombre te hizo daño?, ¿crees que no sos lo suficiente para algún hombre?, ¿te violaron? Siempre me daba risa, claro después viene la rabia, pues mi decisión no tenía nada que ver con hombres, simplemente me enamoré de una amiga.

El extremo de este rechazo social es la expulsión de los espacios, tan directamente como sacarte de tu barrio, comunidad, espacio; o acusarte de algún hecho, como el acoso a alguna compañera en la organización. Esto significa empobrecimiento, ruptura del tejido social, escasas oportunidades y violencia. 

Muchas mujeres cuando se enteran piensan que te gustan todas las mujeres y se alejan para evitar esto. Me comentaron en una fiesta: “Pensé que ibas a tener deseos sexuales hacia mí”. Muchas veces instalo una barrera con las mujeres heterosexuales para que no crean que un abrazo significa que “quiero tener sexo con ellas”. 

Las lesbianas-feministas reivindicamos la alegría, los amores y placeres ante una sociedad que se carcome con la violencia.

Para algunas de nosotras es sumamente importante reiniciarnos desde la armonía y la tranquilidad.