Ladinidad (I)

Es necesario pensar la organización política plural porque convivimos en este territorio más de 24 pueblos con idiomas, cosmovisiones y prácticas de cada uno.

Desde hace al menos cinco años empecé en un proceso político sobre la construcción del ser ladina, con el fin de comprender el racismo que hay en mi. Una de las reflexiones más fuertes, en este proceso, fue visualizar la des-memoria en mi vida; crecí sin raíces, y con el afán de buscar la hegemonía como ideal de vida.

Y ¿qué significa ser ladina? Ante todo, una negación reaccionaria a las raíces mayas, xinkas, garífunas u otra característica fuera o “diferente” a la cultura hegemónica. Esa diferencia que resaltamos a toda costa de los “otros” hace remarcar la pertenencia a esta cultura.

Gabriela Miranda García, teóloga feminista, nos recuerda que media vez creamos que exista una “diferencia”, lo que esconde es una desigualdad. La negación de ser indígena o garífuna se traduce a colocarnos en el lado opresor, quien ejerce y operativiza el poder de dominio. La esencia de la ladinidad es la negación por medio de la diferencia.

En la historia de Guatemala, las personas consideradas como ladinas en diferentes territorios, cumplían el papel de controladores del régimen colonial.  Ellos ejercían los castigos y vigilaban el trabajo forzado de las poblaciones indígenas; característica que se instaló en el Estado-nación de Guatemala en el siglo XIX y XX.

Es a partir de la “independencia”, la “revolución liberal”, las dictaduras militares y la guerra contrainsurgente, que estos grupos de ladinos toman poder en la organización política y acumulan riqueza de la misma manera que las familias criollas. Ladinos al frente del Ejército, empresas y el Estado, y es así como se conforma la hegemonía. 

En mi proceso de vida, crecí en la ciudad de Guatemala así que repasar en clave crítica e histórica la conformación de esta ciudad otorga la posibilidad de estudiar la ladinidad como el sujeto político del colonialismo.  Este territorio como el epicentro de toda la nación, como la capital, el centro de toma de decisión. Como lo he escuchado varias veces, “nosotros aquí vemos lo nacional, en el interior analizan lo local”. Con esa prepotencia vamos por el mundo. Por lo tanto, uno de los papeles primordiales de un ladino es reproducir y mantener el sistema colonial, establecer relaciones sociales, políticas y económicas basadas en la idea -falsa- de “raza” y la jerarquización por el color de piel.  Entre más se acerque al blanco, más cerca del epicentro se encuentra.

Ladino como identidad política y operador del racismo es funcional a los sistemas de opresión, y ante todo al colonialismo. Es importante revisarnos las prácticas racistas que ejercemos porque generamos desigualdad, nos quita la oportunidad de convivir con otras personas y la oportunidad de conocer a nuestras ancestras y ancestros. Profundizaré en el siguiente artículo.