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COLUMNAS

La metodología Ingrid-H

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Sebastián Toledo
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Los organismos internacionales vinculados a la gestión de riesgos de desastres han venido impulsando en distintas acciones la inclusión de las personas con discapacidad en los procesos de prevención, mitigación y recuperación. Por ese motivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha formulado una estrategia de apoyo denominada Metodología para la Inclusión de las Personas con Discapacidad en la Gestión Integral de Riesgos de Desastres en Hospitales (Ingrid-H), que empieza a impulsarse en Guatemala. 

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Red Latinoamericana de Organizaciones de Personas con Discapacidad y sus Familias (Riadis) dictaron una capacitación sobre esta metodología a personal de seis hospitales. El objetivo es dejar la capacidad instalada en personas con discapacidad, técnicos y profesionales, para que se constituyan en formadores del recurso humano del sistema nacional de salud.

La metodología consiste en la implementación de medidas de accesibilidad en los centros hospitalarios, de tal manera que se garantice la participación y seguridad de los trabajadores y usuarios con discapacidad. Esta acción debe ejecutarse con los recursos que se tengan al alcance y con la intervención de todos los actores relacionados; es decir, que los costos y trabajos son mínimos. 

A través de la implementación de la Ingrid-H, se plantea toda una estrategia de país.

En un informe alternativo elaborado por organizaciones de personas con discapacidad en 2021, en cuanto al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en Guatemala, se concluye que los centros de salud son inaccesibles. Tal preocupación también ha sido planteada en el contexto de la pandemia del Covid-19, por lo que este esfuerzo vendría a contribuir con la reducción de las dificultades.

La invisibilidad que han afrontado las personas con discapacidad durante la historia ha derivado en que las construcciones de infraestructura y fabricación de productos no las tomen en consideración. 

De aquí las marcadas restricciones en los espacios de participación social en general; en este caso, como laborantes o usuarios de los centros hospitalarios. A través de la implementación de la Ingrid-H, se plantea toda una estrategia de país para garantizar la atención de este sector en los riesgos de desastres y emergencias en salud.

Sebastián Toledo
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COLUMNAS

Un buen logro

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SEBASTIÁN TOLEDO

guatemalaparatodos @gmail.com

De mayo a noviembre de 2021, la Asociación Guatemalteca de Personas con Discapacidad Manuel Tot (AGPD) ejecutó un estudio para determinar los efectos de la pandemia de Covid-19 en la población con discapacidad. 

El proyecto planteó la integración de una mesa técnica sobre gestión de riesgos de desastres y emergencias en salud con enfoque de discapacidad, con la participación de entes vinculados a la temática y organizaciones de la sociedad civil, bajo la coordinación del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.

Esta mesa tendrá la responsabilidad de articular los esfuerzos de instancias públicas y privadas de salud, para la inclusión de la población con discapacidad.

Entre otras funciones, esta mesa tendrá la responsabilidad de articular los esfuerzos de instancias públicas y privadas de salud, para la inclusión de la población con discapacidad en las políticas y planes de respuesta. Planteamiento que está en concordancia con la Convención Sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, el Marco de Sendai y el Plan Nuestra Guatemala K-tún 2032.

En línea con los instrumentos citados, se planteó un equipo que contaría con representantes de organizaciones de la sociedad civil: la Asociación Nacional de Ciegos, la AGPD y dos organizaciones de padres del departamento de Sololá, además de delegados de la Red Latinoamericana de Organizaciones de Personas con Discapacidad y sus Familias (Riadis) y la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS).

Tanto la Riadis como la OPS/OMS facilitaron el acompañamiento técnico y financiero a la iniciativa, que quedó institucionalizada mediante el Acuerdo Ministerial 02-2022, publicado el 11 de enero del 2022. 

Una medida que constituye respuesta a una de las principales demandas de la población con discapacidad, que históricamente ha estado excluida de los planes de respuesta de desastres y emergencias humanitarias.

Es justo hacer un reconocimiento a esta acción del Ministerio de Salud Pública, de la Riadis, la OPS/OMS, las organizaciones de personas con discapacidad y otras entidades que tomaron parte de la propuesta, hoy una realidad. Así mismo, debe valorarse como una oportunidad para instar a las demás dependencias públicas, que en función de su mandato y competencias revisen la experiencia e impulsen espacios similares, para promover soluciones a la problemática que enfrentan las personas con discapacidad.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

James Bond vuelve a casa

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Ana Sánchez de la Nieta

Revista Nuestro Tiempo

Sin tiempo para morir es un ejemplo de cómo se puede adaptar un clásico que se había quedado absolutamente acartonado. La
evolución del personaje ha servido para resucitar una saga moribunda. Como dice un buen amigo, a mí lo que me gusta es hablar de la vida aprovechando las películas… Y voy a hablar de mis reflexiones sobre James Bond. Aviso, hay spoiler.

La última película de Bond, además de sacar la saga del dique seco, me parece el broche final de una interesante evolución del agente 007 hacia una masculinidad mucho más sana. Y aquí hago un inciso para los que piensen (con toda la razón,  probablemente) que qué hago yo metiéndome en el jardín de las masculinidades.

Después de este inciso, entremos en materia. James Bond siempre se ha presentado como un personaje cien por cien masculino dirigido a un público mayoritariamente masculino. Un hombre de acción, sin miedo al peligro, resolutivo y frío, que además podía presumir de una elegancia y atractivo que le hacían absolutamente irresistible para las mujeres, que estaban encantadas de sentirse maltratadas por un tipo con tanto glamur.

El recorrido termina en un legado sorprendente.

Al escribir estas líneas una se pregunta cómo semejante personaje pudo sobrevivir al siglo XX. Pero lo hizo. Lo de los papeles femeninos, mejor lo dejamos para otro día. La resurrección empezó hace quince años, en 2006, con Casino Royale y con el estreno de Daniel Craig como James Bond.

El actor británico repetía muchos clichés de los agentes anteriores (seguía siendo igual de atractivo), subrayaba la ironía de Ian Fleming pero, y aquí estaba lo novedoso, añadía profundidad a la historia de nuestro protagonista, que, por fin, tenía un pasado y sufría por un futuro. Un sufrimiento todavía un poco básico, pero algo es algo. El agente 007 comenzaba, tímidamente, a explorar sus emociones, y sus relaciones no eran mecánicas y sin consecuencias. Dejaban una huella. Como en la vida real.

Y no me refiero solo a sus relaciones con las mujeres, que por supuesto, sino con sus jefes, con sus compañeros, con sus amigos e incluso con sus adversarios. Y esta evolución en las cinco películas del que algunos llaman ciclo Craig culmina con un broche de oro en Sin tiempo para morir. Porque ya no se trata de que James Bond tenga amigos y sufra por ellos, o que no utilice a las mujeres como hasta ahora. No se trata incluso de que sea capaz de valorarlas e incluso de ser fiel a su pareja.

Todo esto ha ido configurando al protagonista en los últimos títulos, pero hay un paso más. El recorrido termina en un legado sorprendente: la paternidad. Sorprendente, aunque en cierto punto lógico, porque la evolución de James Bond le ha llevado de un encerrado solipsismo en el que los demás eran simples instrumentos para conseguir retos (unos más confesables que otros) a un darse en una relación más sincera, más gratificante y mucho más fructífera. Este proceso de Bond no se entiende sin su progresivo abrirse al resto de personajes.

Y ese abrirse se traduce, en las sucesivas películas, en aceptar, en perdonar, en renunciar, en pedir perdón, en ceder. En amar. Y, por eso, el final de Sin tiempo para morir me parece sencillamente espectacular para entender el valor de la nueva masculinidad. Una masculinidad que se demuestra, en primer lugar, en lo doméstico y en lo cercano. Después de recorrer el mundo, James Bond (ahora sí, irresistiblemente atractivo) vuelve a casa.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Electricidad, músculo industrial (I)

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Rodrigo Fernández Ordóñez 

Director Presidente

Comisión Nacional de Energía Eléctrica

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Uno de los retos más importantes que tuvo que enfrentar la
Guatemala republicana fue insertarse en el orden mundial luego de surgir como República independiente, el 21 de marzo de 1847, año en que fue liquidado el pacto federal.

Quien puso el clavo final en el ataúd de la malhadada República Federal de Centroamérica fue el diputado federal Basilio Porras, quien en la última sesión de este Congreso, celebrada en julio de 1838, en una triste alocución en que desmenuzó las razones de nuestro fracaso político unionista, declaró disuelto el pacto originado en la Constitución Federal de 1824.

Guatemala tuvo que buscar su lugar en el escenario mundial que se concentraba en la Europa posnapoleónica, que expandía su influencia a base de posesiones coloniales en Asia y África donde la América española tenía poca cabida y sus países se enfrentaban por definir fronteras. La guerra del Pacífico, la guerra de la Triple Alianza y la guerra contra México de 1847 fueron conflictos que desangraron al continente y reordenaron su geopolítica.

Guatemala inicia su carrera por dar forma a su
economía.

La conquista del sur argentino, las guerras del cacao y las campañas de la guerra en el sertón, ambas en Brasil, fueron campañas de eliminación de la población nativa para ocupar sus territorios y explotar sus tierras. 

En ese escenario convulso, Guatemala inicia su carrera por dar forma a su economía que tenía dos áreas diferenciadas: la economía de exportación, dedicada a exportar cacao, añil, cochinilla o café; y una economía interna dedicada al abasto local de los productos, muy estacional y que no alcanzó su desarrollo hasta que Ubico, al extender 11 000 kilómetros de red vial, dio cohesión territorial al país a la par de crear una red de intercambio de bienes que superó el aislamiento de ciertas regiones del país.

Esta red vial interconectó carreteras, rutas departamentales, caminos municipales y vecinales a los diversos pueblos del país, dejando a un lado el norte más quebrado y difícil de alcanzar por las condiciones del terreno y que todavía en la actualidad se busca superar con el desarrollo de la ya mítica Franja Transversal del Norte que busca conectar a Izabal, Alta Verapaz, Quiché y Huehuetenango. La red vial inaugurada por Ubico despertó el afán comercial del centro del país y permitió abaratar costos de producción y transporte e impulsó la penetración de productos en zonas en las que eran completamente ajenos. 

Del impacto de esta red da cuenta el antropólogo estadounidense Sol Tax en su libro en dos volúmenes La economía del centavo, en el que vemos llegar a Panajachel productos que al inicio del proyecto de investigación no se tenía noticia. La investigación de Tax abarca desde 1931 hasta 1942; es decir, la casi totalidad del régimen ubiquista, y explica el impacto económico que tuvo este autoritario gobernante en la historia del país.

La redención de las deudas de finca fue una medida que liberó al mercado laboral cautivo en las fincas de café. Esta medida liberó mano de obra para ocuparla en los trabajos viales y construcción de obras públicas que impulsó Ubico en una aplicación del trabajo forzoso para aplicar las teorías keynesianas para salir de la depresión de 1929. Hay testimonios de la injusta aplicación del Reglamento de Vialidad y de la Ley contra la Vagancia, utilizados como herramienta coercitiva por el Gobierno para desarrollar obras al menor costo posible a cambio de la servidumbre del trabajador.

Liberar esta mano de obra fue positivo, pues permitió al campesino rural de la finca buscar trabajo fuera de ella y le permitió cambiar del trabajo agrícola a otro tipo de oficios lejos del quehacer de la  que sumó al rápido desarrollo del comercio en Guatemala y un lento pero sostenido esfuerzo en la industrialización del país en las décadas siguientes.

Colaborador DCA
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Gobierno de Guatemala

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