La inteligencia emocional

Dos características básicas de las personas emocionalmente inteligentes son generar empatía hacia los demás.

Por regla general, a las personas se les aplica un test de inteligencia racional o bien un test de habilidades laborales. Sin embargo, casi nunca se pone el debido interés en sondear cuan  inteligente emocionalmente es una persona. Y es que la razón principal de esto radica en que la teoría de la Inteligencia Emocional es relativamente reciente. En 1995 la expone por primera vez su autor, Daniel Goleman, aunque sus principios pueden encontrarse en los trabajos de Charles Darwin.

De acuerdo a Goleman, las emociones se ubican en la amígdala cerebral. Se deriva de la palabra almendra, su forma es como un racimo en forma de almendra, de estructuras interconectadas asentadas en el tronco cerebral por el anillo límbico. La amígdala cerebral es el asiento de toda pasión, la especialista en asuntos emocionales, es el depósito de la memoria emocional. El sistema límbico, la neo corteza de la amígdala y los lóbulos frontales, cada uno de ellos es socio de la vida mental. Cuando interactúan positivamente, la capacidad intelectual y la inteligencia emocional aumentan. 

Conlleva un conjunto de otras características, como el control del impulso y las emociones, regular el humor, evitar que los trastornos disminuyan la capacidad de pensar, demostrar que existe empatía, llevarse bien con las demás personas y otros, son aptitudes emocionales que pueden ser aprendidas desde niños que han sido bien dirigidos y enseñados. Hay personas con habilidades emocionales bien desarrolladas, que les permite sentirse más satisfechas y ser eficaces y productivas en la vida.

Salovey citado por Goleman (2001), estructura las capacidades de inteligencia personal en cinco esferas principales: a. Conocer las propias emociones. La conciencia, reconocer un sentimiento; b. Manejar las emociones. Manejar los sentimientos para que sean adecuados; c. La propia motivación. El autodominio emocional, ordenar las emociones al servicio de un objetivo es esencial para prestar atención, para la automotivación, el dominio y la creatividad. Estas personas son más productivas y eficaces en las actividades; d. Reconocer emociones en los demás. La empatía se basa en la autoconciencia emocional; e. Manejar las relaciones. Es el arte de las relaciones, la habilidad de manejar las emociones de los demás.

La inteligencia emocional posee, entre otras características, la de motivarnos a nosotros mismos; superar nuestras frustraciones cuando no alcanzamos nuestras metas previstas; controlar nuestros impulsos ante situaciones imprevistas; regular nuestros propios estados de ánimo; asimilar las gratificaciones por tareas cumplidas; dominar la angustia. Dos características básicas de las personas emocionalmente inteligentes, son generar empatía hacia los demás, así como climas de confianza mutua con sus congéneres.

Carlos Interiano