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COLUMNAS

La chica de la calle Aribau (VII)

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Esperanza Ruiz
Revista Nuestro Tiempo

En él buscó la seguridad y de él huyó persiguiendo la libertad. El binomio escritora-crítico literario no funcionó; Laforet sentía coartada su actividad creativa a su lado. Él pasó por momentos de penumbra, en los que la mantuvo al margen.

Ella se posicionó sumisa frente a su criterio. El 11 de septiembre de 1971, Carmen Laforet cerró la puerta de la casa familiar en la calle O’Donnell y se fue como se iba de todos los sitios: con una sola maleta. No quería que su marido viviera en hoteles, “como tantos hombres tristes”.

Manuel Cerezales le ofreció un permiso notarial para que pudiera moverse y viajar como soltera a cambio de que nunca hiciera referencia en su obra a sus años de convivencia. La misma promesa que, en su día, le arrancó su padre. Esta cláusula añade un importante obstáculo a la sequía creativa que estaba sufriendo la autora de Nada y La mujer nueva.

Carmen disfrutó los bombones que él le había llevado.

La anhelada libertad y sus constantes huidas no tienen el resultado que ella espera. Declara que siente una pereza invencible para escribir y que le horroriza, casi patológicamente, cualquier aparición en público. En 1971 llega a un acuerdo con ABC, donde escribía con mayor o menor asiduidad desde los años cincuenta, para colaborar en una serie de artículos a modo de diario personal.

Las sesenta entregas nos acercan a las inquietudes de la autora en la época: la filosofía oriental, el naturalismo o los fenómenos paranormales. Carmen en constante búsqueda. Carmen tratando de llenar vacíos. En los viajes a Roma y a París entre 1970 y 1979 nunca cejó en el empeño de corregir el tomo de Al volver la esquina y de preparar dos nuevos libros.

Durante su estancia en Roma trabó amistad con Alberti y con su compañera, María Teresa León. Eran vecinos del Trastévere, barrio en el que se instaló Carmen. Además, frecuentaba a Paco Rabal y a Asunción Balaguer, consuegros suyos. Antes de regresar a España, Carmen encarga a un amigo enviarle una maleta que contiene sus últimos textos.

Nunca fue posible recuperarla. Grafofobia, le confesó a su biógrafa Roberta Johnson. La profesora norteamericana la invitó a dar conferencias en Estados Unidos, y cuidó de ella, ya debilitada física y mentalmente, durante el periplo. Parece ser que Laforet intuía, además, que comenzaba a padecer alguna enfermedad que mermaba sus capacidades cognitivas.

Finalmente, los hijos de Carmen la acogen, y entonces su retiro es absoluto. Se niega a conceder entrevistas y recibir visitas. Las excepciones las hizo con su amiga Linka Babecka y con Carmen Martín Gaite, que cumplió así el sueño de cincuenta años de conocer a su maestra. La mujer atrapada en el éxito prematuro de Nada, la mujer asfixiada en el mundo estrecho de la clase media, cuyo espíritu estaba ebrio de libertad, la mujer que amaba reír.

La mujer que exalta la amistad, que vivía de lealtades extremas y de grandes decepciones, la de la huida, la perfeccionista. La mujer que nadaba y sudaba sal. La mujer que amaba vagar siempre prefirió, en el fondo, vivir la vida en lugar de contarla. Carmen sufrió un alzhéimer que llevó a sus hijos, con los que había convivido alternativamente las últimas décadas, a internarla en una residencia geriátrica hasta su fallecimiento en 2004.

Tras más de veinte años negándose a tener una reunión con Manuel Cerezales, se produjo un cordial encuentro entre ambos. Carmen disfrutó los bombones que él le había llevado a casa de su hijo Agustín. Cerezales dudó de que le hubiera reconocido, la halló serena ante su presencia. Ella respondió: “Claro que sé quién eres. Eres Manolo”.

Mientras recorre con ayuda los pasillos de la residencia, oye que en alguna de las habitaciones están asistiendo a la retransmisión de la misa. Con señas, Carmen pide entrar. Un sacerdote la conforta con los sacramentos de la confesión y la unción de enfermos. Su espíritu, al fin, encuentra la paz.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Gestión por procesos en el sector público (II)

Publicado

-

Lic. Francisco Leal
Dirección de Investigación, DIADI/INAP
[email protected]

La implementación del Sistema de Gestión de Calidad (SGC) es la última etapa de la implementación de la gestión por procesos en las entidades públicas, luego de haber realizado la etapa preparatoria, el diagnóstico e identificación de procesos y la mejora de estos.

La calidad de los servicios o productos se define como el conjunto de propiedades que permiten satisfacer las necesidades de sus consumidores. El Sistema de Gestión de Calidad (SGC) busca garantizar que la condición de los productos posea una efectividad al momento de resolver los problemas de los ciudadanos.

Para establecer los procesos de una entidad pública se hace uso de una metodología de la implementación, la cual nació en el ámbito privado, al igual que el enfoque por resultados. Para hacerlo, se pasa por una serie de etapas.

Lo más importante de la gestión de procesos es ayudar a cumplir objetivos institucionales.

La primera consiste en ajustar las condiciones previas, que son la de asegurar el compromiso de la alta dirección de la institución en la implementación de la gestión por procesos, tener objetivos estratégicos, asegurar los recursos que se utilizarán y fortalecer el órgano responsable de la implementación.

Luego de ello se inicia con la primera etapa, que consiste en realizar un análisis del estado de la institución para luego elaborar un plan de trabajo, capacitar a los encargados e iniciar una campaña de sensibilización general de todos los integrantes.

La segunda etapa consiste en la identificación de los procesos, que incluye la elaboración de una tabla de inventario de procesos y la verificación del triple alineamiento. La tercera etapa es de seguimiento y medición de los procesos, identificación de brechas de cumplimiento y la mejora de estos. De esta forma, la gestión queda implementada en la institución.

Lo más importante de la gestión de procesos es que constituye una herramienta fundamental para ayudar a cumplir los objetivos institucionales de las distintas entidades públicas, los cuales confluyen necesariamente en lograr el bienestar de la población y el aumento de su calidad de vida a través de la entrega de servicios o productos de la mejor calidad, de forma oportuna y al menor costo posible.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Las polifonías de la danza (II)

Publicado

-

Ana Eva Fraile
Revista Nuestro Tiempo

Cuando quería estar solo, se refugiaba en la habitación de sus hermanas: “Había muchos vinilos y me encerraba con pestillo a bailar. Escuchaba a Prince, Bob Dylan, Madonna, pero también Las cuatro estaciones o una sinfonía de Brahms”.

El bailarín y coreógrafo rastrea en su infancia otra conexión clave con el presente. Le encantaba modelar con arcilla o plastilina, tallar la madera, pintar al óleo, con acuarela o carboncillo, diseñar disfraces, montar belenes gigantes… “Estaba constantemente creando universos, ideando escenarios (condensa Ruz).

Cuando ahora, con el paso de los años, veo que me dedico a eso, que he hecho de mi creatividad mi profesión, me siento muy agradecido a todas las personas que me han apoyado: los primeros, mis padres”. Ese niño “que se emocionaba con cualquier cosa y se tiraba meses haciendo algo” es hoy una de las figuras más destacadas de la danza española y cuenta con el respaldo del mundo de la cultura.

Todos sus espectáculos aplazados volvieron a estar en cartel y 2021 se convirtió en la temporada más fecunda de su
carrera.

En 2013 recibió el Premio El Ojo Crítico de Danza de RTVE, en su primera edición. Y al cabo de cinco años, el Ministerio de Cultura y Deporte le concedió el Premio Nacional de Danza en la modalidad de Creación. El reconocimiento llegó tras el debut de Electra, un espectáculo concebido para el Ballet Nacional de España. El jurado remarcó su lenguaje singular y la importancia del pulso musical de sus proyectos.

Si en octubre de 2018 experimentó cómo la confianza espolea a mirar hacia delante, diecisiete meses después una pandemia puso en pausa la vida. Pero “la danza no puede pararse” y fue un tiempo de “mucha frustración y miedo”. Como señala Ruz, vivir de la danza en España “es casi una proeza” y él encajó con impotencia cada cancelación.

“Los bailarines, si no bailan, sufren (explica); por eso, en cuanto se reabrieron los espacios de ensayo nosotros acudimos a las salas con mascarilla y, al principio, sin tocarnos”.

Los focos iluminaron de nuevo a su equipo el 15 de julio de 2020 cuando, en plena pandemia, estrenaron Gugurumbé, junto con los músicos de la Accademia del Piacere, en el Festival de Granada. Afortunadamente, todos sus espectáculos aplazados volvieron a estar en cartel y 2021 se convirtió en la temporada más fecunda de su carrera.

Continuará…

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Libertad de prensa

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António Guterres

António Guterres
Secretario General de las Naciones Unidas
[email protected]

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, 3 de mayo, ponemos el foco en la labor fundamental de los periodistas y otros trabajadores de los medios de comunicación que buscan la transparencia y la rendición de cuentas de quienes ocupan el poder, a menudo con gran riesgo personal.

A lo largo de la pandemia de Covid-19, muchos trabajadores de los medios de comunicación han estado en primera línea, proporcionando información precisa y con base científica para informar a los responsables de la toma de decisiones y salvar vidas. Al mismo tiempo, los periodistas que cubren cuestiones del clima, la biodiversidad y la contaminación han conseguido llamar la atención mundial sobre esta triple crisis planetaria.

Sin embargo, los periodistas y los trabajadores de los medios de comunicación ven aumentar día a día las amenazas a su libertad. Desde la salud mundial hasta la crisis climática, pasando por la corrupción y los abusos contra los derechos humanos, se enfrentan a una creciente politización de su trabajo y a intentos de silenciarlos desde muchos frentes.
La tecnología digital ha democratizado el acceso a la información. Pero también ha creado graves desafíos.

La tecnología digital ha democratizado el acceso a la información.

Los modelos de negocio de muchas plataformas de medios sociales no se basan en aumentar el acceso a la información precisa, sino en aumentar la implicación de los usuarios, lo que con frecuencia significa provocar indignación y difundir mentiras.

Los trabajadores de los medios de comunicación en zonas de guerra no solo están amenazados por las bombas y las balas, sino también por las armas de falsificación y desinformación que acompañan a la guerra moderna.

Pueden ser atacados por representar al enemigo, acusados de espionaje, detenidos o asesinados, sencillamente por hacer su trabajo.

La tecnología digital también facilita la censura todavía más. Muchos periodistas y directores de todo el mundo corren el riesgo constante de que sus programas y reportajes sean retirados de las redes.

Y la tecnología digital crea nuevos cauces para la opresión y el abuso. Las mujeres periodistas están especialmente expuestas al acoso y la violencia en línea. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) constató que casi tres de cada cuatro mujeres encuestadas habían sufrido violencia en línea.

La piratería informática y la vigilancia ilegal también impiden a algunos periodistas realizar su trabajo. Los métodos y las herramientas cambian, pero el objetivo de desacreditar a los medios de comunicación y encubrir la verdad sigue siendo el mismo de siempre.

Los resultados también son los mismos: personas y sociedades que son incapaces de distinguir la realidad de la ficción y que pueden ser manipuladas de forma espeluznante.

Sin libertad de prensa, no hay verdaderas sociedades democráticas. Sin libertad de prensa, no hay libertad.

Las Naciones Unidas trabajan para apoyar a los periodistas y los trabajadores de los medios de comunicación de todo el mundo. Hace diez años establecimos un Plan de Acción sobre la Seguridad de los Periodistas, para proteger a los trabajadores de los medios de comunicación y acabar con la impunidad de los delitos cometidos contra ellos.
En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, honramos la labor esencial de los medios de comunicación de decir la verdad al poder, exponer las mentiras y construir instituciones y sociedades fuertes y resilientes.

La Unesco es el organismo de las Naciones Unidas que tiene el mandato de promover “la libre circulación de ideas por medio de la palabra y de la imagen”. El desarrollo de los medios favorece la libertad de expresión y contribuye al fortalecimiento de la paz, el desarrollo sostenible, los derechos humanos y la lucha contra la pobreza.

Colaborador DCA
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Gobierno de Guatemala

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