Juan Luis Ossa

Escuela de Gobierno

Un buen disco puede marcar un antes y un después en la relación virtuosa entre vida y música. Eso ocurrió en mi caso con el Álbum Blanco, el disco de los Beatles que en noviembre cumple cincuenta años. Sus canciones las conocí, sin embargo, antes de oír el disco completo, en la recopilación de ensayos y tomas alternativas que aparece en Anthology 3. Ahí asoman versiones extraordinarias de composiciones tan importantes como “Helter Skelter”, “Glass Onion”, “Sexy Sadie” y “While my Guitar Gently Weeps”.

Tenía dieciséis cuando oí por primera vez la voz rasgada de Paul McCartney en la toma dos de “Helter Skelter”, una versión que, debido a la cadencia pausada tanto de la guitarra como de la caja de batería que la acompaña, nadie podría haber presagiado se transformaría luego en una suerte de himno iniciatorio del heavy metal. La diferencia entre esta versión y la que apareció en el álbum de 1968 es tan evidente que cuando oí esta última me costó darme cuenta que era la misma canción: en un par de ensayos McCartney le había agregado tantos elementos que ahora no solo su voz, sino la guitarra y el resto de los instrumentos sonaban crudamente rasgados.

“Glass Onion” y “Sexy Sadie” son profundamente lennonistas. Aquella la oí una y otra vez mientras preparaba la Prueba de Aptitud Académica de Matemáticas, y cada vez que lo hago no puedo sino retrotraerme a esos pesados ejercicios de geometría. En una de las versiones de Anthology aparece al final una voz de un comentarista de la BBC relatando un gol de la selección inglesa en el Mundial de 1966, un recurso sonoro que rememora las agregaciones de Sgt. Pepper. “Sexy Sadie”, por su parte, la descubrimos con mi gran amigo Sebastián Videla. En el Álbum Blanco la canción tiene un ritmo más rápido, pero la idea y la letra es la misma: Lennon le canta a una mujer imaginaria, que es dada al engaño y a romper las reglas. Es casi seguro, no obstante, que la haya escrito pensando en el Maharishi.

Finalmente, “While my Guitar Gently Weeps”, una de mis predilectas, no solo por su contenido sino porque, al igual que mi hija de siete años, George Harrison es mi “Beatle” favorito. Otra vez, la diferencia entre la versión de Anthology y del Álbum Blanco es notoria. Para variar un poco, recomiendo la versión del primero: ahí está Harrison solo con su guitarra, con una voz más madura que la de sus canciones previas. Diría, de hecho, que fue esta canción la que lo catapultó a la altura de sus compañeros de banda. Recuerdos sueltos de un disco original y que suena más vigente que nunca.

 

Universidad Adolfo Ibañez