El racismo al revés no existe

Justificar el racismo estructural e histórico con el falso argumento del racismo al revés,  muestra el desconocimiento de la historia de Guatemala.

Empresa comercia con los tejidos e indumentaria que mujeres mayas elaboran. Empresa se bautiza con un nombre que sintetiza la despersonalización de las mujeres mayas. Empresa se disculpa y se destapan las reacciones más diversas, que van desde el reconocimiento de la construcción histórica del racismo como justificación de la explotación material de las personas y los territorios despojados; hasta las inconformidades frente a la disculpa, a la cual ven como exagerada y provocada por gente extremista, que también es racista cuando la oportunidad se le presenta.

Una rápida búsqueda en Internet nos dice que el racismo es la “Ideología que defiende la superioridad de una raza frente a las demás…”. En Guatemala esta ideología niega la existencia de desigualdades históricas, a pesar de que las estadísticas indican que los lugares donde se asientan los Pueblos Indígenas tienen la menor inversión estatal, contrastando con la instalación impuesta de los proyectos extractivos.

El espacio es breve, así que dejo tres ideas para el debate:

El racismo al revés implicaría que los pueblos indígenas pudieran generar desigualdades materiales y simbólicas hacia el grupo social ladino-mestizo-criollo. Esto no puede ser, ya que toda la estructura social, material, económica y simbólica establece que lo normal es ver lo indio como malo, necio, haragán, entre otras. Por el otro lado, lo blanco es sinónimo de pureza y es establecido como la aspiración. Por lo tanto, aunque una persona indígena pudiera insultar a una persona ladina-mestiza-criolla, en este contexto no tiene el peso necesario para poner al otro en posición de
desigualdad.

Como el patriarcado, el colonialismo que instala el racismo, oculta los mecanismos a través del cual se impone. La superioridad establecida está tan enraizada en el sentido común social, que incluso creemos que los Pueblos Indígenas deben actuar desde nuestra concepción (ladino, mestiza, criolla) del mundo.

Hoy las consultas comunitarias tratan de regularse desde una cosmovisión que privilegia lo rígido y la homogeneidad y prioriza los intereses empresariales, frente a los de preservación de las lógicas de cuidado de la tierra y la vida que muchos pueblos pretenden
resguardar.

Aunque algunas personas indígenas tengan expresiones discriminatorias o de menosprecio contra personas de su misma identidad cosmogónica, esas expresiones en última instancia van en detrimento de sus pueblos o en el caso de aquellas racistas/machistas, van en menoscabo de las mujeres.

Entendiendo que las opresiones se funden y articulan, no estaría mal dar una mirada profunda a nuestras concepciones y prácticas, sin dejar de lado los intereses económicos y materiales detrás de esos sentidos
simbólicos.

María Dolores Marroquín