Desnudar el alma con cada palabra

En general, hay que tener cuidado con las frases famosas que vemos en las redes sociales, pues muchas veces no pertenecen a quien citan.

Leer una atribuida a Edgar Allan Poe me dejó pensando mucho. Dice que lo que el mundo llama genio es el estado de enfermedad mental que nace del predominio indebido de algunas facultades. “Las obras de tales genios no son sanas en sí mismas, y reflejan siempre la demencia en general”, reza la cita.

Viniendo de este escritor, la frase pega fuerte. Y es que él puede parecerle a muchos un loco incomprendido, pero era un ser humano más sensible de lo normal, con una mente enigmática.
Además, su aporte a la literatura universal es enorme. Comprendía el oficio de crear como ninguno, por lo cual pudo (y todavía lo hace con sus escritos) guiar a muchos en este a veces oscuro camino. Quizá sus costumbres alcohólicas y de experimentación con drogas, así como su extravagante y empobrecida vida, distraen a las personas de su trabajo e ideas.

Volviendo a la mencionada frase de Poe, aporta a la creencia que los artistas deben tener algo de locura para llevarnos a mundos nuevos y estremecernos.

Opino que esto es válido en muchos casos, importantísimos casos. Pienso en artistas famosos por sus diagnósticos psiquiátricos, como Virginia Woolf y Vincent Van Gogh, entre otros. Esa forma diferente de sus mentes, que para los demás podría parecer enfermedad o locura, les permitía ver las cosas de otra manera.

Para ellos la creación puede ser una forma de terapia, de desahogo, hasta un grito de ayuda. En el caso de los escritores, en cada palabra y frase va un propio pedazo de su ser, su alma se va desnudando al punto que podemos verla allí, temblorosa y magnífica, aunque esté rodeada de sombras.

A veces los momentos más prolíficos de la vida de un autor son los días más oscuros y problemáticos. Cuando no se ven fácilmente las salidas ni los amigos, cuando se cae en pantanos asfixiantes y no queda más salvación que asirse de una ramita en la orilla para no hundirse para siempre. Esa ramita es el arte.

¿Que si las personas felices y sin problemas mentales serios pueden ser artistas? Opino que sí, porque la técnica la pueden aprender y además cultivar su creatividad. También, la apreciación del arte de otros puede darles una útil guía.

Pero, de seguro, no podrán ir a los dolorosos límites a los que llegan los que dentro de su cabeza tienen un “pájaro azul” que lucha por salir.

Jessica Masaya