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35 años de los Acuerdos de Esquipulas

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Vinicio Cerezo 

Secretario General del SICA Presidente de Guatemala 1986-1991

El presente año es el escenario de hitos simbólicos para la región, como
el Bicentenario de la Independencia de Centroamérica, los 30 años del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y el que conmemoramos actualmente, los 35 años de los Acuerdos de Paz de Esquipulas. Estamos ante una oportunidad única para reflexionar sobre la historia recorrida, analizar los avances actuales, pero ante todo asumir la obligación moral de construir un mejor futuro para la región centroamericana. A finales de los años 70 y mediados de los 80, sufrimos una de las épocas más dolorosas de nuestra historia. Varios países de Centroamérica, aunque con una realidad propia, experimentaron el surgimiento de movimientos civiles que derivaron en conflictos armados fuertemente influenciados por la política de intervención de las potencias hegemónicas enfrentadas en la Guerra Fría.

La guerra civil en Guatemala y El Salvador, así como la Revolución Sandinista en Nicaragua, eran parte de los conflictos de baja intensidad que se desataron a nivel global durante ese período. Nos encontrábamos inmersos en un pésimo negocio, otros nos vendían las armas y nosotros poníamos los muertos. Luego de varias propuestas de mediación para alcanzar la paz, como la Iniciativa Wright-Reagan de los Estados Unidos, o las del Grupo de Contadora, nos dimos cuenta de que todas carecían de algo fundamental: un espacio de diálogo político al más alto nivel que incluyera a los cinco presidentes, sin excepciones, para que con nuestras propias manos pudiéramos construir caminos centroamericanos para la paz.  Para lograrlo, propuse que nos aisláramos en el Seminario de Claustro de Esquipulas, un lugar con mucho simbolismo por ser la Capital Centroamericana de la Fe, para que los presidentes Napoleón Duarte de El Salvador, José Azcona de Honduras, Daniel Ortega de Nicaragua, Óscar Arias de Costa Rica y este servidor por parte de Guatemala, pudiéramos reunirnos sin que nadie nos interrumpiera y sin presiones externas que influenciaran nuestras decisiones. Nos propusimos no salir, hasta alcanzar un acuerdo por la paz de Centroamérica.

Estamos ante una oportunidad única para reflexionar.

Hacer realidad esa voluntad política que se necesitaba para poner fin a los conflictos, que para ese entonces ya habían cobrado la vida de más de 400 mil personas, 100 mil desaparecidos, miles de personas desplazadas de sus tierras y millones de refugiados. Así vio la luz la Declaración de Esquipulas I, el 25 de mayo de 1986, convirtiéndose no solo en la Primera Reunión de Presidentes Centroamericanos como espacio de diálogo político permanente, que luego se retomó en el Protocolo de Tegucigalpa para ser el órgano supremo del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), sino que también se constituyó en el primer gran paso hacia un consenso regional por la paz y la democracia. El esfuerzo alcanzado en Esquipulas I fue completado en agosto del año siguiente, con la Declaración de Esquipulas II: El Procedimiento para Establecer la Paz Firme y Duradera en Centroamérica. Los Acuerdos de Paz de Esquipulas, más los sucesivos acuerdos de paz a nivel interno de los países en conflicto, son probablemente el momento histórico más importante para Centroamérica, solamente después de la misma independencia de España. Ahora que nos encontramos a 35 años de ese momento, y a 30 años de la integración regional bajo una visión multidimensional e intersectorial mediante el SICA, es momento de reflexionar de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos.

La recuperación económica, social y ambiental postpandemia está a las puertas, ¿cuál es la nueva realidad que queremos construir?, ¿realmente deseamos regresar al mundo, tal como lo conocimos antes de la pandemia? Los centroamericanos debemos ser los protagonistas de nuestro futuro, arrebatar a las páginas de la historia la oportunidad de escribir un mejor futuro como región. La integración centroamericana es nuestro mejor instrumento para alcanzar un nivel de desarrollo donde no dejemos a nadie atrás. 

Colaborador DCA
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Cooperación internacional y proyectos inclusivos

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Consejo Editorial Conadi

“Solos podemos hacer muy poco; juntos podemos hacer mucho”. Esta famosa frase de Hellen Keller, escritora sordociega y primera mujer con discapacidad en recibir un título universitario, hace referencia a la importancia de la participación de los diferentes sectores para la consecución de un objetivo.

Uno de esos sectores está representado a través de organizaciones internacionales y misiones diplomáticas, especialmente de las naciones desarrolladas y aquellas que tienen avances significativos relacionados con la inclusión de las personas con discapacidad.

El Consejo Nacional para la Atención de las Personas con Discapacidad (Conadi) ha sostenido relación durante los últimos años con ONG que trabajan en Guatemala.

El Consejo Nacional para la Atención de las Personas con Discapacidad (Conadi) ha sostenido relación durante los últimos años con ONG que trabajan en Guatemala, y ha incidido en la inclusión de las personas con discapacidad dentro de sus proyectos. Alcanzándose valiosas contribuciones a favor del sector, en procesos que abordan la participación ciudadana, gestión integral de riesgo ante desastres, derechos humanos, participación en la vida política y pública, entre otros.

La Convención Sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), instrumento adoptado por el Estado guatemalteco, hace referencia a la importancia de la cooperación internacional en apoyo a los esfuerzos nacionales en cumplimiento de los derechos de las personas con discapacidad, importante sector que en el país asciende a 1 600 000 habitantes.

Durante el 2021, el Conadi ha sostenido relación con la Embajada de Costa Rica, misión diplomática que ha brindado cooperación técnica en el proceso de legislación de Certificación de la Discapacidad, Desinstitucionalización y Autonomía. De manera reciente, la Embajada de Israel en Guatemala solicitó el apoyo del Conadi, para identificar a una persona con discapacidad a ser beneficiada con un mecanismo tecnológico que le brindará mayor accesibilidad e incidirá en su autonomía.

El Conadi promovió a una destacada estudiante que es parte del programa Bolsa de Estudios de la institución. Cabe mencionar que Israel y Guatemala, históricamente, han sostenido una estrecha relación de apoyo, pero particularmente esta acción alcanza al sector de personas con discapacidad que coadyuva al cumplimiento de derechos y a la construcción de una sociedad más incluyente.

Colaborador DCA
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El Black Friday destiñe a gris

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Goretti Cabaleiro Profesora de la Facultad de Económicas

Según un Estudio de Consumo Navideño ofrecido por Deloitte, este año el Black Friday acaparó el 32.7 por ciento del presupuesto total destinado por una familia a las compras navideñas.

Nada más y nada menos que seis puntos más con respecto a cifras del año pasado.

Como ya es conocido y con extensión a nivel mundial, el Black Friday o viernes negro es un evento comercial importado desde EE. UU. (surgió en los años 70), que aterrizó en España en 2012.

Viene a inaugurar la temporada de compras con vistas al periodo navideño. Nueve de cada diez empresas de nuestro país se unen anualmente a esta iniciativa que tiene lugar el último viernes de noviembre y que, en teoría, se caracteriza por rebajas significativas en muchas tiendas minoristas y grandes almacenes. Pero es eso, solo una teoría.

Cuando uno ahonda en el término Black Friday, este tiene muchas acepciones. Pero principalmente el trasfondo del evento tiene un objetivo capital: equilibrar las cuentas de resultados de aquellas compañías que, en su mayoría, están en números rojos porque no han vendido lo suficiente durante el año y hacen creer al consumidor que van a hacer unas políticas agresivas de descuentos.

Y un dato más que desmitifica esa idea de rebaja: en términos generales, los precios fueron un 2.6 más caros ese día que en las semanas previas. Además, lo que comenzó siendo una campaña de un día ha pasado a convertirse en un evento que se ha extendido a la semana previa.

Y en ese hacer creer está la clave: para las empresas sin lugar a dudas es black, porque vuelven a los dígitos tintados de negro haciendo que esos números rojos que les acechaban hasta hace poco desaparezcan, pero para el consumidor ese black destiñe en muchos casos a gris. No hay más que hacer un repaso a algunas cifras que ofrece la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) para sostener esta afirmación.

Desde 2015, un mes antes de que se dé el pistoletazo de salida al Black Friday, desde la OCU se recaban y analizan diariamente más de 28 000 precios de un total de 1260 productos para comprobar si aquellos suben, bajan o se mantienen.

Y las conclusiones ahí están: sin ir más lejos, el año pasado solo el 3.4 por ciento de los productos monitorizados alcanzó su mejor precio ese viernes
negro.

Y un dato más que desmitifica esa idea de rebaja: en términos generales, los precios fueron un 2.6 por ciento más caros ese día que en las semanas previas.

Además, lo que comenzó siendo una campaña de un día ha pasado a convertirse en un evento que se ha extendido a la semana previa.

Siguiendo con datos, con respecto a la Black Week la OCU encontró el año pasado que solo el 18.8 por ciento de los productos monitorizados obtuvo su precio mínimo en esa semana última de noviembre, que un 27.5 por ciento de los productos lo incrementó, y que, en general, los precios subieron un 0.5 por ciento entre el 23 y 29 de noviembre de 2020.

El black no es tan black. Entramos de lleno en lo que podríamos denominar Grey Friday o Grey Week, donde el beneficio para las grandes compañías, no tanto las pequeñas y menos para el consumidor, es notorio.

Además, este año, las empresas lo tienen mucho más fácil: en plena crisis de suministros, la población está en alerta para hacerse con algunos artículos cuanto antes por miedo a esa falta de stock.

En este nerviosismo generalizado, las empresas se han adelantado a los tiempos y han visto una oportunidad para iniciar una carrera meteórica para llegar primero al consumidor.

Colaborador DCA
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Bajo nivel de satisfacción con la vida tras las cuarentenas

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Sala de Prensa

Investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad del Desarrollo (UDD) realizaron el Estudio efecto de la cuarentena Covid-19 en el bienestar adolescente, con el objetivo de contribuir al análisis para la implementación de estrategias de mitigación y reparación del impacto que el confinamiento tuvo sobre el desarrollo socioemocional de esta población.

El estudio incluyó a 1389 estudiantes chilenos (54.7 por ciento mujeres, 42.3 por ciento hombres y 3 por ciento no binarios) de primero a cuarto medio, de establecimientos educacionales urbanos de las regiones de Los Ríos, Bíobío y Metropolitana, y consistió en recopilar información sobre su experiencia durante el las cuarentenas y los efectos que esta medida tuvo sobre su bienestar en distintos ámbitos de la vida.

Se realizó una descripción sobre cómo los adolescentes vivieron la pandemia.

En primer lugar, se realizó una descripción sobre cómo los adolescentes vivieron la pandemia, que consideró información relacionada, entre otras dimensiones, con sus relaciones familiares; condiciones materiales y habitabilidad; experiencias de apoyo y modalidad de clases; estado de satisfacción con la vida, afectos nucleares, estrés percibido y estrategias de afrontamiento.

De los encuestados, un 85 por ciento ha experimentado temor a que muera un familiar y un 30.5 por ciento ha sentido temor a morir; mientras que sobre las preocupaciones económicas, en tanto, un 20.4 por ciento indica tener temor a que su padre o madre pierda su trabajo, mientras que un 37.7 por ciento refiere sentir miedo de no poder satisfacer sus necesidades básicas.

En segunda instancia, se llevó a cabo un análisis de comparación de medias entre grupos diferenciados según niveles de satisfacción global y por ámbitos, balance de afectos y estrategias de afrontamiento, considerando sexo, curso (edad), experiencias de Covid-19 respecto a niveles de conflictos y apoyo familiar, agobio por tareas y desmotivación, estrés percibido, entre otros.

Finalmente, se realizó una caracterización y análisis de grupos con diferentes niveles de bienestar (altos, medios, bajos). En este ámbito, según cuenta Jaime Alfaro, investigador de Psicología UDD a cargo del estudio, “la satisfacción de vida baja es de un 32.6 por ciento, cifra que es de atención. Y de estos 494 jóvenes con un nivel bajo de bienestar, un 27.4 por ciento son hombres y un 72.6 por ciento son mujeres, algo raro y de atención, pues esta diferencia no era evidente en estudios de bienestar anteriores; en cambio, ahora, se ve nítidamente”, señala Alfaro.

Colaborador DCA
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