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SUPLEMENTO NAVIDEÑO

Una misma nación con diferentes celebraciones

Cada uno de los pueblos que conforman Guatemala tiene su manera de vivir y festejar la Navidad

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La festividad navideña, tal como se vive hoy en el país, es lejana de la cosmovisión de los grupos originarios. Sin embargo, con el paso del tiempo estos la han asimilado desde sus cosmovisiones, lo que le otorga tintes únicos Aníbal Chajón, investigador del Centro de Estudios de las Culturas de Guatemala de la USAC, explicó que fue introducida con la llegada de los españoles, junto con la implantación de la religión cristiana y el calendario festivo católico. Los misioneros jugaron un papel decisivo en la difusión de costumbres en la actualidad infaltables, como las posadas, nacimientos y novenas. Chajón agregó que la temporada decembrina contemporánea es producto de la influencia estadounidense, luego de que en 1899 se permitiera la entrada de productos norteamericanos. Con ello llegó Santa Claus, el árbol, luces, esferas y con el cine se reforzaron estas ideas.

Es importante recordar que esta celebración, como la conocemos hoy, es un entretejido de las costumbres españolas, como los nacimientos o las posadas, y la influencia estadounidense de finales del siglo XIX que introdujeron a Santa Claus, el árbol, decoraciones y el pavo.

Yolanda Hernández, chef profesional e investigadora gastronómica, explicó que existen comidas que pueden ser consideradas ya de uso extendido en toda la geografía nacional: los tamales y el ponche de frutas. Es ta bebida tiene origen español y su receta dependerá de cada familia, región y frutos disponibles. Junto a la bebida de cacao (chocolate) de raíces mayas, son calientes por excelencia de esta época. No obstante, aunque esta celebración no existía en los universos simbólicos de las sociedades que habitaban el territorio antes de la colonia, estos pueblos la han asumido desde sus propias identidades y moldeado de acuerdo con su memoria histórica y culinaria, su relación con lo sagrado y sus prácticas de convivencia, que crearon expresiones que dialogan con la tradición católica pero conservan un carácter propio.

Los garífunas
Esta fecha es un momento profundamente hogareño, marcado por la unión, la música y los alimentos tradicionales, según comentó Carlos Caballeros, cocinero y emprendedor garífuna. Las reuniones suelen girar en torno al caldo de gallina criolla, el rice and beans y los guisos de pollo o costilla. No falta la ensalada, que puede ser rusa o de remolacha. Muchas familias aprovechan para reunirse en la playa, disfrutar de música en vivo y fortalecer los lazos que los caracterizan. En algunos casos, se incorporan elementos cristianos y costumbres occidentales adoptadas con el tiempo. Las iglesias organizan actividades navideñas, cantos y pastorelas, mientras que en muchos hogares se colocan árboles adornados y se interpretan villancicos como parte del ambiente festivo.

Marvin Norales, comisionado garífuna de la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo contra los Pueblos Indígenas en Guatemala (Codisra), detalló que la espiritualidad se fusiona con el catolicismo, por lo que celebraciones, como la misa de gallo, marcan estas fechas. Aunque no suelen efectuarse ceremonias adicionales, sí se mantienen bailes tradicionales el 24 y 31 de diciembre y el 6 de enero, como el Yancunú, un baile de guerra que recuerda la estrategia de sus ancestros que, disfrazados de mujeres y usando máscaras, sorprendieron a los ingleses. Estos bailes son únicamente para la temporada decembrina debido a su vínculo con las creencias católicas.

Entre los xinkas
Ellos elaboran la comida navideña alrededor de tamales de masa de maíz cocida y un recado especial, acompañados de carnes de gallina, cerdo, pato o pavo, como lo explicó Jacqueline Hernández, quien tiene ascendencia xinka. Para complementar también se prepara un picado, mezcla de repollo con limón y hierbas, como cilantro. Estos alimentos se vuelven el eje de la convivencia y las ollas de tamales permanecen al fuego desde el 24 de diciembre hasta inicios de enero, con lo que se prolonga el ambiente de fiesta por varios días. En sus comunidades, donde conviven prácticas como posadas, convivios y nacimientos, la decoración también adquiere un carácter propio. Las familias blanquean sus viviendas con cal, color que simboliza energía, pureza, claridad y elevación espiritual, y elaboran un árbol navideño a partir de ramas caídas, pintadas de blanco o plateado y colocadas en un almud, recipiente usado tradicionalmente para medir maíz. Se adorna con chicles en forma de moneda y pequeños obsequios.

Luis García, comisionado xinka de Codisra, explicó que la época navideña se entrelaza con su propio calendario espiritual, pues el 21 de diciembre marca tanto el cierre como el inicio de su año con el Día Nacional del Pueblo Xinka. Este momento tiene un fuerte sentido reflexivo, comunitario y de reafirmación de su identidad.

El 21 de diciembre era de vital sacralidad para los mayas prehispánicos. Era una ocasión sagrada, pues simbolizaba el renacimiento del nuevo sol y el inicio de otro ciclo, luego del invierno. Fue desplazada por las tradiciones navideñas.

Los mayas
Han adoptado expresiones propias para convivir y celebrar la Navidad, señaló Victoria Tubin Sotz de Ical, comisionada del pueblo maya de Codisra y maya kaqchikel. No existe una práctica uniforme, pues cada región adopta la fecha según sus conocimientos y dinámicas. En áreas q’eqchi’ se preparan tamales envueltos en hojas de mashán y grandes cantidades de kaquik con carne de cerdo y aves de patio, mientras en regiones kaqchikel predominan los chuchitos, caldos y, más recientemente, tamales. En cuanto a la decoración, más que optar por árboles navideños convencionales, en muchos hogares se elaboran nacimientos con elementos naturales como ramas, musgo y plantas que reflejan su relación fuerte con la tierra.
En algunos casos, incluso, representan su organización comunitaria por medio de figuras en miniaturas, mercados y demás.

José Ángel Zapeta, antropólogo k´iche´, comentó que las posadas son una práctica relativamente reciente en el pueblo maya al ser más común en los cascos urbanos, cambio que se ha dado desde hace unos 30 años. También destacó que el solsticio de invierno (21 de diciembre) marcaba un momento sagrado por ser la noche más larga del año, y el inicio del renacimiento del sol simbolizaba el ciclo continuo del tiempo y el retorno de la luz. Sin embargo, fue desplazado por las fiestas de fin de año. En Chichicastenango, como otros municipios de Quiché, esa conexión ancestral aún se refleja en la Ceremonia del Palo Volador, vinculada al movimiento del Sol y a su renovación anual en honor a Santo Tomás Apóstol.


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