La Navidad de este año llega envuelta en un aire de sofisticación y naturaleza. Las casas son escenarios donde el eco-lujo y la naturaleza se conectan con la calidez de las tradiciones guatemaltecas. Los hogares apuestan por materiales sostenibles (ramas, piñas, madera y fibras naturales) que se combinan con acabados elegantes en cristal, dorado y plateado. La paleta cromática se viste de plateados satinados, azules fríos, verdes profundos y burdeos para crear ambientes serenos y contemporáneos.
En Guatemala, la magia navideña se enriquece con coronas elaboradas con follaje fresco y guirnaldas naturales que evocan la conexión con la tierra. Según Casa de los Gigantes, en La Antigua, las decoraciones navideñas artesanales destacan por sus colores encendidos y detalles meticulosamente trabajados; piezas únicas elaboradas por artesanos guatemaltecos. “Cada creación refleja los colores y las tradiciones de nuestro bello país”, señalaron. La sala principal se ilumina con árboles frondosos decorados en tonos plateados y azules; aunque hoy también se encuentran en una amplia gama de colores, como blancos y rosados.
Así lo confirma Ana Tuqué, quien vende en uno de los bazares de la 18 calle, zona 1 de la capital. En su puesto predominan los tonos pastel, muñecos de nieve, Santa Claus, adornos rosados y figuras de peluche. Incluso, ofrece árboles con la decoración incluida, al estilo de los grandes almacenes.
Ambiente
El comedor se viste de caminos metálicos y velas blancas que fortalecen los lazos familiares; mientras que la entrada recibe a los visitantes con coronas artesanales que combinan raíces y estilo. Las luces LED inteligentes se han vuelto cómplices silenciosas de esta nueva estética. Cambian de intensidad según la hora del día, acompañan el ritmo de la casa, se apagan cuando ya no las necesitas. Los bazares se iluminan con luces colgantes en forma de esferas, estrellas y corazones; despliegan un abanico de opciones que encantan a cada visitante.
Conservan la tradición propia

En Santa Ana Huista, Huehuetenango, el escritor y docente Elder Morales explicó que en algunas residencias aún se conservan tradiciones muy propias de la región. Allí se colocan hojas de pacaya, ramas de naranjo con sus frutos, melocotones, mazorcas de maíz y hojas de pino que sirven como alfombra, además de ramas de sabino y, como árbol de Navidad, la tradicional “punta de pino”. En el medio de toda la elegancia minimalista, el guatemalteco no pierde su esencia. Los nacimientos artesanales tallados en barro y madera siguen ocupando su lugar de honor, pero ahora se fusionan con diseños depurados. Las coronas de follaje fresco cuelgan en puertas de madera recuperada. Las guirnaldas naturales serpentean por escaleras con una libertad orgánica que ningún plástico podría imitar. Y no pueden faltar los elementos naturales que inundan de aromas inconfundibles como las manzanillas, las hojas de pacaya, el gusano de pino y la alfombra de pino en el piso.
En las viviendas, que depende muchas veces de la religión que profesen las familias, se recrea la escena bíblica del nacimiento del Niño Jesús, rodeado por María, José, los Reyes Magos y pastores. Sin embargo, en el contexto guatemalteco, este acto de fe se fusiona con la naturaleza viva y la creatividad artesanal. Los elementos característicos son inconfundibles, ya que en el espacio se viste de un manto orgánico con aserrín de colores, musgo, hojas de pacaya, manzanilla para crear un paisaje festivo. Esta tradición trasciende la esfera privada. Si bien en los hogares capitalinos es el centro de la decoración, la representación se extiende a los espacios públicos: desde mercados hasta plazas, centros comerciales y oficinas. Se exhiben majestuosos nacimientos grandes y artísticos que atraen a familias, visitantes y turistas, que se torna en un punto de encuentro y contemplación.











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