La muerte viene desde arriba

Fue en 2005 cuando me topé con los genios canadienses del dance y noise punk Sebastien Grainger (voz y batería) y Jesse F. Keeler (bajo, teclados y sintetizadores). Conocidos como Death From Above 1979, son creadores de ritmos bestiales que, a modo de beats y riffs, son capaces de hacer vibrar nuestras costillas hasta desfallecer, para luego morir. Con este dúo es imposible dejar de moverse.

Desde que los escuché en ese año, he tratado de seguirles la pista. En 2017 sacaron al mercado su última entrega, Outrage! Is Now y, después de la primera vuelta al disco, concluí que es un material que debe sentirse a un nivel visceral y emocional. Es un viaje delirante que en lo personal me emociona y sorprende. El sonido tal vez es menos crudo que en sus primeros trabajos, mas no deja de tener la fuerza brutal habitual en ellos.

Solo hay que sentir el poder del bajo en canciones como Moonlight para entenderlo. Es increíble pensar en la ferocidad que pueden producir solo dos personas. Menos es más, bien lo dicen por ahí, y para mí esa fórmula funciona muy bien. Recién vi en Youtube la presentación que dieron en un show llamado House Of Strombo. Son pequeños conciertos de lo más íntimo, en la sala de la casa de un anfitrión. No pueden creerme lo mucho que deseé estar en ese lugar, en medio de todas esas cabezas moviéndose al ritmo de un set de mis temas favoritos.

El poder, la fuerza y la rabia, a mi parecer, jamás dejarán de ser elementos que pasen de moda en la música. Por supuesto, en la buena música. Después de 13 años de haberlos descubierto en esa tienda de discos, puedo decir que Death From Above 1979 sigue impactándome. Sí, ellos son la muerte que vuela sobre nosotros como un escuadrón de bombarderos musicales. Sin la menor misericordia, una que no necesito y que tampoco pido, lanzarán todas las bombas de su arsenal con la suficiente furia para estrellarse directo en mis oídos y estallar en mi interior. Ametrallarán todo lo que queda de mi cuerpo, que se desintegra mientras al fondo escucho los gritos provenientes de la voz de Grainger.

Yo no dudaré en salir y mirar hacia arriba. Si por suerte encuentro un cielo despejado, o el sol de la maldita canícula no se encarga de chamuscarme los ojos, veré si puedo observar a esos aviones acercándose a mí. Esperaré esas bombas con brazos abiertos. Eso, queridos lectores, es todo lo que le pido a la música. Ser bellamente aniquilado por ella.

Para Escuchar: Nomad, Holy Books, Freeze Me, NVR 4EVR y Outrage! Is Now.

Álvaro Sánchez