En mi reciente artículo sobre el escultor Max Leiva anoté que él pertenecía a un grupo de artistas cuyos primeros pasos se dieron en la última década del siglo XX. Un conglomerado que, de alguna manera, fue la conclusión plástica de la centuria y la referencia para los artistas cuyas carreras despegaron en los albores del siglo XXI.
Pintura, escultura, grabado, fotografía y otras expresiones alternativas acentuaron el tono plástico del lapso que dejó obras importantes a través de los escenarios de las galerías, patronatos, certámenes como la Bienal de Arte Paiz o las subastas Juannio o Arte por Arte organizado por las damas rotarias del Club Guatemala-Sur. Fue una década afortunada en diferentes aspectos y, para los artistas visuales, un período en el que su trabajo quedó registrado sobre diferentes formatos y caminó hacia importantes colecciones.
Entre los pintores destacan nombres como el de Lezzueck Asturias (1974), hoy radicado en Alemania, con su inquietante obra, un tanto surrealista, en la que la belleza surge a través de su amor por los animales a los que dota de personalidad, dignidad y misterio. Rubín Solórzano (1965) cuya fascinación por la figura humana, el dominio de las proporciones y el dibujo impecable ha quedado patente en sus lienzos de fondo níveo, exalta los músculos bajo la piel desollada como recurso. Ambos autores son docentes de arte.
Entre las pintoras reluce el nombre de Mónica Serra Paiz (1966) quien, a base de chorreados, crea transparencias y superposiciones a las que otorga aparentes valores figurativos inexistentes en la obra. Su trabajo tiende a ser calificado como bucólico por la paz contenida. Dulce María González (1965) propone desde lo inocente. Su creación, de colores vibrantes, es resuelta con sencillez y formas cuya impronta está en el imaginario colectivo. Marvin Olivares (1963) es pintor, dibujante, retratista, caricaturista, fotógrafo y maneja, con holgura, técnicas conceptuales diversas.
También se listan entre los pintores el abstraccionista Werner Vásquez (1971); la diseñadora y dibujante Christine Varadi (1969); Francisco Auyón (1968-2007) de quien publiqué un artículo hace unos meses; y Carlos Estrada Moreno (1961) ganador del Glifo de Oro en la IX Bienal de Arte Paiz, que se ha dedicado a la conservación preventiva de obras artísticas (continúa).











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