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Contempla con las manos y crea a través del silencio

Erick Menchú eleva su obra desde un nuevo taller donde la sordera se volvió en el detonante de su expresión creativa

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En el nuevo taller del artista visual Erick Menchú, en el edificio París Plaza, del Centro Histórico, el bullicio de la calle se disuelve para dar paso a un refugio creativo. Aquí, la luz no solo entra por las ventanas; rebota en las telas, se filtra en los pigmentos y parece actuar como la batería que lo mantiene en un estado de producción constante.

El pintor guatemalteco nos recibió con una sonrisa que denota plenitud. Tras cuatro años en el histórico Pasaje Rubio, el 2025 marcó su mudanza a este espacio donde ha logrado separar el descanso de la creación. Pero el cambio no es solo físico. Habló desde un silencio nuevo (su actual sordera total), uno que, lejos de aislarlo, potencia sus sentidos y ha desatado un “hervidero de ideas” que no se detiene.

Hace lo contrario

En una esquina descansa una pieza de su serie Laberintos. A simple vista es una explosión abstracta de rojos, magentas y azules. Pero el creador, con la sabiduría de quien lleva dominando la técnica del grabado desde hace 20 años, nos invita a un acto de magia: “Las artes gráficas buscan que veas la imagen, no la trama. Yo hago lo contrario”, explicó. 

La cuatricromía que trabaja Menchú y la mayoría de sistemas de reproducción de color se basan en el principio del puntillismo, donde los tonos puros no se mezclan en la pintura, sino en la retina del observador. Así, a través del lente de un teléfono, la abstracción se disuelve y surge una imagen nítida: metáfora de la percepción, un estudio preciso de la separación cromática en el que los colores se neutralizan para revelar una verdad oculta. 

En la charla recordó los tres pilares que sostienen su trayectoria de más de dos décadas de pintura, grabado y muralismo. La epifanía artística: el momento en el cual estudiaba arquitectura, una exposición del pintor Francisco Tún le reveló que su destino no estaba en los planos de una oficina, sino en el caballete. La Torana: esa hermandad creativa nacida en la facultad, donde junto a otros “locos” por el arte  aprendió el valor de la creación colectiva. Y el Taller Experimental de Gráfica de Guatemala: el laboratorio que definió su carrera y  hoy le da las herramientas técnicas para reinventar su obra.

La búsqueda del brillo

Lo que viene para Menchú es una exploración de la esencia humana. Adelanta una serie inspirada en las bolas de discoteca y destellos que lo hipnotizaban de niño. “Quiero llegar a esa esencia donde simplemente te llama el brillo, sin importar si es oro o basura”., dijo.

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