Un monstruo quiere hablarle, no tema

Si de pronto es medianoche y tocan a su ventana, no se asuste. Quizá sea un monstruo, quien habla con la voz de Liam Neeson, y pide audiencia. Aunque el protagonista es el novísimo Lewis MacDougall, diría que esta cinta es más para adolescentes que niños. Que no le engañen las animaciones que de pronto asaltan la cinta. A Monster Calls es una producción que trata el tema del duelo en los niños. Demasiado densa en mi opinión; si usted es una persona sensible, al terminar de verla, puede que recuerde las pérdidas que ha tenido en su vida.

En la cinta Lewis interpreta a Conor, hijo único de una madre soltera quien se encuentra en el ocaso de un cáncer fase 4. Mientras su padre vive en Estados Unidos, su madre empeora con el paso de los segundos. Por si fuera poco, aparte de sufrir la impotencia invasiva de su abuela, Conor debe enfrentarse a un terceto de miserables acosadores en el colegio.

Lo que me fascinó de esta cinta es su esbozo de la impotencia que se vive en la niñez. Conocemos a un muchacho que no entiende por qué la vida es así y no sabe qué hacer con tanta ira y angustia. A pesar de la neurosis que lo aqueja, se adentra en la fantasía y aparece el monstruo en su vida. No es que sea su amigo imaginario, aunque podría intuirse. Este ser nace de las raíces de un tejo, un árbol que desconozco si existe en Guatemala;o el equivalente local sería un amate, así de reverencial y frondoso y oscuro.
En sus visitas, el monstruo le anuncia a Conor que le contará tres historias. A cambio, será Conor quien relate la última. Lejos de abundar en moralejas sosas tipo Disney Inc., estos cuentos le dan a entender que todos los eventos tienen más de una versión, que aquello de que los buenos son pulcros y los villanos son oscuros no es del todo cierto en la vida real. Eso, al paso que Conor acepta una verdad absoluta: tarde o temprano estaremos solos. Más antes que después, la muerte le sonreirá a nuestros seres más queridos.
Otra gota más de realidad: el filme está ambientado en Irlanda, por lo que la iluminación y clima le dan otras notas de frío. Felicity Jones es la madre convaleciente, y Sigourney Weaver la abuela, aparentemente inconsciente del dolor de su nieto. Ambas se convierten en el último puerto emocional de un niño que no entiende por qué a él, precisamente a él, le ocurrirá esta pérdida.
El monstruo es entonces una suerte de Caronte cuya meta es preparar a Conor para su inminente etapa de duelo. Será él quien le ayude a encontrarse en este mundo finito. Si la madurez pudiera enseñarse, esta cinta sería una herramienta ideal para entender la ausencia de los que amamos.
“Los humanos son bestias complicadas. Crees mentiras reconfortantes, sabiendo muy bien la dolorosa verdad que hace que esas mentiras sean necesarias. Al final, Conor, no es importante lo que piensas. Solo es importante lo que haces”, El Monstruo.
Gabriel Arana