Gabriela Montenegro Bethancourt, MSc, PhD
Secretaria Nacional de Ciencia y Tecnología
Al iniciar esta edición de la columna, lo hago con una reflexión sobre el poder de la palabra. Agradezco este espacio que nos invita a dar voz y visibilidad a quienes necesitan más espacios de expresión, a las actividades de acercamiento a la ciencia y a las perspectivas diversas que fortalecen la construcción del conocimiento nacional. La palabra permite nombrar realidades, generar diálogo e imaginar futuros posibles. Hablar de ciencia en Guatemala es, ante todo, un acto de esperanza. No una esperanza ingenua, sino una que cobra sentido en el trabajo diario, en la evidencia y en la convicción de que el conocimiento puede impulsar procesos de cambio. Pero también es un ejercicio de honestidad. Este camino nos ha dejado aprendizajes valiosos: avances importantes, sí, pero también limitaciones que no podemos ignorar. Sabemos que la improvisación no construye futuro.
Este escenario nos desafía y, al mismo tiempo, nos obliga a ser creativos, a priorizar y a planificar mejor.
Iniciamos el año en un contexto marcado por desafíos geopolíticos y nacionales que nos plantean retos colectivos. Esto refuerza la convicción de que la ciencia debe construirse para la paz y para el rescate de los ideales humanos fundamentales, donde la diplomacia científica cobra relevancia como una herramienta para el diálogo, la cooperación y la construcción de paz. Este nuevo ciclo comienza con un presupuesto igual al del año anterior, con las mismas actividades y mayores necesidades. Este escenario nos desafía y, al mismo tiempo, nos obliga a ser creativos, a priorizar y a planificar mejor. Creemos en un país que imagina, y desde la ciencia intentamos contribuir a construirlo, aun cuando la desesperanza se percibe en el ambiente y los retos parecen multiplicarse.
Nuestra misión es transformar, pero ninguna institución puede hacerlo sola. La ciencia requiere planificación, continuidad y una visión compartida entre el Estado, la academia, el sector productivo y la sociedad. Desde la Senacyt impulsamos procesos, articulamos esfuerzos y generamos oportunidades; sin embargo, no somos responsables de las acciones —o inacciones— de cada sector o representante. Esta realidad resulta frustrante y, en ocasiones, limitante. Aun así, continuaremos trabajando. Seguiremos llevando la ciencia a las y los guatemaltecos, aprovechando estos espacios de difusión y haciendo lo que nos corresponde con compromiso, pasión y amor por el país. Porque el futuro no se improvisa: se construye, palabra a palabra, con conocimiento y trabajo colectivo.











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