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Músicos abren su mundo a la juventud

Activos y jubilados vienen de bandas marciales, sacras y de la música popular

Reunidos en la Asociación Mutualista de Veteranos de la Música de Guatemala (AMVM), Enrique Bárcarcel (presidente) Omeritza Tánchez, Jaime Ávila, Rudy Melgar y Juan Antonio Ramírez relatan sus vivencias, satisfacciones y retos. Todos coinciden en que el oficio es sacrificado, pero que las oportunidades se remiten al esfuerzo personal.

Muchos de los agremiados, en esta entrevista realizada en la Casa de Sedes Artísticas Enrique Arce Berhns, zona 1 capitalina, comentan que tuvieron oportunidades que recuerdan con nostalgia, cada primer lunes del mes, pues se juntan para realizar actividades sociales, ya que “lo primordial es estimular la amistad y colaboración” en esta época difícil para el gremio artístico.

Aunque el nombre de la asociación los define como “veteranos” invitan a jóvenes a unírseles; el requisito es ser músico para que el grupo siga adelante y existan más agremiados. A la fecha son 42. “Quienes vengan serán los futuros presidentes, los que van a sacar la tarea de seguir con la AMVM”, explica Ávila.

La asociación se fundó en 1963 como una entidad sin fines de lucro, con el objetivo de agrupar a músicos de bandas y conseguir beneficios para el gremio como fuentes de trabajo, organizarse en cooperativa, crear conjuntos, fundar una academia y tener auxilio póstumo.

Sus fundadores fueron Pablo Sacro, Julio Cruz, Margarito González, Carlos Beteta, Domingo Andrino, Luis Andrino, Pablo Say, Ernesto López, Julián Guerra, Manuel Ávila. Antes, la integraban solo veteranos de las diferentes bandas del Estado, luego, en los años 90, se incorporaron los de marimba, mariachis, maestros de educación musical y todo el que tuviera una trayectoria.

Omeritza Tánchez García
Docente y violinista

Se integró a la asociación en el 2013 y refiere: “Me encanta estar aquí para colaborar. Mi herencia musical nace con mi padre, que fue flautista, y mi madre, maestra de educación musical. Me he dedicado, desde hace bastante tiempo, a la docencia en varias escuelas, colegios, institutos; también soy violinista y toqué en diferentes iglesias. Después trabajé durante muchos años en lo administrativo del Ministerio de Educación”.

Es la vicepresidenta del Instituto de Previsión Social del Artista (IPSA) y formó parte de la Asociación Guatemalteca de Autores y Compositores (Agayc), pues “compongo canciones infantiles”. Comenta que, en general, la vida profesional de un músico es compleja, que requiere de atender también el trabajo familiar.

Jaime Ávila
Trompetista

Forma parte de la organización desde 1980. “He colaborado junto con los compañeros por mucho tiempo en varias actividades”.Una de sus tareas consite en averiguar si alguien se ha ausentado durante un lapso prolongado, por si requiere apoyo por alguna enfermedad o problema personal, asuntos que no faltan.

Cuenta que fue músico militar y estuvo de alta por 32 años. “Mi experiencia fue satisfactoria; uno se siente bien al desempeñar la labor que le gusta”.

Recuerda sus giras departamentales junto con la banda marcial; después ya se radicó en la ciudad de Guatemala y en la actualidad es jubilado del Ejército.

Rudy Alfredo Melgar
Percusionista

Pertenece a la institución desde 1994. “He ayudado, trabajado y participado con nueve juntas directivas, ya que ese es nuestro deber. Igualmente, quiero incentivar a los jóvenes a que se acerquen más. “Les he platicado a algunos, pero cuesta mucho, puede ser por sus trabajos o compromisos.

Me encantaría que llegáramos a 135 agremiados ,como cuando estuve en la tesorería; lamentablemente, muchos se han retirado y otros fallecieron.

Cuenta que su padre fue músico y a la vez lo inspiró; a diario escuchaba tocar los instrumentos. “Comencé en la década de 1970 como percusionista y trabajé 32 años en la iglesia de San José como ejecutante de la fanfarria. Me salí porque padecí dolores en la cintura y debíamos cargar obligatoriamente tres veces durante el recorrido procesional.

Cada año era más pesada el anda y las horas se han extendido; en el presente son hasta 20 y la remuneración poco ha cambiado.

Juan Antonio Ramírez Cordero
Clarinete y saxofón

Sus inicios fueron en una escuela de música del Ministerio de Educación, en Esquipulas, Chiquimula; a la organización ingresó en 1995. “Toqué en una banda civil en 1958; ahí adquirí experiencia, y por asesoría de colegas que recorrieron todas las bandas civiles, supe que era apto para sustentar un examen de oposición con el fin de ingresar en la banda marcial militar. Entonces, le llegó una convocatoria para ocupar una plaza en el conjunto, que en aquella época lo componían 82 maestros, un director y dos músicos mayores. “Me examiné y quedé en segundo lugar, pero debía esperar una plaza y fue cuestión de que un músico falleciera, lamentablemente, para que me dieran la oportunidad de formar parte del grupo en el cual me jubilé con 30 años. Durante 25 años impartí clases en el colegio San Sebastián.

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