Inicio REVISTA VIERNES Misma fecha, pero con diferentes concepciones
REVISTA VIERNES

Misma fecha, pero con diferentes concepciones

Entre la conmemoración y la controversia del 12 de octubre

372

El 13 de octubre de 1876, Justo Rufino Barrios, entonces presidente de la República, emitió el Decreto 165, en el cual los pobladores indígenas de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, pasaban a ser considerados ladinos y, por lo tanto debían vestir como tal y abandonar sus costumbres. La disposición se justificó bajo la premisa de ser “conveniente poner en práctica medidas que tiendan a mejorar la condición de la clase indígena”, tras la solicitud de un grupo de “principales” del lugar. El decreto se publicó, con un día de diferencia a la fecha que años más tarde sería reconocida como el Día de la Raza, una designación que condensaría el pensamiento racista de la época. La medida se convirtió en uno de los reflejos de las ideas raciales promovidas por los gobiernos liberales que impulsaban la ladinización de los pueblos originarios bajo la creencia de que solo mediante la negación de su identidad podrían alcanzar el progreso.

Cada año, el 12 de octubre despierta reflexiones, debates y cuestionamientos sobre cómo debe recordarse el “encuentro” de dos mundos. En distintos países, la fecha conmemora la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492, hecho que marcó el inicio del proceso de colonización y el profundo cambio cultural, político y demográfico del continente. Sin embargo, la interpretación de este suceso no es uniforme. Mientras para algunos representa el comienzo de una identidad compartida entre Europa y América, para otros es el símbolo del inicio de la violencia, la explotación y la discriminación. En gran parte de América Latina ha tenido distintas denominaciones, como Día de la Raza, Día de la Hispanidad o Día de la Resistencia Indígena. Cada una de estas expresa una visión distinta de la historia, pero, más que un debate semántico, se trata de una discusión sobre la verdad y la identidad nacional.

Orígenes en Guatemala
Aníbal Chajón, historiador del Centro de Estudios de las Culturas en Guatemala, de la Universidad de San Carlos (USAC), indicó que en el territorio se celebraba el descubrimiento de América desde 1892, debido a los 400 años de sus viajes y que coincidió con un contexto político complejo en el ámbito internacional. Estados Unidos mostraba interés en apoderarse de Cuba y Puerto Rico, mientras España intentaba conservar sus últimos territorios en América. Sin embargo, en 1898, terminaría perdiéndolos junto con Filipinas. En ese ambiente impulsó celebraciones y homenajes a los viajes colombinos, que también replicaron sus embajadas en distintos países. En Guatemala predominaba una curiosa paradoja. Los liberales admiraban con entusiasmo los acontecimientos europeos y estadounidenses, pero miraban con desdén lo propio, a pesar de que era precisamente en estas tierras donde obtenían sus fortunas, visto en el episodio ya narrado de Justo Rufino Barrios. “En esa época ya se conocía como Día de la Raza, por la raza hispana”, aclaró Chajón y reforzaba el idioma, el sistema público, esquema político y los beneficios que gozaban las élites, gracias a Europa.

No obstante, esa visión también implicaba una invisibilización. Al hablar de una raza única o mestiza, se borraban las diferencias culturales y étnicas de las culturas indígenas, que eran vistas como herencia del pasado y no como protagonistas del presente. El mestizaje, promovido como un ideal de integración, terminó convirtiéndose en una forma de asimilación y agravación del racismo.

Hispanidad, el nuevo término
Chajón comentó que para 1992 el término hispanidad reemplazó al de raza debido a la revisión histórica realizada por España. Se abandonó el último, dado que los avances en la antropología y la biología demostraron que no existen razas en la especie humana, lo que lo vuelve obsoleto. En su lugar, comenzó a celebrarse el Día de la Hispanidad, con un renovado impulso a partir de 1992, en especial en Estados Unidos, donde los medios de comunicación y la numerosa comunidad hispana contribuyeron a darle relevancia. Esta conmemoración busca reconocer los lazos que unen a los distintos pueblos en el continente latinoamericano, al tiempo que se reflexiona sobre los daños profundos provocados por la conquista europea en el continente americano, explicó Chajón. Declaró que a diferencia de España, que ha evaluado con su papel histórico, “países como Inglaterra y Estados Unidos no han hecho procesos similares de autocrítica. Nunca se menciona el genocidio de los estadounidenses al masacrar a millares de comunidades indígenas que eran propietarias legítimas del territorio
norteamericano”.

El sociólogo y catedrático Manuel Rivera opinó que es un concepto reduccionista, que no establece ni da garantías de reconocimiento más allá de imposiciones como el lenguaje, la religión y la forma de hacer gobierno. Por lo que, desde una mirada posvirreinal, representa una narrativa que minimiza las consecuencias de la conquista y las violencias que esta implicó, como la destrucción de estructuras sociales indígenas y el saqueo de recursos naturales.

La lucha indígena
En Latinoamérica se marcó un antes y después cuando Rigoberta Menchú, mujer maya quiché, recibió el Premio Nobel de la Paz en 1992. “Se le entregó también en representación de las personas y comunidades que fueron despojadas a partir de los viajes de Colón”, apuntó Chajón. Desde los Acuerdos de Paz de 1996, el reconocimiento de la nación como multiétnica, pluricultural y multilingüe abrió la puerta a nuevas lecturas del pasado. Organizaciones mayas han propuesto resignificar el 12 de octubre como un día de memoria y resistencia, se han propuesto opciones como el Día de la Resistencia Indígena.
Bajo este enfoque, empezaron a reclamar una visión más autónoma y política, como sujetos de derechos. Respecto a esta causa, la premio Nobel declaró a Revista Viernes que “reinvindicamos la autenticidad de nuestras luchas mienstras exista un sistema de discriminación, sometimiento y exclusión; siempre estaremos reinvindicando nuestra plena libertad”.
En varios países latinoamericanos, esta reivindicación se reflejó en el cambio de nombre de esta fecha. Venezuela y Nicaragua celebran el Día de la Resistencia Indígena; Bolivia, el Día de la Descolonización, y Chile, el Día de los Pueblos Originarios.

Para Domingo Hernández Ixcoy, de la Asociación Maya Uk’ux B’e, la fecha debería ser renombrada al Día de la Invasión Europea. Sostiene que “en ella comenzó el despojo a la identidad, a los territorios, a la cultura. El despojo en su máxima expresión”. Otilia Lux de Cotí, mujer maya quiché, exministra de Cultura y Deportes y activista de los derechos humanos de los pueblos indígenas y las mujeres, considera que el nombre podría ser Día de la Dignidad y Resistencia de los Pueblos y Mujeres Indígenas.

Coinciden en que los Estados deben asumir la responsabilidad de un proceso real de descolonización, pues persisten rezagos en el pensamiento y estructuras de poder. Señalan que la hegemonía de las élites mantiene las condiciones de pobreza para los pueblos y mujeres indígenas, y subrayan la necesidad de reparar la deuda histórica reconociendo su papel esencial como productores de desarrollo y portadores de una cultura milenaria que ha sido, en muchos casos, mercantilizada.
Durante la presidencia de Ramiro de León Carpio (1993-1996) se declaró esta fecha como el Día de la Unidad Nacional. Sin embargo, Manuel Rivera argumentó que es un eufemismo, pues no puede haber unidad nacional donde prevalecen el odio, la desigualdad y la exclusión impulsados por sectores privilegiados y corruptos; situación en la que están de acuerdo Lux y Hernández. “No encuentra sentido la unidad nacional, cuando se sigue viviendo la discriminación y el racismo estructural y cotidiano en el país”, señaló la exministra: “La intención es construir lo que se plantea como un estado plurinacional”, afirmó Hernández.

Memoria y lenguaje
El debate sobre el nombre del 12 de octubre no es solo histórico, sino profundamente simbólico. Las palabras con que se nombran los hechos definen cómo son recordados. Descubrimiento, encuentro, conquista, resistencia, cada una encierra una perspectiva y contextos únicos. En algunos casos se propone una mirada más compleja, que reconozca tanto los aportes culturales derivados del contacto entre Europa y América como la violencia y pérdidas que implicó. En un país como Guatemala, donde la población indígena representa el 42 % según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2018, revisar esa memoria es un ejercicio de justicia. Sin embargo, ante el planteamiento del nombre para esta fecha, Hernández considera que es esencial llamar las cosas por su nombre, son hechos que no pueden ser obviados, de lo contrario “nos imaginaríamos una situación social o política que no existe. Pero sí hay opresión, represión y criminalización”, expresó.

Como sociólogo, Rivera enfatizó en que más que discutir sobre términos adecuados, se debe caer en cuenta que se deben reflejar las realidades tal como son, aquellas que muestran las indiscutibles condiciones de la población, en particular de quienes han sido negados; hechos que “deben plasmarse tal cuales, que expresen, eso la verdad”, reflexionó. Lux de Cotí caseguróó en que el nombre del día carece de relevancia mientras no se respeten los derechos de los pueblos y mujeres indígenas. Solo cuando esos derechos sean garantizados, será el día que “llevará un nombre acorde a los resultados de la vida nacional”.

Menchú reflexionó sobre la carencia de sentido en celebrar algo que atento contra la dignidad humana y agregó que “tenemos nuestra propia historia y manera de dignificar nuestra memoria y vida. Todos los días los celebramos, aunque nos cueste vivir nuestras libertades plenamente”.

Miradas futuras
La interrogante del título que debe tener el 12 de octubre trae a la superficie conversaciones que los entrevistados consideran necesarias a ser sostenidas como sociedad, pero que afirman no resolverán por sí solo los conflictos históricos, pero puede abrir caminos hacia una memoria más plural. Este proceso es un recordatorio de que la historia no es estática, es diálogo constante. Debatir el nombre es un gesto histórico que significa reconocer que el pasado no puede recordarse sin comprender luces y sombras. En un país que aún enfrenta desigualdad y exclusión, es un paso hacia una sociedad más justa, con todas sus heridas, contradicciones y esperanzas.

Lea también

Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

CATEGORÍAS

ARTES8587
CRITERIOS3190
DEPARTAMENTALES1855
DEPORTES14705
ECONÓMICAS5563
EDITORIAL780
EN EL PAÍS31483
MULTIMEDIA976
MUNDO8201
PORTADA4477

Artículos relacionados

REVISTA VIERNES

Seis décadas del Lenin para Miguel Ángel Asturias

"Se acordó hoy el Premio Internacional Lenin de la Paz al escritor...

REVISTA VIERNES

El arte de fondear el lienzo cultural 

Escribir sobre la trayectoria de Yanira Gálvez Bolaños es asomarse a dos...

REVISTA VIERNES

Contempla con las manos y crea a través del silencio

En el nuevo taller del artista visual Erick Menchú, en el edificio...