Agilizar y optimizar la inversión pública en los territorios para el bienestar de la población es el fin último del ejercicio llamado A Tu Tierra, una iniciativa impulsada por el gobierno del presidente Bernardo Arévalo y la vicemandataria Karin Herrera.
Esta propuesta está lejos de ser una improvisación con disfraz de acercamiento a las comunidades, de esas a las que nos tenían acostumbradas las administraciones anteriores, donde el mapa de obras se definía según la bandera política y la inversión pública se establecía por nepotismo, mordidas y las comisiones según lo opaco del contrato. Al final solo era un burdo saqueo de los impuestos de los guatemaltecos.
El proyecto de crear gobiernos departamentales está dirigido a descentralizar las decisiones de cómo y dónde invertir, pues se delega bajo la premisa de que los territorios cuentan con funcionarios dotados de autoridad y recursos para atender las necesidades prioritarias de la población.
Con esto se persigue combatir la situación actual: 7 de cada 10 gestiones deben resolverse en la capital, lo que representa gastos y tiempo perdido para cualquier simple trámite; además, las autorizaciones centralizadas implican retraso en la ejecución de los proyectos y servicios.
El responsable del Organismo Ejecutivo y sus ministros comenzaron en Santa Rosa y ahora llegaron a Sacatepéquez. La meta está definida: hacer más eficiente la representación presidencial en los departamentos para que la inversión pública se ejecute ágil y eficientemente.
En este ejercicio de escucha e interlocución no hay favoritismos ni banderas políticas. Tampoco ideologías y revanchismo, sino, por el contrario, una gestión orientada a que las políticas públicas se cumplan y promuevan el desarrollo de cada pueblo.
De tal cuenta que el mandatario se sienta a la mesa no solo con funcionarios de Gobierno, también incluye a todos los alcaldes del departamento, pues su visión es que la inversión del Estado en obra pública se hace a través de las entidades estatales; es decir, los consejos de desarrollo y las comunas.
Pero el beneficio va en doble sentido porque no solo se focaliza el gasto, también se garantiza la auditoría social y se sientan las bases para la creación de mejores condiciones de vida con pertinencia cultural y según el mapa de necesidades. Descentralizar y democratizar la inversión del Estado es dar respuestas inmediatas a un pueblo digno.











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