Ghost in the Shell: Vigilante del Futuro, lo que hay que entender

Ahora que en marzo se estrena el live action de un clásico de la animación japonesa, les propongo a los seguidores la siguiente actitud: ignoren todo lo que saben de la mayor Motoko Kusanagi y compañía. Esta versión, con Scarlett Johansson como protagonista, no será una copia al calco y no hay que ir con esa expectativa: es una cinta para un público mundial y no para admiradores. Hay que darse por servidos con que la lleven al cine, no nos toparemos con aquello del fan service.

No hay forma que esta cinta logre todo lo que generó en su momento la película de 1995. Además, el cine de Estados Unidos nos la ha hecho antes: toma historias queridas por la audiencia y les da nuevas formas para buscar y entretener a nuevos públicos. Es mejor no meterle corazón y ver la película como una opción con nombre parecido y personajes similares a algo que ya conocemos.

La primera vez que tuve la oportunidad de escribir de esta cinta para un diario fue en 2003, y para entonces solo existía el manga, una serie de 26 episodios y la película de 1995. El público de los que apreciaban el animé en el país era poco, no superábamos las 500 personas; claro, ahora son otros tiempos y los seguidores de este tipo de entretenimiento ya son incontables. Pero pongámonos en contexto: ahora tenemos tres mangas, cuatro películas (una de ellas es la readaptación de la original de 1995 y la más reciente, Ghost in the Shell: The Rising, de 2015), más cuatro series para televisión. Por tanto, la película que está por estrenarse responderá a los siguientes parámetros: condensar desde una visión americana un fenómeno japonés que nació con un manga en 1989, y lo que complica aún más la entrega, para un público nuevo, pues los fans no son el objetivo. Nunca lo han sido.

Ghost in the shell se estrenó en Japón allá por 1995, y ese mismo año Disney, la única productora que ofrecía películas animadas masivas para este lado el mundo, nos entregaba Pocahontas: sí, así de triste. Ahora bien, al país vino gracias a aquel maravilloso canal contracultural de cable llamado Locomotion y ahí fue donde los adolescentes del año 2000 vimos por primera vez esa cinta. En ella convergen una megaciudad oscura, música de vanguardia y filosofía. Es evidente que en la nueva película no veremos esas preguntas cimentadas en el existencialismo: ¿de dónde vengo y a dónde voy?, ¿cuánto tiempo me queda?, ¿por qué debo morir?, todo ello heredado de Philip K. Dick y la cinta Blade Runner. En mi opinión eso sucederá, pero ojalá me equivoque. Sin embargo, los avances de la cinta dilucidan un poco estas dudas y me dan la razón. Me permiten prever que así será, mas no por eso la dejaré de ver, no tengo grandes esperanzas; aún así la recomiendo.

Gabriel Arana