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OPINIÓN CULTURA

Con la acidez no se ríe llorando, se ríe hasta llorar

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Si tiene problemas, ría. Si se siente mal y cree que se ahoga, ría. Si quiere levantarse el ánimo, ría y lo mejor, ya no hay que ir con Garrick. Tome el control del televisor y acuda a Netflix. La lista de humoristas que ofrecen monólogos humorísticos es larga. Ahora, si usted busca un humor sesudo, esta lista de comediantes guardan opiniones cáusticas que atraviesan tiempo, culturas y espacio (¡y con subtítulos en español!). Por antonomasia hay lenguaje soez y todo lo políticamente incorrecto. Si eso no es de su agrado, mejor no se acerque a ninguna de estas opciones:

Baby Cobra: Ali Wong vive un embarazo de al menos 26 semanas y eso no la detiene para hacer mofa de su estado, los hombres y las mujeres. Si lo ve, llegará a un punto de no retorno en el que no sabrá si reír o indignarse ante sus declaraciones: “El feminismo es lo peor que le ha sucedido a las mujeres. Nuestro trabajo era… no tener trabajo. (…) Podríamos continuar haciéndonos las tontas otro siglo más”. El cinismo femenino es un deleite.
Bill Burr: este sujeto vale por dos. No porque sea blanco y se burle de los abusos de esa condición, y menos de la sorna a todo lo políticamente correcto, no. Vale por dos porque puede encontrar dos stand ups del comediante: Walk Your Way Out y I’m Sorry You Feel That Way. En ambos salta de humor al análisis antropológico del ciudadano americano, principalmente de la ridícula doble moral y la religión, sin ignorar el machismo.
Neal Brennan: para reír y meditar acuda a Neal. Su stand titulado 3 Mic. tiene una mecánica simple: En cada uno hace comentarios específicos: 1) en el que lee chistes ocurrentes, 3) el stand up clásico que cuestiona la mojigatería y se ríe de sí mismo y su pasado, y 3) el análisis y la reflexión profunda de la depresión que puede llegar a vivir un comediante durante años. Oscuridad y risa a partes iguales.
Carlos Ballarta: con este mexicano se acepta que la única diferencia de México a Panamá es la comida y el acento, las mañas sociales permanecen. Su humor en el show El amor es para p**os es de lo más cínico que puede haber. Las clases sociales se enfrentan y no teme en ser lapidario con sus comentarios: cual metralleta arremete contra todo, niños, ancianos y sexos, incluso él mismo (hace honor a la primer regla de la vida, “ríete de ti mismo”).
Richard Prayor: si existiera un Olimpo de la comedia, Richard se sentaría a la diestra de Zeus. La presentación Richard Prayor: live in concert data de 1979 y es la prueba tangible que el humor atraviesa los umbrales del tiempo. El padre de la comedia de las décadas de 1970 y 1980 está disponible. La carcajada está garantizada. Tendrá que poner pausa para poder reír hasta llorar y no perderse el chiste siguiente.
Gabriel Arana
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ARTES

EL GRIS MÁS PROFUNDO

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Pienso que hay discos que definen una época pero también un lugar, y una ciudad específicamente. Es como si fuera la banda sonora del sitio. Es decir, si les menciono a The Beatles, por ejemplo, estoy seguro de que piensan en Liverpool, Inglaterra, ¿no? 

Personalmente, me parece fascinante que una canción o un álbum nos puedan situar en algún emplazamiento en especial. Eso es justamente lo que me sucede con la extinta agrupación Gray. Su sonido, a pesar de no haber vivido en ese lugar y momento, tiene la capacidad de transportarme inmediatamente al Nueva York oscuro y sucio de los años 80. 

Gray fue una especie de supergrupo que en su momento estuvo conformado por el genio, músico y cineasta Vincent Gallo, por Michael Holman y por la figura que creo que tuvo que ver mucho con su popularidad, el pintor Jean Michel Basquiat. El disco Shades Of es una de esas joyas que, a mi parecer, pocas veces se dan. Es uno de esos acontecimientos de una vez en la vida, como si fuera gracias a alguna suerte o bendición del azar. Y créanme, no exagero.

Tratar de definir a Gray en un género musical en específico es imposible. Pienso que es todo y es nada; una expresión artística que va un poco más allá de la música. Son sonidos que coquetean con la experimentación más pura, el avant garde y hip hop. Son un collage de ideas que salen disparadas por todos lados.

Eso los situó en un excelente momento de la historia de una ciudad en pleno apogeo creativo. Claro, esto estuvo catapultado por el ascenso al estrellato en las artes plásticas de Basquiat. Es probable que sin él la banda hubiese quedado en el olvido, como otra más de No Wave. Esto no hace de menos el trabajo de los otros integrantes de la agrupación, pero, ciertamente, es el nombre y la obra visual de Basquiat lo que le da, en parte, una identidad a la música de Gray. 

Desde sus portadas hasta la forma de hacer música, mensajes crípticos, voces al azar, poesía y propaganda política destilan de las melodías de Gray. Es como si fuera una sola y larga canción. Es como detenernos y sentir la sensación que nos provoca observar un cuadro de Basquiat. Es imposible pensarlo como en una sola unidad. La información que estalla frente a nuestros ojos es demasiada. Es lo que sucede con la obra del grupo. Nuestro cerebro se parte en muchos fragmentos, tratando de asimilar todo. 

Los integrantes del grupo crearon un sonido adelantado a su tiempo, incluso en comparación con los esfuerzos en solitario de sus integrantes. Gray fue de corta duración, y solamente un par de pistas aparecieron en la banda sonora de la película protagonizada por Basquiat, Downtown 81. Lo que vino después fue un proceso recopilatorio de los integrantes que sobrevivieron a Basquiat luego de su trágica muerte. 

Aun con esto, Gray es una muestra de cómo la música trasciende de distintas formas, que nunca es lineal, como solemos pensarla, y que en eso radican su belleza y sus maneras de sorprendernos.

Para escuchar: todo el disco.

Álvaro Sánchez
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ARTES

Almost Famous y sus 20 velas

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De adolescente vestía playeras negras con estampas de grupos de rock, escribía los nombres de grupos en los escritorios del colegio y pasaba noches enteras escuchando casetes de mis bandas favoritas.

Tenía 12 años cuando le entré de lleno al rock, por medio de cintas de Alux Nahual, AC/DC, Guns N’ Roses, Bon Jovi y KISS. Con ellos se abrió una puerta por la que ingresé en ese mundo tan intenso, como sentimental. 

Recuerdo exactamente la primera vez que escuché una canción de Megadeth; que tuve en mis manos el LP Hysteria, de Def Leppard; o que vi el video de One, de Metallica, entre otras experiencias inolvidables. Desde esa entonces, muchos de mis momentos favoritos en mi vida están inevitablemente acompañados de música rock.

Y ese es el gran encanto de Almost Famous, filme del cineasta estadounidense Cameron Crowe, en el cual se capturan esos momentos que, de una u otra forma, viví, al igual que el protagonista, William.

Los minutos que tarda el colocar un disco en una tornamesa y dejar que los sonidos te lleven a lugares tanto nuevos como inexplicables, o escuchar la música en vivo junto a la persona que te gusta. La vida se trata de momentos. Unos te extraen sonrisas; otros, lo contrario.

Y aunque nunca he cantado en coro y dentro de un bus Tiny Dancer, de Elton John, recuerdo que en una fiesta tomé una bebida extraña que me hizo gritar “Soy el dios dorado”. El lugar carecía de piscina, así que no hubo mucho peligro.

También me vinculé mucho con William en su faceta de escritor de rock. Cuando vi el filme, en el 2000, soñaba con ser escritor de una revista como Rolling Stone, Spin o Rock Deluxe, y reseñar discos o entrevistar músicos. Años después, otros medios me prestaron sus páginas para publicar y compartir mis experiencias e interpretaciones musicales. Es más bonito de lo que se lee, créanme.

Además, los personajes en Almost Famous son un deleite, como la mamá de William sacando la cabeza del carro y pidiéndole “no tomes drogas”, el crítico de música Lester Bangs explicando que los escritores de música no son cool; y el cantante de Stillwater gritando a sus compañeros que lo olvidan en una gasolinera: “Solo soy el maldito vocalista”.

Y, por supuesto, es imposible no recordar que todos tuvimos a una Penny Lane durante nuestra juventud. ¿Qué será de ellas?

Este año, la película cumple dos décadas de haberse estrenado. Para celebrarlo, se publicará desde el miércoles un podcast en cinco partes con casi todos los actores, el director y los productores del filme. Si te interesa escucharlo, puedes entrar aquí: bit.ly/alfampod 

Feliz cumpleaños, Almost Famous. A celebrar entonces. ¡Que viva el rock! Y como dice Penny Lane, y yo se lo creí todo el tiempo: “It’s all happening (todo está sucediendo)”.

David Lepe
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ARTES

BS: El efecto de Santiago Atitlán

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El sexto álbum de la banda guatemalteca Bohemia Suburbana nace en medio de una crisis globalizada. Santiago 14º 91º o simplemente Santiago, como le dicen en su casa, no pidió nacer en medio de este caos, pero aquí está, y vio la luz el viernes.

Las 11 canciones caminan sobre una base de sintetizadores y con la adrenalina roquera que caracteriza a una banda que se conduce trepidante por la vía láctea de agujeros de gusano. Huir y reinventarse en el recorrer de la vida, con total libertad y con la idea de deshacer el mundo, es la inquietud de Santiago.

El disco, que empieza con Arando e hilando, es una invitación a salir del vientre. La desilusión que causa el nuevo orden mundial no será excusa para no vivir. “Y es, quizás, bajo la sombra de un platanal / Que nos gusta ver llover”. Sin Pausa ni demora es una canción rock a doble paso, con la consigna de conquistar el mundo. “Salgo a buscar /Razones para que el día valga la pena /Dame gas / Vamos a recorrer el mundo”.

Se va la lancha es contestar el llamado. Por momentos tiene frases honestas que por ello, inspiran. “Y no tengo la idea / De la misión / Que llama / Dejé mi pena / Y una habitación en llamas”. Redondo y plano es la promesa cumplida. No tener miedo a las circunstancias, a salir y descubrir. “Y es que así / es como es / redondo y plano / a la vez y al revés”. 

Avenida gris es de ritmo frenético con sintetizadores de 8 bits. “Voy en un elevador / cápsula espacial / no apta para gente apática / en un elevador”. Por esa proximidad y empatía, creo que Tráfico pesado es la mejor canción. “Tras el retrovisor, un frustrado conductor / de la ignorancia”. Cada quien se imagina donde quiere estar ante la quietud y pesadez del trafico que roba vida y sueños. “Pienso en las olas y el arrullo del mar”, dice en otro verso.

De mata en mata es sobre buscar la ilusión en el norte. “Atrás quedó la primavera / en el sur dejé mi amor”. Claro, y todo se amarga con las palabras de Trump. Nube de Tormenta es una reflexión del camino recorrido: “Y es que con los años se hace piedra el corazón / se aprende a no llorar y a soportar más el dolor”. 

Se vale soñar conquista con una guitarra onírica casi para contemplar el paisaje de la carretera. Se toma su tiempo para llevarte a un trance nostálgico. “Si la nostalgia baila a tu alrededor /y entonces vivo perdido en el paisaje / Y es que durante el viaje, se vale desear, se vale soñar”. 

Visiglobal es una canción bailable que musicalmente tiene lo suyo, además de euforia con juegos de palabras. Contra mi voluntad es un gran cierre, con paisajes rítmicos bien logrados y letras que invitan a la revolución social ante el hastío del correr de los tiempos. Este es un gran tema que merece rotación en alguna radio.

Santiago 14º 19º es un disco con una producción sólida y bien pensada; sinérgico sin rudezas y prístino. Tuve problemas con la voz de Giovanni, que por momentos suena ahogada, desinflada o con poca fuerza, como en De mata en mata y Contra Mi Voluntad; ojalá no sea nada extraño. Santiago tiene vida propia, y al escucharlo y dejarse encantar, uno se encariña. El álbum abre las puertas a otra Bohemia, una que podría evolucionar a una banda que quiere expandir más su sonido.

Allan Martínez
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