Envejecer en Guatemala

Los ancianos son considerados en ciertas sociedades como fuente de sabiduría, autoridad, valores y tradiciones. La experiencia adquirida con los años se respeta, venera y consulta. Eso no parece ocurrir en Guatemala, en especial en las áreas urbanas. En muchos hogares y en lugares públicos el maltrato hacia este sector de la población es cotidiano, al considerar que sus años productivos han concluido.

El maltrato a los adultos mayores no se circunscribe a la violencia. Son comunes los casos en que son despojados de sus bienes inmuebles y pertenencias, o del dinero de la pensión o jubilación. También son víctimas de amenazas o se les niega el acceso a la salud o medicamentos.

El maltrato a este sector de la población comienza desde la forma de nombrarlos. No es apropiado denominarlos “de la tercera edad” —asociada a inutilidad—; tampoco abuelitos o viejitos. Son personas mayores. La confusión proviene de la Ley de Protección a las Personas de la Tercera Edad (Decreto Número 80-96), la cual establece que la denominación “adulto mayor” principia a partir de los 60 años. De los 80 años en adelante, son llamados ancianos.

La esperanza de vida en Guatemala se incrementó de manera significativa en más de medio siglo. En 1960, la expectativa de vida en las mujeres era de 47.35 y de 46.08 años para los hombres. En 2015 la esperanza de vida de las mujeres era de 76.32, mayor con respecto a los hombres que era de 69.92 años. Con esas cifras que nos entregaron con listón negro, Guatemala pasó de ocupar el puesto 101 en 2014, al 99 en 2015, situándose en la parte media del ranking de 192 países clasificados por esperanza de vida.

En el plano laboral se dan casos de exclusión, ya que muchos empleadores consideran que los adultos mayores no son aptos para cumplir con eficiencia sus atribuciones, sin tomar en cuenta que la experiencia adquirida tiene más valor. Además, la posibilidad de que una persona de esta edad encuentre un nuevo trabajo es escasa. Los adultos mayores aportan valores como puntualidad, responsabilidad, tolerancia, lealtad y respeto hacia los demás. Todos debemos respetar nuestra independencia y dignidad, sin distinción de edad.

Marco Vinicio Mejía