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OPINIÓN CULTURA

Dickens, el hombre que inventó la Navidad

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El problema con Dickens es que Estados Unidos lo suavizó en sus películas. Su obra, por el contrario, es una crítica dura a la Inglaterra victoriana. Creer que A Christmas Carol es un cuento en el que un viejo gruñón encuentra su corazón y cambia la mañana de Navidad es limitarlo. Al contrario, es el libro en el que un hombre, pese a los horrores sociales de su tiempo y de décadas inmerso en su propio egoísmo, entiende en el ocaso de su vida que podemos ser otros y marcar la diferencia, un día a la vez, aunque nada de eso va a cambiar.

Por eso es que no cualquiera de las adaptaciones de Un cuento de Navidad reflejan el sentir del autor. Dicho lo anterior, lo que ofrece The Man Who Invented Christmas (2017) es entender el contexto por el que pasaba Charles Dickens cuando se propuso escribir, en solo seis semanas, un cuento que cambiaría la visión anglosajona de la Navidad.

Hay mucho que decir del papel de Dan Stevens como Dickens, pero me enfocaré en su proceso creativo. La construcción de personajes, ver su nacimiento y la interacción que mantienen con su creador es el aporte nuevo de esta producción. La apropiación de Christopher Plummer como Scrooge es tan estremecedora que llegás a despreciarlo; y aun así, esperás su redención. La cinta te genera esa empatía.

Esta película propone una versión de cómo se escribió esta obra. Es un tras bambalinas que nos muestra a un hombre con malas decisiones, de esos genios adelantados a su época, tan temperamentales como iluminados. Por eso, este Dickens encanta. Es de esas personas a las que invitarías a tu casa solo para escucharlos hablar.

Una de las cosas que nos muestra la cinta, a manera de recuerdos, es cómo despertó la conciencia narrativa de Dickens. Si buscás cuántas versiones existen de esta historia en el cine o la televisión, la lista parece no tener fin. Casi una nueva cada 3 o 4 años. Esta destaca por conocer al hombre detrás del cuento. Te enterarás de cómo algunos personajes de la obra están inspirados en sucesos y personas cercanas a Dickens. Ahora sabemos que se encuentran guiños a su abogado, su sobrino y su familia. Este filme lo encontrarán en El Amate.

Decepción fílmica: Tomb Raider (2018). Para ser una película de profanadores de tumbas y templos, es lo que menos verás. Alicia Vikander (Lara Croft) se esmera, mas el guion no la deja destacar. No es que las entregas de Angelina Jolie fueran geniales, pero esta no las supera.

Lica de domingo: Basic Instinct (1992). Aunque en su momento causó conmoción la escena en la que Sharon Stone cruza las piernas, y si bien ya no es algo que robe el aliento, la cinta permanece actual. Nadie quiere a una escritora loca cerca, ni Michael Douglas. Ideal para una tarde de diciembre.

Gabriel Arana
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ARTES

EL REINADO DEL SUPERHOMBRE

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Después del descalabro bursátil de 1929, dos amigos de la secundaria llamados Jerry Siegel y Joe Shuster trataban ganarse la vida vendiendo historias a las revistas, sin éxito. Al no lograr atraer la atención de las editoriales, Shuster decidió crear su propia publicación, titulándola pomposamente Science Fiction: The Advance Guard of Future Civilization. Como es de imaginarse, la producción era muy sencilla y artesanal. Con una vieja máquina de escribir, Siegel componía todos los artículos e historias, usando distintos pseudónimos, y Shuster realizaba las ilustraciones. El escaso tiraje se realizaba con mimeógrafo y la revista apenas logró llegar a cinco números. 

A pesar de su breve existencia, Science Fiction logró jugar un papel histórico, pues el tercer número incluyó un relato titulado The Reign of the Superman (1933). Basándose en el Übermensch de Nietzsche, Siegel concibió la historia del desposeído Bill Dunn quien, sin saberlo, fue utilizado como conejillo de Indias por un científico loco llamado Profesor Ernest Smalley. 

Al darse cuenta de las nefastas intenciones de su anfitrión, Dunn huyó de la casa y llegó a un parque donde comenzó a notar que había obtenido varios poderes mentales, incluyendo telepatía y el poder de la sugestión. Su inteligencia se había disparado a niveles inauditos y era capaz de comprender todos los idiomas, adquiriendo todo el conocimiento de la humanidad. Inclusive, podía ver en el futuro. Se había convertido en un superhombre. 

Dunn empezó a usar sus poderes para beneficio personal, manipulando a la gente y despojándola de su dinero. Como sabía lo que pasaría 24 horas después, comenzó a hacer apuestas, ganando a diestra y siniestra. Al enterarse de la buena fortuna de Dunn, Smalley escribió una carta a un diario para desprestigiar al superhombre. Consciente de que Smalley iba a aniquilarlo en cuanto lo hallara, Dunn lo mató antes. Luego capturó a un reportero enviado a verificar la veracidad de la nota. Enloquecido, Dunn decidió manipular a los gobiernos telepáticamente y así ocasionar una guerra mundial, pero perdió sus poderes antes de hacerlo.

Después de publicar su historia, Shuster y Siegel se dieron cuenta que el Superhombre podía ser un buen personaje para las historietas, por lo que lo retrabajaron, cambiando sus poderes de mentales a físicos, y su naturaleza pasó de villanesca a superheroica. Finalmente, en 1938 recibieron la oportunidad de usarlo en el primer número de la antología Action Comics, la cual eventualmente rompería todos los récords de venta, incrustando a Superman en la imaginación colectiva e iniciando la Era Dorada de los Superhéroes. 

Alejandro Alonzo
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ARTES

El arte de la transformación

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No sé si a todo el mundo le pasa, pero siempre me ha gustado la idea de apropiarme de un lugar y volverlo mío. Un sitio al que pueda llegar, sentirme en casa y que me traten como tal. Un espacio donde pueda alimentar todos mis sentidos. 

Hace poco, en Antigua Guatemala se abrió un nuevo lugar que cumple con esto que escribo. Se llama Fermento y marca el regreso al negocio de los restaurantes del enfant terrible de la cocina antigüeña, Héctor Castro. Seguramente se preguntarán cómo cuaja lo culinario en una columna de música, pero créanme, lo hace, y bien. 

A Héctor me une una amistad de no menos de 10 años. Me consta que es un melómano consumado y, cuando se requiere, músico también. Esa misma pasión por la música la ha llevado no solo a su cocina, sino al ambiente en que la sirve. Detesto tratar de disfrutar de un buen plato con una mala selección musical, y eso es lo que generalmente pasa en la mayoría de restaurantes. 

Me encanta la idea de comer unos tacos orientales de tocineta en salsa soya y vino chino, o unas piernas de pollo marinadas en especies tandoori, con un buen tinto sauvignon, acompañado de canciones de Nina Simone, y sorbos después, escuchar a Frank Zappa. La música está escogida personalmente por Héctor, y eso me gusta. Se siente como una elección más honesta, con una pizca de rebeldía a lo de siempre. Como esos temas que se recomiendan a un amigo que se estima. 

Las melodías que acompañan momentos especiales se suman al sonido de los cubiertos y los utensilios de cocina, los platos en las mesas, la risa de los comensales y la sonoridad del vino servido, para luego hacer chocar las copas: “¡Chin-chin!”. El aroma de la comida se fusiona con el sentido de la vista, que se pierde en la colección de arte de amigos colgado en las paredes. Todo eso, podría decirse, conforma la banda sonora del lugar. 

Al saber por primera vez lo que significaba la palabra sibarita, supe que era algo que tenía que abrazar. Así lo he hecho cada vez que puedo permitírmelo. Lo comparto sin ningún esnobismo, que quede claro. Es solo disfrutar de lo bueno cuando se puede. Si algún día pasan por Fermento es posible que me encuentren al final de la barra en forma de S. Quien sabe, de pronto podremos compartir una copa escuchando buena música, mientras arreglamos al mundo bajo la noche antigüeña. El cielo podrá esperar un día más.

Álvaro Sánchez
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ARTES

EL OCASO DE LA TIENDA DE CÓMIC

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Ahora que la película Avengers: Endgame supera todos los récords de taquilla, es fácil pensar que la industria de la historieta esté entrando en una nueva época dorada. La realidad es que aunque los superhéroes nunca han tenido un perfil más alto, la brecha entre el cine y los cómics nunca ha sido más amplia. 

Las más afectadas son las tiendas de cómics. En meses recientes se han registrado docenas de cierres de locales, algunos de los cuales eran instituciones venerables, en todo el Reino Unido y Estados Unidos. El año pasado, se reportó la clausura de no menos de 50 tiendas, pero es posible que el número sea mayor, ya que no se cuenta con datos exactos. 

Los días en los que se podía elegir el último número de Spider-Man o Batman de los estantes del quiosco de prensa quedaron atrás. Recientemente, el escritor de cómics Ron Marz tuiteó que, durante una presentación a un grupo escolar, una niña levantó la mano y le preguntó dónde podía comprar cómics.

Pero si hay tanto interés en los cómics, ¿por qué tantos están saliendo del negocio? Al igual que otros minoristas, estas tiendas deben tener en cuenta los alquileres, las tarifas comerciales, los salarios del personal y los seguros. Mas, los márgenes de ganancia en los cómics son tan estrechos que hacen que este sea un acto de equilibrio muy delicado. “Nadie se mete en el cómic al por menor para ser un millonario. Lo hacemos porque nos encantan los cómics”, dice un propietario. 

Un problema importante son las disposiciones impuestas por grandes distribuidores de cómics, como Diamond. Básicamente el minorista debe adivinar los gustos de sus clientes con varias semanas de anticipación para poder realizar el pedido correspondiente. Si las revistas no se venden, no se pueden devolver y no se recupera la inversión. Para reducir el riesgo y asegurar la venta, algunos locales toman pedidos entre sus clientes. 

Para sobrevivir, algunas tiendas de cómic han optado por hacerse más accesibles, ofreciendo una mayor variedad de productos como juegos de mesa y alimentos. Otros minimizan sus costos ofertando sus productos en línea. 

Sin embargo, no todo está perdido. Aun con la existencia de mercados de cómics digitales en sitios como Comixology, de Amazon, y Marvel Unlimited, los cómics impresos todavía constituyen el 85 por ciento de las ventas totales. Un analista de la industria se muestra optimista sobre su futuro: “Si bien es cierto que desde los años 90 ha habido un descenso, creo que hoy tenemos tantas historias sobre la apertura de nuevas tiendas como clausuras de antiguas”.

Alejandro Alonzo
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Gobierno de Guatemala

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