En Guatemala sobran los ejemplos de superación personal. Muchas veces se cruzan por nuestro camino, pero por falta de difusión no nos enteramos y solo los protagonistas, y su círculo muy cercano, son testigos de ello.
En la edición de hoy del Diario de Centro América destacamos siete testimonios, cuatro mujeres y tres hombres, a quienes el destino no favoreció en sus primeros años. Sin embargo, hoy con perseverancia, tesón, gallardía, una visión a futuro y servir de ejemplo a sus descendientes, decidieron empezar, o en el mejor de los casos, retomar sus estudios.
Cursan primaria, básicos y bachillerato de una forma atípica, ya que después de cumplir con una extenuante jornada laboral van a la escuela por la noche, cansados, pero con la ilusión de ser mejores personas, más preparadas, y con el sueño de alcanzar la universidad algún día.
Lamentablemente, el mismo Estado no ha sabido acompañar a este segmento. Como dice el jefe de la Dirección General de Currículo, Alan Palala, el pénsum de la nocturna data de 1970, por lo que tras un rezago de 55 años la administración del presidente Bernardo Arévalo y la vicepresidenta Karin Herrera dispuso renovarlo. Medida que va en dirección de dignificar al pueblo.
Este año se espera publicar el plan educativo debidamente actualizado a las condiciones, no solo de quienes se atreven a cursar estudios por la noche, sino también adaptado a los conocimientos que la tecnología y la demanda laboral requieren.
Como explica el viceministro Técnico, Francisco Cabrera, la educación para un adulto tiene una lógica distinta que para los niños y jóvenes, que es la forma tradicional de enseñar.
Ejemplos como el de Jesusa López, que recibe los conocimientos con un bebé en la espalda mientras sus otros dos hijos juegan afuera del salón de clases, además de modelo de superación, requieren una adaptación para las tareas extraaula. Porque ella y las otras seis personas entrevistadas en esta edición trabajan y hay que entender que tienen necesidades particulares, como bien reconoce Palala.
Las historias de vida que hoy contamos las exponemos para aquellos que aún dudan de que se puede salir de la condición en que se encuentran. De que es posible ponerse un objetivo y, lo más importante, dar los pasos necesarios para alcanzarlo. Como Bertha Olivero, quien aspira a tener una carrera universitaria de rayos X para complementar su instrucción de enfermera. O el de Karina Godoy, que desea estudiar Derecho.
Junior Martínez resume muy bien el porqué de este sacrificio: “Es un esfuerzo, pero graduarse abre muchas puertas”. Y ahora, como Gobierno dignificador del pueblo, corresponde ayudarlos a cumplir sus metas.











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