El primer mensaje del nuevo fiscal general y jefe del Ministerio Público (MP), Gabriel García Luna, al personal de la institución marcó el nuevo rumbo del ente investigador e implicó un aire sustantivo de cambio. Sus palabras, aunque dirigidas a sus colaboradores, también enviaron una señal moral y ética a una ciudadanía golpeada durante años por el miedo y la persecución.
Oír conceptos sobre ética, integridad, objetividad y dignificación institucional resulta, para la mayoría de guatemaltecos, un hecho insólito e impensable desde hace ocho años.
Vale decirlo abiertamente, sin tapujos ni censuras: el MP de Consuelo Porras dejó de verse como el aliado de las víctimas. Su proceder inmoral se reflejó en investigaciones políticas y represiones inclementes contra exfiscales, exjueces, periodistas y activistas, incluidos operadores de justicia obligados a dimitir.
En ese contexto adquiere relevancia el llamado de García Luna a un comportamiento ético y responsable dentro y, sobre todo, fuera de la institución. Su compromiso de eliminar favoritismos, lealtades nocivas y decisiones basadas en conveniencias permite avisorar cambios reales y profundos.
La presencia del fiscal Rafael Curruchiche en la actividad generó, por decirlo de manera suave, incomodidad. Su figura persiste ligada a uno de los períodos más oscuros y cuestionados de la justicia por sus acciones contra operadores anticorrupción, comunicadores y promotores de derechos humanos.
El temor sembrado desde el MP provocó autocensura en distintos sectores sociales, luego de que muchas voces optaron por callar antes de enfrentar represalias, encierros vinculados a tortura o el destierro.
También resulta simbólica la decisión de empezar a retirar obstáculos y barreras instalados en el ingreso del edificio de Gerona. Abrir las puertas transmite un mensaje distinto: retomar la cercanía con los ciudadanos y abandonar la lógica del aislamiento y la confrontación que marcaron los tiempos de Porras y su entorno de aduladores, por cierto, sancionados internacionalmente.
Guatemala enfrenta desafíos para recuperar la confianza en el sistema de justicia. Sin embargo, el ambiente empieza a sentirse diferente. Surge una esperanza alrededor de la posibilidad de construir un MP digno, profesional y al servicio de las víctimas. Después de dos gestiones de miedo y silencio, el país necesita volver a creer y a confiar en los fiscales y autoridades.











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