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Frenar el sarampión requiere conciencia individual y colectiva

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El sarampión no debió regresar como amenaza regional. Sin embargo, la caída de las coberturas de vacunaciones, notorias en el gobierno anterior, reabrió la puerta a un padecimiento altamente contagioso, capaz de dejar secuelas permanentes e, incluso, provocar la muerte. Desde meses atrás, Latinoamérica enfrenta un repunte y Guatemala ya siente el impacto.

La respuesta del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (Mspas), mediante la campaña Vacunación en Acción contra el Sarampión, constituye un esfuerzo para proteger vidas. El despliegue en Guatemala, Mixco y San Juan Sacatepéquez busca contener el aumento del virus en áreas densamente pobladas, donde el germen puede multiplicarse con relativa rapidez.

Debe recordarse que la enfermedad no es un sarpullido pasajero. Puede derivar en inflamación cerebral, pérdida de audición, afectaciones visuales y neumonías severas. Además, las cifras mostradas por el Mspas obligan a actuar. Según datos de la cartera, Guatemala Central concentra la mayor cantidad de contagios. Hasta el 10 de mayo se reportaban más de 6 mil confirmados y 10 fallecidos. El 58.5 % corresponde a personas entre 15 y 39 años, lo cual revela que este mal no es propio de infantes.

La situación regional es inquietante. La Organización Panamericana de la Salud advirtió un incremento histórico de casos en las Américas, con brotes concentrados en México, Canadá y Estados Unidos. En 2026, la expansión continúa, sobre todo en naciones sin esquemas de inmunización.

En el país, la compra de más de 900 mil vacunas adicionales y la participación de voluntarios universitarios son señales positivas. También merece reconocimiento la instalación de puestos en espacios concurridos. Sin embargo, aun así, ninguna campaña tendrá éxito sin compromiso ciudadano. La pandemia dejó cansancio, desconfianza y abandono de controles médicos básicos, irresponsabilidad que pasa factura.

El sarampión avanza donde se impone el descuido. Frenarlo todavía es posible, pero se requiere convertir la prevención en prioridad, tal y como lo concibe el Gobierno, mediante el Mspas.

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