Jonathan Menkos
Ministro de Finanzas Públicas de Guatemala
En 1953, cuando Taiwán era todavía una economía pequeña, el Gobierno tomó una decisión que parece sencilla, pero que pocos países sostienen en el tiempo: comenzó a planificar. No para un año ni para un período presidencial, sino con una visión de hacia dónde quería llegar el país y con la disciplina de no abandonar ese rumbo cada vez que cambiaba el Gobierno.
Desde entonces, el Consejo Nacional de Desarrollo (CND) ha formulado 18 planes nacionales ininterrumpidos. Cada uno alineado con el período presidencial, pero construido sin perder el norte de largo plazo, agregando metas verificables y responsabilidades claras para todos los ministerios. Esa planificación no es un documento para una vitrina: es la base técnica sobre la que opera todo el Gobierno.
El plan vigente 2025-2028, organiza el trabajo del Estado taiwanés en ocho grandes objetivos: economía innovadora, nación inteligente, crecimiento verde, transición a cero emisiones para 2050, inversión en salud, desarrollo territorial equilibrado, construcción de marca país y sociedad inclusiva. Pero lo más notable no es la lista: es la arquitectura. Taiwán planifica simultáneamente en tres horizontes: el plan cuatrienal vigente, una hoja de ruta tecnológica al 2035 y la visión de cero emisiones netas al 2050. No es solo un plan, es un marco de acciones que conectan el presente con el futuro lejano.
Planificar con visión de largo plazo no es una acción marginal ni burocrática.
Y aquí está la lección más importante, la que más me impactó en mi conversación con los planificadores del CND: la planificación da coherencia a las acciones de todos los actores —poder público, sector privado, universidades y ciudadanos—, consiguiendo que todos remen en la misma dirección. Sin brújula, la energía se dispersa. Con ella, se multiplica. El CND no decide por el mercado ni por los ciudadanos, ayuda a encontrar la dirección común para que sus decisiones individuales sumen en lugar de cancelarse.
Guatemala no parte de cero en el camino de la planificación, si bien hay mucho por afinar. Tenemos el K’atun 2032 y la Política General de Gobierno del presidente Arévalo incorpora explícitamente una mirada de largo plazo —la Semilla 10— que busca exactamente apoyar ese horizonte que Taiwán ha cultivado durante décadas,proponiendo la construcción de un país con un crecimiento económico sostenido, sostenible ambientalmente e inclusivo, al tiempo en que se fortalece la democracia.
Lo que Taiwán nos enseña es que esos instrumentos solo se vuelven transformadores cuando tienen continuidad, cuando trascienden los períodos de gobierno y cuando el Estado los usa no solo como documentos de planificación, sino que, al ser dialogados con la sociedad, los transforma en compromisos de nación que trascienden los gobiernos.
Planificar con visión de largo plazo no es una acción marginal ni burocrática. Es la diferencia entre un país que trastabilla imaginando el futuro y uno que lo construye. Taiwán lleva setenta años construyéndolo. En Guatemala estamos consiguiendo hacer lo mismo: gobernar con brújula.











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