Junto a la calidez de la tarde, en la zona 21 de la ciudad capital, un poco más de 50 jóvenes empiezan a despedir el día con ondas sonoras que, mediante diversos ritmos, permiten entrelazar a los comunitarios del sector en una actividad cuyo cometido es la prevención del delito.
Los martes, jueves y sábados, por dos horas, 58 muchachos de 11 a 18 años se unen en el parque La Paz del referido lugar y, con instrumentos propios e institucionales, realizan ejercicios de coordinación, respiración y técnicas que aporten a la orquesta.
La mencionada banda forma parte de los esfuerzos de la Unidad para la Prevención Comunitaria de la Violencia (UPCV), del Ministerio de Gobernación (Mingob), para mantener a los adolescentes alejados de la violencia y las drogas.
De acuerdo con Claudia Jolón, delegada de la UPCV, la iniciativa le otorga a los involucrados la oportunidad de formar parte de una banda musical, mediante la cual pueden ocupar sus mentes y tiempo libre en actividades sanas, que fomenten sus destrezas y capacidades.
“La iniciativa, que nació el año pasado, es producto de un sueño que surgió en el Tercer Viceministerio de Gobernación, que se enfoca en las comunidades”, comentó Jolón.
Agregó que el lanzamiento oficial se llevó a cabo en abril de este año. Destacó, además, que el programa fortalece la responsabilidad, empatía, integridad e inclusión de los intérpretes. “Acá no vemos diferencias, todos somos iguales. La inclusión es parte de la prevención”, reiteró.
Silvia Tuquer, una de las madres de los participantes, admiró la pasión con la que los músicos cuidan y tocan sus instrumentos. “Pueden estar un rato en las calles y hacer lo que les apasiona. Eso les beneficia en lo emocional, psicológico y físico”, argumentó.
Araceli Hernández, otra progenitora, consideró que el conjunto es importante para los jóvenes, porque se vuelve su “mundo” y crea vínculos de compañerismo y apoyo.

Baila para ser libre
Cada tarde, Hillary Erazo, de 17 años, transita, algunas veces acompañada de su prima, 20 minutos para llegar al parque La Paz para participar en las prácticas.
Ella es batonista y aunque al momento de iniciar la entrevista fue un tanto tímida, cuando se le consultó sobre su sentir al estar al frente de los instrumentos los ojos le brillaron.
“Cuando bailo, me siento libre porque comienzo a hacer movimientos al ritmo de la música y eso es muy bonito. Puedo llegar a expresar cualquier tipo de emoción o sentimiento”, explicó.
Reconoció que algunas veces le ha tocado bailar con sensaciones tristes, pero la pasión por la música y el baile le han hecho aprovechar su sentir para exteriorizar lo que la música le hace transmitir.
Adicionalmente a ser una vía de canalización de emociones, la banda se ha vuelto un escape del sector donde vive, que ella describió como peligroso. También destacó que la convivencia con sus compañeros e instructores es saludable.
“Algunas veces, por coordinación, hay dificultades, pero entre todos hemos logrado resolver los problemas. Sabemos que en el camino se aprende a hablar y expresar”, concluyó.
Pasión por el tambor
Diego Vallejo, de 12 años, nació con espina bífida, por lo que tuvo que ser operado, a temprana edad, de su columna y cabeza, lo que lo llevó a estar en silla de ruedas. Sin embargo, gracias a su voluntad y el apoyo de la familia y amigos, es capaz de disfrutar las sensaciones que la música ofrece.
Aunque Diego lleva solo tres meses en la banda, su interés por el redoblante surgió cuando era un niño. “Miraba a las personas tocar y eso me emocionaba”, relató.
Cuando llegó el momento de formar parte del grupo, donde ahora convive con amigos, se le hacía imposible soltar las baquetas para sonar el tambor en casa; a tal punto que tuvo que dejarlo en las instalaciones del parque.
Hoy, cuando mueve las baquetas, sonríe él y quienes lo rodean. Según los organizadores, Diego es un punto importante porque, además de hacer sonar a todo dar el redoblante, es el punto central de los valores de inclusión, empatía y compañerismo que el programa promueve. “Me sé las canciones de Xelajú y Lupita”, dijo con orgullo.
Liderazgo forjado en la lira
De los cinco chicos y chicas con los que hablamos, Rebeca Ramírez, de 17 años, fue la más segura y firme. No solo dirige las liras, sino al grupo completo.
Su deseo por tocar ese instrumento comenzó a la edad de 5 años, cuando en su centro educativo admiraba a otras compañeras liristas mayores; sin embargo este detalle no fue un impedimento para iniciarse. A los 11 logró conectar su pasión con el manejo del instrumento.
“Me sentía feliz porque todo lo que quería lo estaba logrando, aunque me costó por los movimientos rápidos de la lira, pero mi madre me felicitaba en mis avances”, contó.
Para ella, dirigir la banda es un sueño, más cuando se trata de un grupo único. “La experiencia ha sido muy bonita, he tenido que convivir con personas que no conocía y es agradable relacionarse con gente de otras instituciones y sectores”, expresó.
Lo mejor para Rebeca es el resultado de las presentaciones: escuchar cómo todos se coordinan y ofrecen una melodía agradable. Recordó que para entrenar e inspirarse escucha música clásica de los años 60 y 90.

Michael García toca el bombardino y valora el proyecto por ser una oportunidad para guiar a los jóvenes al bien.

Rebeca Ramírez, líder de liras, ve en el proyecto una escuela de disciplina y de oportunidades para la vida.

Carmen Contreras, con la caja, se enfoca en la concentración y la cumbia, y disfruta ser parte de esta experiencia.
Oído amoroso de la cumbia
La primera vez que Carmen Contreras, de 11 años, se colocó una caja en sus hombros sintió el peso del instrumento atacar sus piernas. Meses después, camina tranquila y con una sonrisa de orgullo.
Luego de cursar cuarto primaria, los días que le corresponde ir a ensayar, Carmen llega contenta para cargar el instrumento que casi le alcanza en altura. “Voy en buen proceso de aprender, algo me falta, siento que a veces me pierdo, pero me gusta”, relató.
Cuando entró al programa, vio la oportunidad de mantener su mente en aprendizaje constante. La convivencia con sus compañeros también la hace sentir cómoda.
En el proceso de fortalecer sus capacidades con la caja, Carmen entrena su oído inspirada en la cumbia. “Me gusta ese tipo de música, cuando la pongo agarro mis baquetas y me pongo a moverlas en dirección al cielo”, detalló.
Con disciplina y alegría, junto a la guía de los instructores del programa, con cada golpe en la caja Carmen está
Un futuro que inspiracerca de alcanzar una nueva meta musical.
Oportunidad de integrarse
Michael García, 17 años, es estudiante de bachillerato. El adolescente aceptó que no le llama la atención tomar decisiones que lo acerquen a situaciones en las que peligre su vida e integridad, reconoció que estar en el equipo le permite aprovechar su tiempo libre en aprendizajes positivos.
“Acá puedo conocer a muchas personas con las que no interactuaba antes. Además, cuando estoy aburrido en mi casa y no tengo qué hacer, vengo a constatar
cosas nuevas como tocar el bombardino”, refirió.
Aunque en un principio le costó ejecutar el instrumento, la emoción de aprender algo nuevo fue mayor. Su compromiso y disciplina le permitieron dominar el bombardino, instrumento cuyo acceso es privilegio para él y sus compañeros, ya que la UPCV lo proporciona gratuitamente.
“El principio de una banda comunitaria es guiar a los jóvenes en el bien y alejarlos de otros
caminos”, concluyó Michael, agradecido por la oportunidad y por saber que la convivencia con sus colegas se basa en el respeto y el compañerismo.
Un futuro que inspira
Con 58 jóvenes al son de la música, la banda comunitaria de la UPCV demuestra que el arte es una herramienta de prevención activa. La delegada Claudia Jolón destacó que el proyecto tiene previsto integrar, en diciembre, otro grupo en la colonia Maya, zona 18. Con detalles por definir, contemplan expandirse a la zona 6.
Contó que el elenco se ha presentado en diversos eventos y, próximamente, irán a Cobán, Alta Verapaz. “Cuando ellos se miran en redes son felices; creyeron que nunca saldrían, pero es la importancia de trabajar en equipo”, expresó, emocionada, Jolón.

El grupo está compuesto por 58 integrantes, quienes oscilan entre los 11 y los 18 años; cada uno es importante.

Claudia Jolón, de prevención comunitaria, informòa que organizan otras agrupaciones.

Diego Vallejo toca el redoblante para ser ejemplo de inclusión.











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