Mariona Gúmpert
Columnista de opinión y cultura en ABC y Vózpopuli
@MarionaGumpert
Risas como un oasis en mitad de la angustia que provocan su pormenorizado análisis del problema y las consecuencias del nihilismo, la destrucción de Dios y de la familia; de las piruetas intelectuales que acaban por convertir la libertad en la igualdad que equipara desde lo más bajo y que precisa de la esclavitud y brutalidad de muchos en manos de unos pocos.
Dostoievski llega a ironizar con la idea de que quizá lo más adecuado sería destruir al 90 por ciento de la población. ¿Qué pensaría si supiera que las políticas antinatalistas cobran cada vez más fuerza en Occidente? Si usted, querido lector, ha alcanzado este párrafo, puede que le parezca interesante este esbozo de Los demonios.
Sin embargo, es agosto. Lo más recomendable en términos de salud mental, lo más inteligente, es decantarse por una lectura ágil y entretenida. O no escoger ninguna.
Es aquí donde confieso que he tardado seis meses en acabar la novela. Podría excusarme diciendo que es un tocho de mil páginas.
Es aquí donde confieso que he tardado seis meses en acabar la novela. Podría excusarme diciendo que es un tocho de mil páginas. Que me dedico a leer y escribir, y así se vuelve complicado leer por gusto. Que tengo dos niños pequeños y una salud un tanto precaria.
Que la literatura rusa resulta inasible porque sus personajes pueden denominarse bajo tres formas completamente distintas. Pero lo cierto es que yo, como muchos, estoy enganchada a la dopamina fácil que generan las redes sociales, WhatsApp y HBO.
Si los filósofos modernos se equivocaron al tratar de resetear la sociedad desde cero, mi mal consiste en no saber resetear mi relación con las pantallas. Este verano llevaré a cabo mi propio experimento: desconexión total y absoluta, vuelta a lo analógico. En la próxima columna les contaré qué tal ha resultado.










