Librepensamiento

En la sociedad de la información y el conocimiento la mayoría de la población mundial tiene a mano diferentes medios que le permiten recibir y dar a conocer en tiempo real datos de todo tipo. Resalto la palabra porque este mar de “comunicación” ha ahogado la intelectualidad y la conciencia, es decir, los datos para construir información, que sea analizada y genere reacciones en función de nuevos conocimientos.

Se cree la mayoría de lo que se ve en redes sociales sin coherencia o consistencia, pero a conveniencia de la creación de opiniones que urgen ser expresadas para estar en la onda y achicar ilusoriamente soledades y exponer complejos.

Con frecuencia caen ídolos erigidos con base en estas herramientas tecnológicas, porque un desliz o mala intención en su utilización, evidenció su ilegitimidad.

Para salir airoso, o por lo menos, con un sentimiento de dignidad, del uso de estos instrumentos, conviene emplearlos para ejercer, más que la libertad de expresión, la libertad de pensamiento, entendida como la formulación de posiciones respecto de la verdad sobre la base de la lógica y el empirismo, y no sobre la autoridad, la tradición, la revelación o dogmas.

Así, cada persona construiría sus opiniones y certezas sobre un análisis imparcial de hechos y sería “más dueña” de sus propias decisiones, más independientemente de influencias e imposiciones, o de sesgos acomodaticios.

Surgió de las ideas que originaron movimientos como el Renacimiento, el Humanismo, la Reforma, la Ilustración y la Revolución Francesa. El término, desde la Ilustración define una actitud que confía en la razón para distinguir lo verdadero de lo falso. El librepensamiento es la base filosófica para el movimiento del Humanismo Secular.

Y aquí viene a cuento una de mis citas favoritas, atribuida a Galileo Galilei: “No me parece que sea necesario creer que el mismo Dios que nos ha dado nuestros sentidos, nuestra razón e inteligencia, haya deseado que abandonáramos su uso, dándonos por otros medios la información que podríamos obtener a través de ellas”.

Deberíamos centrarnos y comprometernos con ejercer el librepensamiento para erradicar conductas antisociales, como la exclusión, el racismo, la xenofobia y el sectarismo, y los sesgos cognitivos que las avivan, como los estereotipos y prejuicios.  Nuestra libertad de expresión se vería dignificada si tuviéramos palabras constructivas y comprensivas, tolerantes y dialógicas que decir cada día.

Eddie Fernández
Magister en Políticas Públicas, licenciado en Ciencias de la Comunicación, periodista profesional, diplomado por el Tecnológico de Monterrey en Periodismo para el Desarrollo.

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Magister en Políticas Públicas, licenciado en Ciencias de la Comunicación, periodista profesional, diplomado por el Tecnológico de Monterrey en Periodismo para el Desarrollo. Ver Biografía

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