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Depende de dónde venga

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La obediencia y el respeto a los más elementales principios de cortesía se inculcan y se vigorizan en el hogar y se proyectan a la sociedad.

Uno de los grandes problemas que aquejan a la sociedad es la falta de autoridad de los padres ante los hijos. El resultado lo podemos ver a diario y el efecto en todas las esferas y todos los niveles, como sucedió la semana pasada con el descubrimiento de un complejo deportivo en el interior de un penal y un dron, en abierto desafío a un sistema penal. que si no es por una requisa, no se hubiera enterado de la construcción, del ingreso de materiales y de los que dirigieron la obra y entraron el aparato.

No vamos a analizar si es buena o mala la construcción, si es legal o ilegal, si es correcto o incorrecto. Lo que deseamos enfocar es el respeto que debe guardarse a quien tiene la representación de la autoridad. La obediencia a los más elementales principios de cortesía que se inculcan y se vigorizan en el hogar, donde debe establecerse la base que fortalecerá la vida de los hijos a futuro.

El liderazgo de los padres en la familia debe surgir de la necesidad de una correcta dirección, de sabiduría en la enseñanza y en la disciplina en el cual debe prevalecer el respeto en la comunicación, la doble vía en el estímulo y en el amor.

Es mejor la relación por respeto y obediencia que por temor, para tener lazos de afinidad indestructibles que darán resultados de una mejor sociedad.

El valladar más grande en el esfuerzo de los padres por construir una mejor familia, y con ello contribuir a una mejor sociedad, es la falta de aprendizaje y ciertas características que fortalecerían su rol de autoridad. Deben aprender a mandar, aprender a decir sí, a decir no.

No digamos órdenes, llamémosles mandamientos que tienen que ser claros, específicos para que no se dificulte a los hijos el entenderlos y puedan cumplirlos. La Biblia dice “lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”, el refrán dice: “¿Quién con una luz se pierde?”. Para ello, hay que dedicar tiempo, que es vida, atención y amor, compartir espiritualidad.

Esa enseñanza permitirá que los hijos aprendan a obedecer y a honrar padre y madre, que tiene promesa de Dios con darles largura de vida; un reconocimiento ganado socialmente y un respeto y admiración con satisfacción de lo alcanzado y así tendremos una mejor Guatemala.

 


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