Juan Everardo Chuc Xum
Experto titular Grupo de Trabajo (Dadin) OEA
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En las primeras cuatro décadas del siglo XX, Guatemala seguía viviendo bajo dictaduras, autoritarismo y racismo generando descontento en la población en general.
La insatisfacción ciudadana culminó con la Revolución de 1944 al 1954, con los gobiernos de Juan José Arévalo Bermejo y Jacobo Árbenz Guzmán, que impulsaron transformaciones políticas y económicas en pro de nuestra querida Guatemala.
Hasta ahora no ha habido gobierno subsiguiente que haya superado la gesta revolucionaria de hace 81 años. Lástima la intervención gringa y la traición a la patria de grupúsculos de malos guatemaltecos que pusieron fin a la Revolución, que sin duda deja buena huella en la historia nacional.
Urge reconocer y promover la nación pluricultural e intercultural para bien común y el fortalecimiento democrático.
En el período revolucionario, la política de gobierno se centró de alguna manera en la dignidad humana y la democracia, por ejemplo: la derogación de la ley contra la vagancia, que obligaba a los campesinos e indígenas a demostrar trabajo en fincas o enfrentar la cárcel.
Sin embargo, la Revolución no superó el pensamiento colonial sobre la homogenización de la sociedad pluricultural, tesis que contribuyó a la creación del Instituto Indigenista Nacional, (IIN) por Acuerdo Gubernativo de 1945, y ratificado un año después por el Congreso de la República con el Decreto No. 269, que en su primer considerando dice: “Que es de urgente necesidad enfocar desde todo punto de vista el problema étnico que confronta el país en su constitución social, para incorporar al indígena a la cultura nacional, relevándolo de la situación de inferioridad en que se ha mantenido”.
Como se describe, el indígena inferior es el problema étnico, por lo que hay que incorporarlo a la “cultura nacional”. Ocho décadas después, el pensamiento colonial se mantiene, tal como se establece en la Constitución Política vigente, Art. 66 Protección a grupos étnicos, igual a paternalismo, otra manera de mantener el sistema opresor que se inició desde 1524 contra los Pueblos Indígenas.











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