RODRIGO ARRECHEA
Docente de Posgrados de Tecnologías de la Información y Ciberseguridad
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Los guatemaltecos idealizamos un gobierno tecnológico con drones entregando correspondencia, inteligencia artificial atendiendo a los ciudadanos en sus trámites y ciudadanos votando desde sus smartphones. Estas visiones futuristas, aunque inspiradoras, son el equivalente a “empezar la casa por el techo”. En nuestro camino hacia la modernización, Guatemala debe evitar la trampa “no tener los pies sobre la tierra”, que es el equivalente de buscar implementar herramientas tecnológicas sin una base sólida que las sustente. Después de todo, ¿de qué sirve un tuc-tuc con un motor de bicicleta?
La verdadera transformación no comienza con la inteligencia artificial o el blockchain, sino con algo mucho más práctico y entendible, pero infinitamente más poderoso: los datos. Antes de aspirar a un gobierno tecnológico, Guatemala debe desarrollar un gobierno de datos. Esta no es una simple discrepancia de palabras, representa la diferencia entre construir un país basado en modas e implementaciones en otras regiones, a desarrollar un proceso de madurez, capacitación e inclusión de todos los ciudadanos, cimientos que permitan adoptar nuevas tecnologías, adecuadas al entorno de un país que aun en la actualidad libra batallas en temas que muchos países ya superaron, como la desnutrición infantil.
Invertir en un gobierno de datos no es un gasto tecnológico; es la inversión más estratégica.
El Estado guatemalteco actualmente no sufre de una falta de datos, sufre de una esquizofrenia de datos, por falta de interoperabilidad gubernamental y de un ordenamiento de datos. El país cuenta con el Renap, el cual custodia celosamente una base de datos de ciudadanos, la SAT también cuenta con la propia, el Ministerio de Salud registra nacimientos y defunciones en un sistema paralelo y las Municipalidades manejan su propio padrón de vecinos. En la actualidad solo existe una iniciativa “ley de interoperabilidad del gobierno digital” presentada por el diputado Boris España, que bajo mi opinión como asesor tecnológico gubernamental, es un excelente inicio no solo de un gobierno con tecnología, sino una nación inteligente. Invertir en un gobierno de datos no es un gasto tecnológico, es la inversión más estratégica que podemos hacer para construir una Guatemala más eficiente, transparente y preparada para los desafíos del siglo XXI.











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