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COLUMNAS

La educación de la fe (II)

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Una educación cristocéntrica requiere un itinerario pedagógico, lo que implica que sea paulatino.

Finalmente, y recogiendo sugerencias de especialistas como Cesare Bissoli, cabe apuntar algunas implicaciones de esta centralidad de Cristo para la educación de la fe. Fijémonos primero en las cuestiones de contenido, y después en las de método, aunque no son del todo separables. El cristocentrismo de la fe cristiana es trinitario, puesto que Cristo no podría ser el centro sino en el marco de la acción salvadora de Dios uno y trino.

En una época de fragilidad en las formas tradicionales de transmisión de la fe, la atención al misterio total de Cristo y al encuentro personal con Él ayuda también a consolidar los fundamentos de la fe y a reforzar los cimientos de los valores humanos y el sentido de la vida. Lo vienen subrayando los papas y lo enseña el magisterio de la Iglesia de modo creciente, a partir del Concilio Vaticano II.

El misterio de Cristo no solo es criterio objetivo para la educación de la fe (como centro de los contenidos de la fe), sino también criterio interpretativo (es el centro que ilumina todos los demás misterios, verdades o aspectos de la fe, e incluso, es el centro del sentido de la historia y de todos los
acontecimientos).

Cristo es también el centro de la espiritualidad y de la formación de los educadores, formadores y catequistas, puesto que solo en la comunión personal con Cristo encuentran su luz y su fuerza: Él es el centro de su vida, de su reflexión y de la comunicación de la fe que comienza con el testimonio de su encuentro personal.

Como la catequesis tiene no solamente dimensiones teológicas, sino también antropológicas y didácticas, los educadores habrán de descubrir la centralidad de Cristo para iluminar aspectos del mensaje cristiano más difíciles de explicar en la actualidad (como algunos referentes a la escatología y a la moral), así como para detectar los destellos de belleza, verdad y bien que emiten los valores humanos nobles.

Desde el punto de vista del método, se ha destacado que el cristocentrismo en la educación de la fe puede tomar dos caminos: un camino ontológico (exponer la fe a la luz de la revelación de Cristo) o un camino fenoménico (exponer la fe a partir de la experiencia de Jesús mismo, y de ahí profundizar en el misterio de Dios y del hombre), este segundo más bíblico. En su conjunto, una educación cristocéntrica requiere un itinerario pedagógico, lo que implica que sea paulatino.

El Catecismo de la Iglesia católica ha subrayado esta centralidad de Cristo: “Leyendo el Catecismo de la Iglesia católica, podemos apreciar la admirable unidad del misterio de Dios y de su voluntad salvífica, así como el puesto central que ocupa Jesucristo, Hijo unigénito de Dios, enviado por el Padre, hecho hombre en el seno de la bienaventurada Virgen María, por obra del Espíritu Santo, para ser nuestro Salvador. Muerto y Resucitado, está siempre presente en su Iglesia, de manera especial en los sacramentos. Él es la verdadera fuente de la fe, el modelo del obrar cristiano y el Maestro de nuestra oración”.

Redacción DCA
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COLUMNAS

Día del Contador Público y Auditor: inspirando a la juventud

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Lourdes Barrios
[email protected]

En la celebración del Día del Contador Público y Auditor, se hace hincapié en la trayectoria y evolución de esta profesión a lo largo del tiempo. Desde sus inicios, los contadores públicos y auditores han desempeñado un papel fundamental en la gestión financiera, la transparencia y la responsabilidad fiscal, tanto en el sector privado como en el público, y su labor no solo se limita a la elaboración de informes financieros, sino que también abarca la detección y prevención de irregularidades, el diseño de sistemas de control interno y la asesoría para la toma de decisiones estratégicas.

Los contadores públicos y auditores son modelos de integridad y ética, que inspiran a la juventud a promover la transparencia y el buen gobierno.

Uno de los aspectos más destacados de esta conmemoración es la inspiración que los contadores públicos y auditores brindan a la juventud, ya que su compromiso con la integridad, la ética y la excelencia profesional sirve como ejemplo para aquellos que están considerando carreras en el ámbito financiero, contable o administrativo. La dedicación y el rigor con los que desempeñan sus funciones no solo impactan en la eficiencia de las organizaciones, sino que también contribuyen a fortalecer la confianza de la sociedad en las instituciones.

En el contexto actual, marcado por la transformación digital y la globalización de los mercados, los contadores públicos y auditores juegan un papel relevante, por su capacidad para adaptarse a los cambios tecnológicos, interpretar datos complejos y tomar decisiones informadas es fundamental para el éxito y la sostenibilidad de las empresas y entidades gubernamentales.

El Consejo Nacional de la Juventud (Conjuve) reconoce la importancia de esta profesión en la sociedad, y para motivar a la juventud a seguir su ejemplo de integridad, ética y excelencia en el ejercicio de sus responsabilidades profesionales.

Según datos del Instituto Guatemalteco de Contadores Públicos y Auditores, la demanda de profesionales en contabilidad y auditoría ha experimentado un crecimiento constante en los últimos años; especialmente en las finanzas, la industria y el comercio, lo que refleja la importancia estratégica de esta profesión en el desarrollo económico del país y ofrece oportunidades significativas para los jóvenes que desean ingresar a este campo laboral en Guatemala.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Dos visiones de la propiedad: Hume y Locke (VII)

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Pablo Paniagua Prieto

Investigador de Faro UDD

Para él, el trabajo personal en la transformación de la naturaleza en recursos es lo que crea un derecho legítimo de propiedad. Hume, por otro lado, argumenta que la propiedad es simplemente una mera convención social y legal, sin un fundamento natural o inherente a una deidad o a la naturaleza intrínseca del hombre. No ve el trabajo como la base de la propiedad como Locke o Marx, sino que más bien como una cuestión pragmática de acuerdo mutuo, evolución de las instituciones y de convención de legalidad.

En otro aspecto relevante, sobre la legitimidad y justificación, Locke justifica el derecho de propiedad como un derecho natural inherente a la humanidad. Considera que la propiedad privada es esencial para la preservación de la libertad y la prosperidad de los individuos y la sociedad. En la antípoda, Hume se basa en la convención y la utilidad pública (externalidades positivas) para justificar la propiedad. Ve la propiedad como un acuerdo social que beneficia a la sociedad en general y resuelve de manera inteligente los conflictos (la propiedad hace la pega), pero no la considera un derecho natural o inalienable en el sentido ético o moral estricto que le da Locke.

En relación con la desigualdad, Locke defiende la propiedad privada como un medio legítimo para que los individuos puedan acumular riqueza a través del trabajo y la mejora de la naturaleza. En su visión, esto puede llevar a desigualdades de propiedad. Aquí Hume es más pragmático y se centra en la utilidad pública. Su enfoque podría ser interpretado como menos preocupado por la desigualdad en sí misma, siempre que la propiedad sea útil para la sociedad en general.

Aquellos que trabajaron la tierra y la mejoraron consideran que tienen un derecho de propiedad legítimo sobre los alimentos y los recursos que produjeron. 

Reflexiones de cierre: tensar al máximo la teoría. A través de un ejercicio teórico, podemos pensar en un escenario imaginario en el que las visiones de John Locke y David Hume sobre el derecho de propiedad se tensan al máximo. Imaginemos una isla desierta en la que un grupo de personas naufraga y se establece. En esta isla, hay recursos naturales, como tierra fértil y árboles frutales. En poco tiempo, algunos individuos comienzan a trabajar arduamente, cultivando la tierra y plantando árboles. A través de su esfuerzo y trabajo, crean una gran cantidad de alimentos y riqueza.

Siguiendo la perspectiva de John Locke, aquellos que trabajaron la tierra y la mejoraron consideran que tienen un derecho de propiedad legítimo sobre los alimentos y los recursos que produjeron con su trabajo. Argumentan que su esfuerzo y labor les otorgan un derecho natural e inalienable sobre estos recursos, y están decididos a proteger su propiedad a toda costa.

Sin embargo, desde la perspectiva de David Hume, otros miembros de la comunidad argumentan que, dado que están en una situación de emergencia en una isla desierta, las reglas de propiedad de la sociedad deben basarse en la utilidad común o en la generación de externalidades positivas para la sociedad. Sostienen que, dadas las circunstancias de la isla, la propiedad debería ser compartida o utilizada de alguna forma para poder garantizar que todos tengan suficiente para sobrevivir. 

Argumentan que la propiedad privada basada en el trabajo individual es una convención social que no es relevante en este contexto extremo de escasez y de posible muerte por inanición. A medida que la tensión aumenta, surgen conflictos violentos entre aquellos que defienden su derecho “natural” de propiedad según Locke y aquellos que abogan por un tipo de distribución basada en la utilidad pública y en la minimización de conflicto según Hume.

Las disputas sobre quién tiene derecho a qué recursos y en qué cantidad, se pueden volver intensas en situaciones de alta escasez y de alta concentración de los recursos, y la comunidad se puede dividir en facciones opuestas que pueden descender rápidamente en un espiral de caos y violencia.

Colaborador DCA
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COLUMNAS

Universidad y mundo rural (II)

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Juan José Pons 

Catedrático de Geografía 

Está claro que, más allá de instituciones educativas y de investigación, las universidades son también motores de innovación e importantes agentes dinamizadores del desarrollo local y regional. Su potencial para contribuir al progreso sostenible de las comunidades rurales es muy grande, pero para aprovecharlo plenamente se hace necesario fortalecer el vínculo entre el mundo rural y las instituciones académicas.

Las comunidades locales pueden beneficiarse enormemente de la experiencia y los recursos de las universidades en diferentes áreas. 

En este sentido, las comunidades locales pueden beneficiarse enormemente de la experiencia y los recursos de las universidades en diferentes áreas. Por ejemplo, la investigación aplicada puede ayudar a abordar problemas específicos del mundo rural, como la gestión sostenible de los recursos naturales, el desarrollo agroganadero, la conservación del patrimonio cultural y otras muchas cuestiones. Las universidades pueden también colaborar con las comunidades rurales en el desarrollo de programas formativos mejor adaptados a sus perfiles y necesidades.

Además de estos ámbitos de cooperación, ya de por sí importantes, la colaboración entre el mundo rural y las universidades puede tener un impacto más profundo, involucrando a los estudiantes universitarios en proyectos desarrollados en el mundo rural. Se promueve así una mayor comprensión de las complejidades y desafíos a los que se enfrentan estas comunidades. Y esto, a su vez, puede llevar a un cambio cultural más amplio que valore y respalde la vida en el campo y la aportación de los espacios rurales al conjunto de la sociedad.

Ya desde hace unos años numerosas universidades españolas están comprometidas en esta tarea, bien a través del programa Campus Rural, que promueve el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, o bien bajo el impulso de gobiernos regionales, diputaciones provinciales u otros entes públicos y privados. 

            Continuará… 

Colaborador DCA
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