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OPINIÓN CULTURA

La decadente América de #30SecondsToMars

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La Leto-nation se alista para recibir a su “mesías” el próximo 9 de octubre en el Fórum Majadas, según se anunció en las redes sociales de los medios de comunicación nacionales. La “estirada en los precios” que provocó Maroon 5 con sus entradas de Q5 mil son valederos para que “Los de Marte” puedan cobrar un poco más de los Q2 mil como parte de su The Monolith Tour.

Dejé en el tintero que en abril pasado salió America, el quinto álbum de una banda que ahora es un dúo compuesto por los hermanos Leto. Esto, luego de que el guitarrista Tomo Milicevic anunciara hace poco más de un mes su partida del grupo.

Si escuchamos los últimos discos de la agrupación, es decir, This Is War; Love, Lust, Faith + Dreams y ahora America, muy poco hay de guitarra o rock. Lo que hay es una saturación abusiva del sintetizador y batería en loop, con la voz de Leto que se mueve entre la distorsión y el coro monosilábico.

Lejano es aquel disco 30 Seconds To Mars, allá por el 2003, cuando eran un cuarteto y la propuesta emo, aunque desagradable, tenía razón de ser. Después de 15 años no hablamos de evolución, es más confusión. La primera que salta es, ¿cómo es posible que teniendo un batería tan brutal como Shannon se escoja esconderlo? Digamos que en la que más participación tiene es en Dawn Will Rise, ¡la canción 8!

Arropado por la mercadotecnia, America ofrece poco. Es casi un error de la vida. Lo mismo que le sucedió a Chris Cornell con su producción de pop sintetizada Scream, que si bien no dañó fue una decisión tremendamente mala. Igual pasa con este álbum.

Si revisamos la letra hay poca prédica. Hay mucha frase fácil para levantar ovación, y nada más. Es gancho publicitario y luego coro del cantante de ojos azules. Algo así como que Leto pregunta: “¿Quieren Libertad?” y después toda la masa millennial grita en aprobación.

Probemos. Closer to the Edge es una de las mejores canciones de la banda, y tiene esta frase: “Can you imagine a time when the truth ran free? The Birth of a Sun, the Death of a Dream, Closer To The Edge”. (¿Puedes imaginar una época en la que la verdad fue libre? El nacimiento del Sol, la muerte de un sueño, más cerca del filo) Inocente sí, pero al menos tenía algo que te hacía meterte en el tema, además de una musicalización frenética y roquera. Ni se diga de Shannon, que va a mil por hora.

Regresando a America, es pretensioso. Presume de un futurismo que raya en un delirio posfiestero de la mejor factura europea. Suena a 30 Seconds to Mars de una manera artera, porque también podría sonar como el nuevo sabor del hip hop del Billboard fresoide.

La salida de Milicevic me confirma que la dirección que quiere explorar Leto es la que inició con Hurricane (This is War), a un nivel más amplio y sin cuestionamientos de integrantes que tocan la guitarra o batería. No se puede negar que 30 Seconds To Mars es una banda importante en los primeros 18 años del siglo XXI, pero con America estarán los que se dejen seducir por el concepto vacío y los que demos un paso atrás y volteemos la mirada.

Allan Martínez
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ARTES

Natassia Malthe

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Era una de las promesas del cine de acción de la década pasada, época en que se pronosticaba que se venía un bum en Hollywood, de producciones de superhéroes, peleas (a manotazos, cuchilladas y rayos láser), megaefectos especiales y acrobacias.

Me refiero a Natassia Malthe, actriz y modelo de descendencia noruego-malaya a quien conocí hace no menos de 10 años. Visitó Guatemala para presentar un anuncio action packed acerca de una smart-tv, y fui invitado a entrevistarla para promover el video comercial.

En la entrevista nos fue muy bien, y tuve la inmensa suerte de que antes de comenzar la sesión fotográfica hubo un desperfecto con la iluminación, el cual nos regaló 10 minutos para conversar sin la dinámica pregunta-respuesta, simplemente charlar.

Me comentó que entrenaba artes marciales y técnicas de pelea todos los días, y que estaba preparada para cualquier papel en un filme de acción. Me mostró sus moretones en las espinillas y rodillas, resultado del entrenamiento. También creía que sus rasgos interraciales le ayudarían a distinguirse de otras actrices en Los Ángeles.

Me confesó que, genuinamente, estaba emocionada de lo que le esperaba en su carrera. Ya había actuado en algunas películas (interpretó a Typhoid en Elektra, junto a Jennifer Garner) y su imagen ya había decorado la portada y algunas páginas de la revista Maxim. Recordemos que en esos tiempos posar para esa publicación hacía volar por los cielos la popularidad de las modelos.

Ese día estaba agripada, pero eso no impidió que diera entrevistas durante la mañana y tarde, y que participara en una cena meet&greet por la noche. Al final de esa cena volvimos a conversar durante unos segundos, y le dije: “Espero verte pronto en el cine con tu primer papel protagónico”. Ella solo sonrió, imagino que agradecida.

Pero ese momento nunca llegó; es más, ni siquiera la volví a ver en películas. Fue como si se hubiera desvanecido de la industria del cine. IMDB me informó durante años que todavía actuaba y participaba en algunas películas de acción, pero no eran las superproducciones o el sorprendente papel que esperábamos. Algo extraño había sucedido, inexplicable.

En 2017 encontré en una agencia internacional varias fotografías de ella, seria, triste, llorando. El pie de foto de esas imágenes me quebró. Resulta que ella es una de las tantas actrices que agredió sexualmente Harvey Weinstein, el famoso productor de cine que abusó de decenas de mujeres. A ella la atacó después de una entrega de premios Bafta. 

Todo esto vino a mi mente porque he estado buscando listas de mejores películas para ver en Netflix, y me he encontrado que, en estos ránquines, el 60 o 70 por ciento de los filmes fueron producidos por ese señor, Weinstein. Detrás de esa genialidad para producir cine había un temible monstruo, o un aterrador monstruo y un genio vivían juntos, pegados, unidos como siameses.

Haber conocido a Natassia fue un momento especial en mi carrera. Espero aún sea tiempo para verla en la pantalla grande, en esa película en la que será la protagonista y patee todos los traseros que se le antojen.

David Lepe
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ARTES

Cuando la radio nos inspiraba

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En estos momentos de aislamiento, en que la soledad es compartida y en la noche podemos mirar al cielo y contemplar las estrellas, recordé que hace unos 27 años Guatemala tuvo una crisis de energía eléctrica con recortes de luz. Aquella oscuridad se convirtió en una manera de descansar del país, de su ruido, su corrupción y de su gente tóxica, principalmente. 

Recuerdo que cuando éramos niños un amigo llegó a mi casa con una radio multibanda. Captar señales de otros países se convirtió en una manera de descubrir el mundo. En nuestra noche ocurría un mañana en otro lugar y un atardecer en otro. Esa sensación de cambiar de estación era como viajar a miles de kilómetros por hora, y escuchar la voz del locutor automáticamente nos convertía en ciudadanos de ese sitio.

Mi papá me contó que cuando las radios nacionales terminaban sus transmisiones, las señales potentes de otros países, como EE. UU., se podían escuchar en nuestros aparatos. Los partidos de beisbol, las noticias, especiales musicales de los años 40, 50 o 60 hacían el mundo más pequeño y manejable. Aquello de escuchar un programa por la radio era como pertenecer a una tribu secreta. La soledad podía ser constructiva. 

En los años 90, sobre todo, todos nos enamoramos de la Metroestéreo. Esa radio tenía una infinidad de programas con locutores con cierto criterio personal y político, y con muy buen gusto musical. Esa estación lideró por mucho tiempo el escenario nacional, y recuerdo espacios como La Moto de Otto, con la leyenda radial Otto Soberanis; Revolución rock, con Jorge Sierra y metal para romperte los tímpanos; y Huellas, con Carlos Anleu Samayoa, un programa con una nostalgia rocanrolera de 50 décadas. Es decir, era gente que quería compartir música con vos. En fin, todo aquello terminó de un día para otro por razones estúpidas. 

Me aburren los monopolios radiales porque sus locutores solo presentan y despiden una canción. Desde hace mucho que los monopolios definieron el formato musical y “el que gana la guerra escribe la historia”, dice el refrán, “con todo y faltas de ortografía”, digo yo. Se entró en una crisis que arruinó el medio. Locutores con personalidad y voz propia fueron marginados. Gente decente que amaba la radio y tenía una postura política frente a la injusticia social fue sometida o despedida. Hoy, pareciera que solo se trabaja para adolescentes acéfalos, y eso es lamentable.

La actualidad, en la que el tráfico te roba vida, sería un gran momento para que las estaciones de música contemporánea aprovecharan esas horas muertas para dar lo mejor de sus programaciones y descubrir nuevos artistas, nacionales y extranjeros. Es decir, romper sus formatos o mejorarlos, pero prefieren refugiarse en las mismas canciones de ayer, de hoy y siempre. No sabe uno si es el gusto musical del programador, o el director de la estación cree que solo 20 bandas existieron en la faz de la tierra, y solo hay que escuchar esos sencillos.

La cosa no mejora para el locutor, pues el formato desactualizado y comercial, con el que no se identifican, hace que se desanimen y se conformen. La crisis como la que atravesamos en la actualidad provoca el despido de algunos locutores talentosos y deja a otros que son insípidos. Es un círculo perverso que desanima y, sobre todo, nos aleja del medio. Continuará.

Allan Martínez
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ARTES

KALIMÁN CONTRA MARVEL

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A lo largo de su existencia, Kalimán, El Hombre Increíble, ha luchado contra vampiros, muertos vivientes y piratas espaciales, pero tal vez su enemigo más difícil haya sido un coloso de la vida real: Marvel Comics.

Siempre ha sido un personaje envuelto en misterio, pero dice una
leyenda que Kalimán es hijo adoptivo de un príncipe hindú, y que recorrió el mundo buscando aventura, hasta que llegó al Tíbet, donde aprendió a desarrollar su mente y su físico al máximo, con entrenamiento en múltiples artes marciales. Con los conocimientos adquiridos, ahora lucha contra la injusticia junto a su joven acompañante egipcio, Solin.

Kalimán viste un atuendo blanco, con una capa y un turbante con una K incrustada en una gema. En vez de usar armas, el héroe prefiere combatir el mal utilizando los múltiples poderes místicos que posee, como telepatía, telequinesis, levitación, viajes astrales, proyección de voz, y muchos más. Es un hombre de mucha cultura y personalidad magnética. Su temperamento es sereno, y raras veces pierde la calma.

Creado en México en 1963 por Rafael Cutberto Navarro y Modesto Vázquez González para un radiodrama de aventuras, Kalimán tuvo tan buena acogida que fue adaptado al cómic dos años después. Los primeros guiones estuvieron a cargo de Héctor González Dueñas y Clemente Uribe Ugarte.

Aunque las portadas del cómic siempre eran a todo color, las páginas interiores eran ilustradas en acuarela e impresas en color sepia, como se acostumbraba en los cómics mexicanos de entonces. La historieta fue un éxito total desde el inicio, y el primer número
tuvo un tiraje de 500 mil ejemplares. 

Fue tanta popularidad la que puso a Kalimán (o más bien a la empresa Promotora K) en la mira de uno de los titanes mundiales de las historietas, Marvel Comics. En 1974 esta editorial presentó una demanda por el uso de la frase “El Hombre Increíble” como parte del título de los cómics de Kalimán, pues Marvel contaba con los derechos del título Incredible Hulk desde 1962, un año antes que surgiera el programa radial de Kalimán y tres antes de que surgiera su cómic. La cosa se miraba grave. 

Otros hubieran cedido, pero los mexicanos entraron en el ruedo. El juicio duró meses, pero al final el veredicto determinó que aunque Marvel tenía los derechos del título desde antes, no lo había utilizado sino hasta 1968, por lo que Promotora K no podía ser acusada de plagio. Para más inri, ¡Marvel tuvo que pagarle a los mexicanos para poder usar el título! 

Después de esto, la historieta Kalimán El Hombre Increíble siguió publicándose por otros 17 años y llegó a alcanzar los mil 351 números. En 2016 se hizo una reedición del primer número de Kalimán, para celebrar los 50 años del cómic.  

Alejandro Alonzo
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